jueves, 16 de agosto de 2018

Mateo 18,21-35.19,1. PERDONAR



Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".
Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.
Palabra del Señor



Contrastes a propósito. Es casi imposible que pase una cosa así. Ni antes ni ahora. Aquel hombre debía 10.000 talentos. Un talento equivalía a ¡¡35 kg de oro!! Entonces el total eran 350 toneladas de oro… ni él con toda su familia, por muchísimas generaciones podría devolver todo ese dinero … en cambio, cuando salió a la calle le exigió al que le debía cien denarios, (el valor de cien días de trabajo, o sea que cada uno puede calcular de acuerdo a lo que gana),  el equivalente a ¿50, 60 grs? de oro…nada a comparación de aquello.  Entonces lo que importa es el contraste entre lo que perdona Dios y lo que a veces no somos capaces de perdonar nosotros, aunque ese “tan poco” sea tantísimo pues la ofensa es, era o será grande para nuestra vida.



Es una realidad, triste pero real, que nosotros nos ofendemos mutuamente. A veces son peleas de niños, o de adolescentes, pero cuanto más adulto se es, más significativos son los momentos dolorosos vividos: matrimonios , donde había amor que hoy hay odio, amigos que dejan de serlo, padres que abandonan a sus hijos, hijos que se  pelean con sus padres y hasta a veces los agreden, daños psíquicos y físicos hechos por gente en la que uno confiaba y destruyeron infancia o juventud, amigos que nos fallan… son experiencias que nos hacen daño generando muchas veces rencor, odio, sed de venganza y volvemos siempre a la ley famosa del talión: ojo por ojo diente por diente, o peor aún, queremos hacer más daño del que nos hicieron…


Todo eso produce heridas profundas, a la psiquis, al alma, incluso al cuerpo. El odio, enferma. La energía que ponemos en desear el mal, es energía negativa y nunca nos ayuda a mirar para adelante, siempre estamos mirando por el espejo retrovisor y eso a la larga nos hace estrellar contra lo que viene delante.


Por eso, hasta por una cuestión de amor a uno mismo, la solución es “perdonar” que viene a ser una opción de nuestra libertad, una elección consciente y voluntaria.


Lo primero será querer perdonar… querer, es comenzar  a sanar, es elegir el bien, es un paso sumamente importante, es decidirse a hacerlo…entonces querer perdonar, es elegir el bien y es el inicio de una sanación psicológica.

El segundo paso, será  poder perdonar…es el momento en que debemos hacer un arduo camino para poder recuperarnos del dolor producido. Para llegar a disolver los sentimientos de hostilidad, rechazo, aversión, de deseos vengativos, hace falta un largo y delicado proceso .nosotros, contamos con la inefable ayuda de nuestro padre Dios. Es el momento de reclamar, es decir pedir con insistencia, su ayuda, su gracia  del perdón. Porque a veces si Él no nos ayuda, es casi imposible., A pesar del pedido que nos hace de que perdonemos para ser perdonados, si Él no nos da una mano, el perdón será en la superficie nomas, pero quedará marcado en el subconsciente o en el inconsciente


Es pedirle que toque nuestras heridas, que sane nuestros pensamientos, que nos ayude, pues sin Él y sin su ayuda nos será mucho más difícil sanar. Esta es la gracia que tenemos nosotros y que debemos aprovechar bien, incluso para nuestro bien, pues hacemos mucho bien en perdonar las ofensas pero también  nos hacemos mucho bien sanando.
Ojalá que podamos hacer esos dos pasos, todos los días al acostarnos: querer y poder. Así lo rezamos cuando decimos: perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…

Buena jornada para todos.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Lucas 1,39-56. ASUNCIÓN DE MARÍA


¡¡¡Buen díaaa!!!


María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".
María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz".
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Palabra del Señor


Hoy es la fiesta de la Asunción de María a los cielos.


Nos situamos después de la muerte de María. Es la tradición mantenida en el tiempo, la que fue pasando de generación en generación, y la que afirmaba y afirma desde siempre que María fue asunta, es decir llevada al cielo.


Esta tradición nos cuenta que al tercer día, los Apóstoles, que velaban en torno al sepulcro oyeron una voz muy conocida, que repetía: "La paz sea con ustedes". Era Jesús, que venía a llevarse el cuerpo de su Madre… el Arcángel San Miguel lo arrebató del sepulcro, y, unido al alma para siempre, fue llevado a las alturas. En el sepulcro sólo quedan aromas de jazmines y azahares. En los aires una estela luminosa, que se extingue lentamente…
Palabras más, palabras menos esta leyenda iluminó en otros siglos la vida de los cristianos con muchísima claridad.

San Agustín dice que María  pasó por la muerte, pero no se quedó en ella. Los Orientales gustan de llamarla Dormición con ánimo de afirmar la diferencia. 


Recién el 1 de noviembre de 1950, cuando el papa Pío XII, después de escuchar esa tradición traída de generación en generación, dijo: : "Proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial” , es el dogma, es lo que creemos…María fue elevada al cielo.

 Ella, nos trae a Jesús  como hizo con su prima Isabel. Nos visita y también nosotros podremos decir:

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?

Y nos queda entonar, por la ternura y fortaleza que nos trae y nos inspira:

Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!


La mayor bienaventuranza que la mujer podría tener, la más esperada a  lo largo de los siglos pues se le dio la bienaventuranza de ser la madre de Jesús, la madre del Hijo de Dios. Aunque una bienaventuranza que también le atravesaría el corazón un día, cuando ese hijo querido, maravilloso y amado, estuviera suspendido frente suyo en una cruz, con llagas en todo su cuerpo, con la gente insultándolo e insultándole por ser la madre del reo de muerte


Y ella canta y su canto es afirmar lo de Dios en su vida y en la vida del mundo.

Ella canta a la  revolución del amor de Dios:

Disperso a los soberbios de corazón, nos esfumó el orgullo, nos hizo ver en un espejo frente a Dios, ante quien debemos doblar nuestras rodillas. En la revolución moral, del orden.

Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Es la revolución social, donde no hay superiores o inferiores, no hay ciudadanos de primera y de segunda…somos todos iguales ante los ojos de Dios, tenemos la misma dignidad, no hay diferencias delante del Señor. Él ve el corazón del rico y del pobre, ama a todos.

Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.  Es la revolución económica en el amor de Dios. Los bienes de la tierra son de todos y es de todos hacer que eso llegue con más equidad a todos, sin acaparar algunos, sin morir de hambre otros.

A ella hoy le decimos Bendita Madre de Dios, bendita desde siempre, bendita y hermosa para siempre. En ti confiamos y creemos que cuando falte el vino, estarás  para decir a tu hijo: hijo, les falta el vino de la alegría, de la paz, del amor, de la serenidad y nos dirás a nosotros: hagan lo que les pide mi hijo.

Gracias Madre, porque desde el cielo, te llegas a la tierra para alentarnos siempre, para mimarnos, para hacernos sentir tu amor, el mismo amor  a los hermanos de tu hijo que a tu hijo mismo.

Feliz día de la Asunción de María. Dios bendiga nuestro día

martes, 14 de agosto de 2018

Mateo 18,1-5.10.12-14. COMO UN NIÑO JUNTO AL PASTOR




En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: "¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?".
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos
y dijo: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos.
El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.
Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial."
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió?
Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron.
De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños."

Palabra del Señor



¡Cuántas cosas nos enseña este tramo del evangelio acerca del amor!

Amor que se hace ternura en el abrazo de Jesús a un niño, y ponerlo como ejemplo de cómo deberíamos ser para poder aspirar a la vida eterna.


Su humildad, el estado de dependencia hacia sus padres, la confianza absoluta que tiene en sus papás…


la humildad, eso de no querer sobresalir, de no ser orgulloso, de no ser engreído (hasta que los adultos los transformamos para mal), es un comportamiento que nos enseña el trato para con nuestros hermanos.


La dependencia, y la confianza, nos enseña en nuestro trato con Dios, a sabernos sostenidos por su amor, que nos ama, nos protege…



Por esa esta parábola de la oveja perdida, nos vuelve a hablar del amor de Dios.


Un amor individual, personal.
No bastaban las noventa y nueve que estaban juntas y con el pastor. Dios, parece no sentirse tranquilo hasta que el último de los hijos retorne al hogar. Sabe nuestro nombre, sabe nuestro camino, sabe que muchas veces por escuchar voces de pastores diferentes, o por mirar mucho abajo, a la tierra, nos hemos alejados del conjunto que vive con ese pastor bueno. No es un trato colectivo, que podría significar la palabra redil, ya vemos que se puso mal por esa que faltaba, su corazón se le estrujó.



Es paciente:
 a pesar de los llamados, de los pedidos para que no salga de la mirada del pastor, a pesar de todo, la oveja se va. Culpablemente se va, no puede echar culpas en nadie más que en ella misma, por abandonar lo que tenía como familia. Sin embargo, como lo vemos en tantas parábolas, el pastor no dice para sus adentros: ¿se fue? Que no vuelva más, todo lo que le pase es por su culpa y otras frases que solemos decir nosotros como ese famoso “yo te lo dije, ahora te jodes” … el pastor bueno, nuestro Dios bendito, tiene paciencia, ama a todos, y lo que es mejor…


… Busca , es un amor que busca…
fue a buscar a la oveja perdida, sufrió las mismas raspaduras que ella con los espinos, piedras, sufrió el mismo miedo por las alturas a superar. Fue a buscarla, y hasta que no la encontró, no se quedó tranquilo. Dios nos busca, a pesar de nuestra tozudez, nos busca, nos manda mensajes, nos “tira centros”, como decimos los futboleros, pasan cosas en nuestra vida que no sabemos bien por que y nos hablan de esa búsqueda que hace Dios, que , con paciencia, trama toda una red para que podamos volver, y cuando nos encuentra, no nos lleva dando saltitos enojado, sino que nos carga sobre sus hombros, para que no nos pase más nada en el camino de vuelta… ¡qué grande es Dios!

Y es un amor que se regocija,
que festeja, que se alegra tanto con la vuelta a casa de cada uno, que supera el daño que esa persona puede hacer al irse… un amor que festeja cada vuelta a casa de cada uno. Nosotros somos muchas veces esas ovejas que por no escuchar la voz de nuestro pastor, nos alejamos. O por mirar mucho la tierra donde picoteamos solo lo de aquí, sin levantar la vista al cielo… nosotros somos los que culpable o inculpablemente nos metemos en lugares no convenientes. ¿Y Él? pacientemente, nos busca, y nos trae para rodearnos de amor y protección.


Buena Jornada para todos. Mucho para aprender  del niño, mucho para meditar de la oveja, mucho para agradecer por el pastor que amablemente nos busca, nos encuentra y nos trae de nuevo.

lunes, 13 de agosto de 2018

Mateo 17,22-27. EL IMPUESTO DEL TEMPLO





Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres:
lo matarán y al tercer día resucitará". Y ellos quedaron muy apenados.
Al llegar a Cafarnaún, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: "¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?".
"Sí, lo paga", respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: "¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?".
Y como Pedro respondió: "De los extraños", Jesús le dijo: "Eso quiere decir que los hijos están exentos.
Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti".

Palabra del Señor



El templo de Jerusalén tenía muchos y grandes gastos, que ellos mismos, en otro momento se comprometieron, y comprometieron a todas las generaciones venideras, a pagar un impuesto que sirviera para mantener y sostener el culto.

Había separación de estado y templo, pero cada varón judío de más de 20 años debía pagar el impuesto anual  del templo que era de medio siclo, o más o menos dos días de trabajo de un obrero. Era en marzo y alcanzaba para todo el año. Había conciencia de mantener, conservar, sostener el culto.
Es para pensarlo ¿verdad? ¿Cuánto hacemos nosotros hoy para sostener nuestro culto?  A veces somos cristianos, somos católicos, hasta que nos tocan el bolsillo y somos pocos generosos en dar para sostener lo que creemos. Los cirios, los manteles, la energía eléctrica, el agua, secretaría, todo son gastos que  cuestan pagar.



Pero volvamos a nuestra lectura diaria. Esa escena en casa, ese dialogo con Pedro, esa recomendación que le da. Que vaya y al primer pez que saque,  le abra la boca y en él encontrará el dinero suficiente para  pagar el impuesto.  Suena al menos, raro.


Jesús nunca hizo un milagro para su propio fin. Lo pudo hacer cuando aquel demonio le decía en el desierto que convierta las piedras en pan para poder alimentarse. Y no lo hizo. Podría haber usado aquel milagro de la multiplicación de los panes para hacerse de fama y gloria e instaurar un nuevo reino triunfante, pero no lo hizo. Jamás lo hizo, tampoco ahora en ese requerimiento de impuestos.


Jesús, no realiza ningún milagro para hacer lo que podemos hacer nosotros. No estaba fuera de las posibilidades de sus discípulos conseguir ese dinero que les faltaba para pagar el impuesto. Si Dios resolviera todos nuestros problemas con un milagro, nos perjudicaría más que ayudarnos.


¡Qué fácil sería para nosotros los que creemos, estar bien con la vida, con las deudas al día, cuotas sin vencer, la cuota del colegio de los chicos, todo pago, con solo descubrir cual es el pez donde deberíamos ir a buscar el dinero! Pero no. El sudor siempre ha sido y debería serlo, el precio de todas las cosas… antes y ahora. No hay vida fácil. El único trabajo que se comienza desde arriba, es el del sepulturero, leía por ahí. Dios nos da todo para poder resolver nuestros problemas, pero no anda a cada rato haciendo milagros para hacer lo que debemos nosotros.


Entonces ¿Qué significa el relato? Había una forma oriental de decir las cosas. A Pedro lo mandó a buscar un pez. No lo mandó a un campo de trigo…porque Pedro era pescador. O sea, le dijo palabras más, palabras menos, ve al lago, pesca lo que necesitas para conseguir el dinero. Si, con lo tuyo, con tu trabajo, con tu esfuerzo. Quizás si Pedro hubiese sido agricultor le decía que vaya a un campo y que iba a encontrar un tesoro entre las malezas que debía sacar para sembrar trigo. Hoy nos dice: con tu trabajo en la oficina vas a conseguir un pantalón necesario, una camisa adecuada. Con tu profesión honrada, vas a conseguir tu vivienda, tu progreso y el de tu familia. Yo te ayudo pero lo podes conseguir vos. Con tu esfuerzo, con tu trabajo, con eso de levantarse temprano todos los días, con eso de volver tarde a casa, esos sacrificios honrados y sinceros, nos permitirán pagar, sostener, vivir, progresar.

Buena jornada para todos

sábado, 11 de agosto de 2018

Mateo 17,14-20. JESÚS CURA A UN EPILÉPTICO




Cuando se reunieron con la multitud, se le acercó un hombre y, cayendo de rodillas,
le dijo: "Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua.
Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar".
Jesús respondió: "¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí".
Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado.
Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: "¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?".
"Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: 'Trasládate de aquí a allá', y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes".
Palabra del Señor


Esto sucedió cuando Jesús, bajó desde la montaña donde se transfiguró. Había estado en la Gloria. Ahora de nuevo en la tierra, en la necesidad, en el dolor. Y lo escucha, y lo ayuda.

Quizás nos parecemos más al Señor cuando ninguno de nuestros hermanos es una molestia.

Es relativamente sencillo ser cristiano en el momento de la oración, de la meditación, de encuentro con otros que piensan parecido, es fácil sentirse cristianos cuando la realidad del común de los hermanos no nos atraviesa, o estamos de espaldas al mundo.
Es fácil ser cristianos cuando estamos en un tuper rodeados de buena gente.

Pero la realidad es otra, la gente tiene problemas, como nosotros lo tenemos. La gente sufre angustias, se pone triste, llora como también ríe. Disfruta, como también sufre. Jesús bajando de la gloria, se arremangó y siguió trabajando por su gente. Y no lo hizo como parte de un show. Lo hizo porque amaba y ama a todos, y nos pide que hagamos lo mismo. Algunos sacerdotes dicen al final de la Misa: vamos en paz, ahora comienza una misa de toda una semana… es la bajada del monte para cada uno, es imitar al Señor en cada rincón donde vivimos.



Le había llevado a su hijo a los discípulos mientras Jesús estaba en el monte con Pedro, Santiago y Juan, y estos no pudieron hacer nada con la enfermedad. Sin embargo , el padre del chico, no bajó los brazos y debe haber sentido un gozo grande cuando vio a Jesús. Sabía que los discípulos eran representantes de Jesús, pero no eran Jesús. Sabía del poder de Jesús transferido a sus muchachos, pero el poder era de Jesús.


Hay muchos que se van de la Iglesia, de las cosas de Dios, porque algún “discípulo” les falló. Hay muchos que ponen tantas esperanzas en hombres y mujeres, que fallan, que dejan de dar testimonio, y por eso abandonan.
La mirada debe estar puesta en Jesús.
Él, nunca falla, los demás , fallamos. Si ponemos TODA  nuestra confianza en hombres, sean quienes sean, desde el sacerdote de la parroquia, pasando por los animadores de grupos, de movimientos, pasando por personas de bien, por esa buena gente que nos rodea, y llegando hasta aquel por el cual luchamos y entregamos nuestra vida, y nos falla. La mirada debe estar puesta en Jesús. Así no habrá desaliento, no habrá desilusión, amaremos con ese amor de ágape, que ama a todos sin importar lo que el otro me devuelva.


Eso aumenta nuestra fe. Aumenta nuestra pasión por las cosas del Señor. Si tenemos fe, todas las dificultades  pueden resolverse y cumplir hasta lo más difícil. La fe en Dios es el instrumento que nos permite eliminar las colinas de dificultades que bloquean el camino. No andaremos corriendo montañas de aquí para allá, pero hay hasta montañas que podremos atravesar “correr”, para llegar a destino, para ayudar, para sanar. A veces, nos gana el desaliento. Es bueno tener la voluntad al menos de decir: CREO SEÑOR, PERO AUMENTA MI FE.

Buena  jornada para todos.

viernes, 10 de agosto de 2018

Juan 12,24-26. DAR LA VIDA PARA GANARLA





Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.

Palabra del Señor



Por medio de la muerte, viene la vida. Es difícil entenderlo, más para nosotros que siempre estamos aferrados a la vida. Pero si vemos el grano de trigo, seguro y feliz, en un estante, o en una mesa de esas que se adornan con grano, decimos: no es aquí donde debe estar. Debe estar en la tierra , y ahí es cuando comienza el proceso de dar frutos.

Hoy celebramos a san Lorenzo Mártir. Fue su muerte, y la de todos los mártires, lo que hizo que la Iglesia creciera: la sangre de los mártires, es la semilla de la Iglesia.

San Lorenzo fue uno de los siete  diáconos  que en, Roma, se encargaba de ayudar a los pobres y necesitados. 
Cuando  estalló una persecución , el Papa San Sixto fue condenado a muerte. Mientras era llevado a la ejecución, Lorenzo lo siguió llorando, "Padre, ¿a dónde vas sin tu diácono?" él dijo. "No te voy a dejar, hijo mío", respondió el Papa. ." 
 Lorenzo, entonces,  les dio a los pobres el resto del dinero que tenía a mano e incluso vendió buques costosos para tener más que regalar.


El prefecto de Roma, un pagano codicioso, pensó que la Iglesia tenía una gran fortuna escondida. Así que ordenó a Lorenzo traerle el tesoro de la Iglesia. El Santo dijo que lo haría, en tres días. Luego recorrió la ciudad y reunió a todas las personas pobres y enfermas apoyadas por la Iglesia. Cuando se los mostró al prefecto, dijo: "¡Este es el tesoro de la Iglesia!"


Con gran enojo, el prefecto condenó a Lorenzo a una muerte lenta y cruel. 
El Santo estaba atado a una parrilla de hierro sobre un fuego lento que asaba su carne poco a poco. Lorenzo sentía un profundo amor por Dios, a pesar de aquello que estaba pasando. Incluso bromeaba  y le decía al juez:"Dame la vuelta",  "¡He terminado de este lado!" Y justo antes de morir, dijo: "Ya está cocido".

 Luego oró para que la ciudad de  Roma  se convirtiera a  Jesús  y para que la fe católica  se extendiera por todo el mundo. Era un 10 de agosto como hoy.




En esa fuerza , en ese amor, en esa entrega, la Iglesia se sostiene. No lo hace en dinero, en propiedades, en oro o en plata. No lo hace en personas falibles que muchas veces se equivocan…lo hace en tantos mártires que entregaron y entregan su vida, que vivieron en carne propia esto del grano de trigo.



Pero al común de nosotros, no nos pasará lo de san Lorenzo. Si, debemos pensar que, como en toda empresa que realicemos,  estas viven, por la vida que uno deje en ella.

A veces, es solo cuando sepultamos nuestros intereses y ambiciones personales,  que comenzamos a serle útil a Dios para algo.
 Por la muerte a la ambición personal, se llega a estar disponible para Dios.

Muchas veces nos pasa, como ayer cuando leíamos lo que hizo Pedro de querer ponernos delante de Jesús e indicarle a él el camino: ve detrás Pedro, aquí el que va adelante soy yo, parece decirle el Señor, y decirnos a nosotros.
 Creemos que Jesús debe jugar el partido con nuestras reglas, con nuestro reglamento, y no pensamos que en esto, las reglas las pone otro, que sabe lo que hace y quiere y que quiere para nosotros un bien mucho más grande que el que nosotros mismos queremos…

tiempo de jugar el partido con las reglas de Jesús, para eso hay que escucharlo, pensar en cada momento: ¿Cómo harías esto tu Señor?...¿qué haría Cristo en mi lugar?

También nos dice el evangelio que la única manera de no perder la vida es darla…amamos en demasía nuestra vida , por dos motivos principales:
El egoísmo y el deseo de seguridad.


Un mensaje especial para aquellos que buscan seguridades, buscan “estar bien”, se convierten incluso como cristiano, en pequeños burgueses, del “así nomas”, es “suficiente lo que tenemos”  , no hace falta que venga más gente, esos hacen mucho lio, los jóvenes no vengan a molestar… :es preferible consumirse que enmohecerse, es preferible llegar al final de la vida con manos callosas y cuerpo cansado, que tener la cara tersa , pero el alma llena de telas de arañas por haber sido amarretes en dar.

«Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» dice el Papa Francisco, en Evangelii Gaudium.

Buena jornada para todos, sostenidos por la vida y entrega de san Lorenzo que entendió esto de dar la vida para ganarla.

jueves, 9 de agosto de 2018

Mateo 16,13-23. ¿QUIÉN DICEN QUE SOY?



Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".
Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".
"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".
Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá".
Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".

Palabra del Señor



Deseaba saber que pensaban de él. El tiempo de vida humana era corto ya, y estaba camino a Jerusalén a la entrega final. Quería saber si lo que había realizado hasta aquí, iba calando hondo en sus amigos, si realmente le entendían y si entendían el mensaje, si cuando él se fuera, había alguien que podía seguir con esto sin cambiar ni una coma, desde el fundamento de lo verdadero.


Comenzó preguntando que decía la gente. Y la gente lo ponía en un lugar superior, decir que era Juan bautista, una figura extraordinaria, o que era Elías que estaba llamado a ser el precursor del Mesías, al igual que Jeremías que presagiaba la venida del Mesías, era decir que Jesús era muy importante para la gente.


Pero después preguntó:
"¿Y ustedes, quién dicen que soy?".

Pedro , inspirado por el Espíritu, respondió. Hizo la gran confesión. Jesús supo que alguien, al menos uno, entendía.



Este pasaje del evangelio, siempre nos enseña que el descubrimiento de Jesús, tiene que ser un descubrimiento personal. Cuando Pilatos le preguntó si era él el rey de los judíos, Jesús le repreguntó: dices esto por ti mismo o te lo han dicho otros de mi?

Nuestro descubrimiento no debe ser de segunda mano. El cristianismo no consiste en saber acerca de Jesús, sino en conocer a Jesús. Jesús nos demanda una respuesta personal: ¿Quién soy yo para vos? Parece decirnos.



Cuando la respuesta es desde el Espíritu, Pedro y nosotros  no nos equivocamos. Cuando la respuesta viene de nuestras viseras, de nuestro sentimiento impulsivo, a veces no son tan convenientes.


Cuando Jesús comenzó a hablar de su muerte, de lo que le pasaría, de lo que debería enfrentar, Pedro lo llevó a un costado, le dijo que deje de hablar de eso, que jamás le pasaría , que Dios no lo permita, y otras cosas más. Jesús se enojó, como aquella vez en el desierto cuando se enfrentó al mal que le proponía darle facilidades a la gente, para que la gente le creyese…dales pan, dales show, como un pan y circo moderno, para que la gente le siga.


Le dice ve detrás de mi Satanás…Satanás es el adversario, el opuesto. Como que Pedro quería ponerse delante de Jesús (casi sin intención)  y Jesús le decía que lo siga él, así debía ser.

Así nos pasa cuando queremos ponernos delante de Jesús, que él haga nuestra voluntad, que él cumpla nuestros deseos, que él sea el servidor fiel a nuestros gustos y caprichos, que él siga mis palabras y consejos… lo que Jesús nos dice es : ve detrás de mí, yo soy el que marca el camino, si estás conmigo, seguime, no te vas a equivocar, pero yo voy adelante y vos me sigues.


Así en la vida nuestra de cada día, cuando alguien se acerca y nos dice que dejemos de seguir sueños, proyectos de vida, que quieren quitarnos la esperanza, cuando nos impiden ser felices, cuando quieren a toda costa que seamos protagonistas del guion escrito por ellos, molesta. Así a Jesús. Pedro quería que Jesús haga lo que él decía, y Jesús seguía adelante con su proyecto de vida, Pedro, un adversario a ese proyecto. Ve detrás, Pedro, que el que conduce la barca soy yo. Ve detrás joven, niño, adulto, deja que yo maneje la bicicleta de a dos, tu pedalea conmigo pero el que te lleva a destino soy yo.

Que nuestra respuesta surja desde del Espíritu. Él, quiere una respuesta personal, si es que queremos darla. Si estás leyendo esto es porque posiblemente tienes una respuesta personal para su pregunta: ¿quién soy yo para ti?.


Buena jornada para todos. A luchar en serio por las dos vidas. La lucha sigue, a cada punto de llegada le sigue un punto de partida. Ahora hay que demostrar que las dos vidas valen.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Mateo 15,21-28. LA MUJER CANANEA




Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio".
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos".
Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel".
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!".
Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros".
Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!".
Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada.
Palabra del señor

Esta quizás fue la única vez que salió del territorio judío. Por lo menos que leemos en el Evangelio. Buscaba un poco de paz, de tranquilidad. En Palestina no había sitio donde, o la gente, o las autoridades, lo acosaran, ya sea por necesidad o sea por una persecución política-religiosa.


Ahí estaba cuando esta mujer madre, comenzó a pedir por su hija. Los discípulos le pidieron a Jesús que haga algo pues los perseguía con sus gritos.  No era una reacción de compasión, sino deseaban librarse de ella lo más rápido posible. A veces nos sucede, de querer conceder algo a alguien para evitar la molestia actual o futura. No es el camino de compasión y misericordia que nos enseña Jesús siempre.

El diálogo es propio del tiempo y del lugar. Los cachorros eran los animales de las casas,  que tienen un trato especial distinto de los callejeros que deambulan por ahí. Jesús estaba hablando con la mujer en la manera que la mujer entendía, y ella entendía y hacía un contrapunto con Jesús, y el Maestro encontró en ella una fe muy grande.

Hay una fe que obtuvo bendición y eso es algo que debemos aprender e imitar.


Hay amor, un amor fuerte, amor de madre. Amor que no depende  de la religión o la educación. Hacía suyo el problema de su hija. Hay un hilo común en el mundo: es el amor, el amor une. El amor hace que salga al encuentro del extranjero, que grite, que implore, que acepte el silencio, el amor  que aceptó el reto de la conversación, el amor que vio la compasión del maestro. El amor de madre, que es siempre el reflejo del amor de Dios hacia los hijos. Quizás el más fuerte reflejo, quizás la forma más sencilla de explicar el amor de Dios a los hombres. Amor testarudo, jugado, apasionado, amor de espera, de dolor cuando hay dolor en los hijos, de alegría cuando un hijo sonríe.



Hay fe, fe que creció en el contacto con Jesús…primero a los gritos los perseguía. Al último se postro delante de él. Leemos el diálogo, suponemos la situación. No sabemos del cruce de miradas, aquella mujer seguramente se encontró con la mirada de Jesús. Ahí entendió todo, ahí confirmó su fe. Comenzó con eso de “hijo de David”, terminó diciéndole: Señor. Su fe creció en ese encuentro que ya era personal aunque estuviese rodeada de muchos. ¡si le diéramos la oportunidad a Jesús de encontrarnos!. Si tan solo nos acercáramos a Él, Él HACE EL RESTO… ejemplo podemos dar varios que hemos sido conmovidos por la mirada maravillosa de Jesús que mira, cuida, llama, pide compasión y misericordia, en tantos cristos de la calle, o de las casas, cristos que nos rodean todos los días y que imploran misericordia. Ver en ellos a Jesús es aumentar nuestra fe en Él.


Una fe perseverante, a pesar de lo que estaba pasando, de su dolor, de su hija enferma, era una fe que no se dejó vencer por el desaliento. No fue buscando en esa oración que hizo, una posibilidad ,más, como a veces hacen algunos que tienen amuletos, ritos, cábalas, van a curanderos, consultan cartas, se guían por el horóscopo y también…rezan…por las dudas . Ella fue a Jesús derramando el apasionado deseo de su alma, por su hija dolorida y enferma.

Tenemos mucho para aprender de ella. Un día de oración y reflexión en Argentina, pidamos con fe para que nuestros legisladores respeten las dos vidas, y que nosotros desde donde estemos nos juguemos siempre por esas dos vidas, no solo desde lo retorico, sino desde nuestras acciones, de nuestras compañía de nuestra lucha, de nuestro compromiso con los más vulnerables de la sociedad que son los por nacer.

Buena jornada para todos.

martes, 7 de agosto de 2018

Mateo 14,22-36 ¿POR QUÉ DUDASTE?





Después de la multiplicación de los panes, Jesús, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.

Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.

La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.

A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman.

Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua».

«Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.

Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame».

 En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios».

Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret.

Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos,
rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron curados.

Palabra del Señor



Cuando los discípulos se encontraron con una necesidad urgente, Jesús acudió en su ayuda, el viento les era contrario, la vida, una lucha a muerte, Jesús estaba allí para ayudarles.
Cuando parecía que la situación era irremediable, Jesús estaba ahí para ayudar, salvar, sanar. Él los vio cuando la barca, que ya estaba muy lejos de la costa, era sacudida por las olas, porque tenían viento en contra, dice el evangelio. Y fue, y acudió a ellos cuando el temor le estaba ganando a la esperanza.


En la vida tenemos que enfrentarnos a menudo a vientos en contra, a veces entre la espada y la pared, la vida es una lucha contra nosotros mismos,  con las circunstancias de cada momento, con las ocupaciones, con los pagos a realizar, con las ofensas de la gente que uno quiere. Nos tenemos que enfrentar a veces a opiniones de redes sociales, que nos producen dolor y hacen ver claramente esos vientos en contra, y nuestra pequeña barca se mueve de un lado a otro, y no avanza, y parece que la tempestad nos gana.

Nos enfrentamos con las tentaciones, con el dolor, con las decisiones de todo tipo, que debemos hacer, desde lo pequeño hasta lo grande, decisiones que muchas veces también sacuden nuestra vida. en estos casos, nadie tiene que pelear solo, Jesús nos ve, sabe de nuestra lucha y sabe que haremos todo lo posible, pero no estamos solos, debemos recordarlo siempre en lo pequeño y grande de nuestra vida.

Jesús acude a través de las tormentas de la vida para salvar y nos dice con su voz que no tengamos miedo. Este tramo del evangelio debe ser para nosotros un signo una señal, de lo que Él hace por los suyos cuando hay viento en contra y hay peligro que las tormentas de la vida nos ahoguen.

¿no son acaso esas tormentas las que sacuden nuestra barca, cuando buscan lastimar , torcer la voluntad, cuando ofenden, cuando lastiman con palabras al tratar de defender la vida desde la concepción?,¿ no son esas tormentas que pasamos cuando el dolor propio o de los más queridos, sacuden nuestra barca y hacen tambalear nuestra fe? … Jesús está ahí, y viene a nuestro encuentro, como lo hace siempre.



Y muchas veces somos como Pedro, impulsivos, decididos. Jesús nos dijo que debíamos calcular bien antes para no quedar a medias en lo que hacemos. Pedro, hizo la propuesta, el desafío:
«Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua».
 Y Jesús le dijo que fuera con él. Comenzó a caminar, y se asusto. Cuando dejó de mirarlo y  miró para abajo, vio que se hundía, sintió miedo. Y Jesús le tendió la mano, y lo ayudó

«Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».

Uh. ¡Qué pregunta! A Pedro y a nosotros. A vos y a mí. ¿Por qué dudamos? Pienso en Pedro, en medio de la oscuridad, con viento en contra, frío por el agua, mojado , sin ver casi nada, largarse a caminar en medio del agua y hundirse, como normalmente pasa, y a Jesús diciéndole: hombre de poca fe, si no hubieras dudado, hubieras caminado en el agua. Y pienso en situaciones que enfrentamos a diario, y parece que Jesús nos dice a nosotros: ¿Por qué dudamos?...

La cuestión que cuando Jesús subió a la barca, el viento amainó. Cuando Jesús está presente , la tormenta más salvaje se convierte en calma. ¡Qué bueno que es recordarlo!

Buena jornada para todos. Jesús nos mira, ve nuestro esfuerzo y siempre, siempre, siempre viene a nuestro encuentro a ayudarnos.