martes, 14 de agosto de 2018

Mateo 18,1-5.10.12-14. COMO UN NIÑO JUNTO AL PASTOR




En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: "¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?".
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos
y dijo: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos.
El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.
Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial."
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió?
Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron.
De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños."

Palabra del Señor



¡Cuántas cosas nos enseña este tramo del evangelio acerca del amor!

Amor que se hace ternura en el abrazo de Jesús a un niño, y ponerlo como ejemplo de cómo deberíamos ser para poder aspirar a la vida eterna.


Su humildad, el estado de dependencia hacia sus padres, la confianza absoluta que tiene en sus papás…


la humildad, eso de no querer sobresalir, de no ser orgulloso, de no ser engreído (hasta que los adultos los transformamos para mal), es un comportamiento que nos enseña el trato para con nuestros hermanos.


La dependencia, y la confianza, nos enseña en nuestro trato con Dios, a sabernos sostenidos por su amor, que nos ama, nos protege…



Por esa esta parábola de la oveja perdida, nos vuelve a hablar del amor de Dios.


Un amor individual, personal.
No bastaban las noventa y nueve que estaban juntas y con el pastor. Dios, parece no sentirse tranquilo hasta que el último de los hijos retorne al hogar. Sabe nuestro nombre, sabe nuestro camino, sabe que muchas veces por escuchar voces de pastores diferentes, o por mirar mucho abajo, a la tierra, nos hemos alejados del conjunto que vive con ese pastor bueno. No es un trato colectivo, que podría significar la palabra redil, ya vemos que se puso mal por esa que faltaba, su corazón se le estrujó.



Es paciente:
 a pesar de los llamados, de los pedidos para que no salga de la mirada del pastor, a pesar de todo, la oveja se va. Culpablemente se va, no puede echar culpas en nadie más que en ella misma, por abandonar lo que tenía como familia. Sin embargo, como lo vemos en tantas parábolas, el pastor no dice para sus adentros: ¿se fue? Que no vuelva más, todo lo que le pase es por su culpa y otras frases que solemos decir nosotros como ese famoso “yo te lo dije, ahora te jodes” … el pastor bueno, nuestro Dios bendito, tiene paciencia, ama a todos, y lo que es mejor…


… Busca , es un amor que busca…
fue a buscar a la oveja perdida, sufrió las mismas raspaduras que ella con los espinos, piedras, sufrió el mismo miedo por las alturas a superar. Fue a buscarla, y hasta que no la encontró, no se quedó tranquilo. Dios nos busca, a pesar de nuestra tozudez, nos busca, nos manda mensajes, nos “tira centros”, como decimos los futboleros, pasan cosas en nuestra vida que no sabemos bien por que y nos hablan de esa búsqueda que hace Dios, que , con paciencia, trama toda una red para que podamos volver, y cuando nos encuentra, no nos lleva dando saltitos enojado, sino que nos carga sobre sus hombros, para que no nos pase más nada en el camino de vuelta… ¡qué grande es Dios!

Y es un amor que se regocija,
que festeja, que se alegra tanto con la vuelta a casa de cada uno, que supera el daño que esa persona puede hacer al irse… un amor que festeja cada vuelta a casa de cada uno. Nosotros somos muchas veces esas ovejas que por no escuchar la voz de nuestro pastor, nos alejamos. O por mirar mucho la tierra donde picoteamos solo lo de aquí, sin levantar la vista al cielo… nosotros somos los que culpable o inculpablemente nos metemos en lugares no convenientes. ¿Y Él? pacientemente, nos busca, y nos trae para rodearnos de amor y protección.


Buena Jornada para todos. Mucho para aprender  del niño, mucho para meditar de la oveja, mucho para agradecer por el pastor que amablemente nos busca, nos encuentra y nos trae de nuevo.

lunes, 13 de agosto de 2018

Mateo 17,22-27. EL IMPUESTO DEL TEMPLO





Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres:
lo matarán y al tercer día resucitará". Y ellos quedaron muy apenados.
Al llegar a Cafarnaún, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: "¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?".
"Sí, lo paga", respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: "¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?".
Y como Pedro respondió: "De los extraños", Jesús le dijo: "Eso quiere decir que los hijos están exentos.
Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti".

Palabra del Señor



El templo de Jerusalén tenía muchos y grandes gastos, que ellos mismos, en otro momento se comprometieron, y comprometieron a todas las generaciones venideras, a pagar un impuesto que sirviera para mantener y sostener el culto.

Había separación de estado y templo, pero cada varón judío de más de 20 años debía pagar el impuesto anual  del templo que era de medio siclo, o más o menos dos días de trabajo de un obrero. Era en marzo y alcanzaba para todo el año. Había conciencia de mantener, conservar, sostener el culto.
Es para pensarlo ¿verdad? ¿Cuánto hacemos nosotros hoy para sostener nuestro culto?  A veces somos cristianos, somos católicos, hasta que nos tocan el bolsillo y somos pocos generosos en dar para sostener lo que creemos. Los cirios, los manteles, la energía eléctrica, el agua, secretaría, todo son gastos que  cuestan pagar.



Pero volvamos a nuestra lectura diaria. Esa escena en casa, ese dialogo con Pedro, esa recomendación que le da. Que vaya y al primer pez que saque,  le abra la boca y en él encontrará el dinero suficiente para  pagar el impuesto.  Suena al menos, raro.


Jesús nunca hizo un milagro para su propio fin. Lo pudo hacer cuando aquel demonio le decía en el desierto que convierta las piedras en pan para poder alimentarse. Y no lo hizo. Podría haber usado aquel milagro de la multiplicación de los panes para hacerse de fama y gloria e instaurar un nuevo reino triunfante, pero no lo hizo. Jamás lo hizo, tampoco ahora en ese requerimiento de impuestos.


Jesús, no realiza ningún milagro para hacer lo que podemos hacer nosotros. No estaba fuera de las posibilidades de sus discípulos conseguir ese dinero que les faltaba para pagar el impuesto. Si Dios resolviera todos nuestros problemas con un milagro, nos perjudicaría más que ayudarnos.


¡Qué fácil sería para nosotros los que creemos, estar bien con la vida, con las deudas al día, cuotas sin vencer, la cuota del colegio de los chicos, todo pago, con solo descubrir cual es el pez donde deberíamos ir a buscar el dinero! Pero no. El sudor siempre ha sido y debería serlo, el precio de todas las cosas… antes y ahora. No hay vida fácil. El único trabajo que se comienza desde arriba, es el del sepulturero, leía por ahí. Dios nos da todo para poder resolver nuestros problemas, pero no anda a cada rato haciendo milagros para hacer lo que debemos nosotros.


Entonces ¿Qué significa el relato? Había una forma oriental de decir las cosas. A Pedro lo mandó a buscar un pez. No lo mandó a un campo de trigo…porque Pedro era pescador. O sea, le dijo palabras más, palabras menos, ve al lago, pesca lo que necesitas para conseguir el dinero. Si, con lo tuyo, con tu trabajo, con tu esfuerzo. Quizás si Pedro hubiese sido agricultor le decía que vaya a un campo y que iba a encontrar un tesoro entre las malezas que debía sacar para sembrar trigo. Hoy nos dice: con tu trabajo en la oficina vas a conseguir un pantalón necesario, una camisa adecuada. Con tu profesión honrada, vas a conseguir tu vivienda, tu progreso y el de tu familia. Yo te ayudo pero lo podes conseguir vos. Con tu esfuerzo, con tu trabajo, con eso de levantarse temprano todos los días, con eso de volver tarde a casa, esos sacrificios honrados y sinceros, nos permitirán pagar, sostener, vivir, progresar.

Buena jornada para todos

sábado, 11 de agosto de 2018

Mateo 17,14-20. JESÚS CURA A UN EPILÉPTICO




Cuando se reunieron con la multitud, se le acercó un hombre y, cayendo de rodillas,
le dijo: "Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua.
Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar".
Jesús respondió: "¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí".
Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado.
Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: "¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?".
"Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: 'Trasládate de aquí a allá', y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes".
Palabra del Señor


Esto sucedió cuando Jesús, bajó desde la montaña donde se transfiguró. Había estado en la Gloria. Ahora de nuevo en la tierra, en la necesidad, en el dolor. Y lo escucha, y lo ayuda.

Quizás nos parecemos más al Señor cuando ninguno de nuestros hermanos es una molestia.

Es relativamente sencillo ser cristiano en el momento de la oración, de la meditación, de encuentro con otros que piensan parecido, es fácil sentirse cristianos cuando la realidad del común de los hermanos no nos atraviesa, o estamos de espaldas al mundo.
Es fácil ser cristianos cuando estamos en un tuper rodeados de buena gente.

Pero la realidad es otra, la gente tiene problemas, como nosotros lo tenemos. La gente sufre angustias, se pone triste, llora como también ríe. Disfruta, como también sufre. Jesús bajando de la gloria, se arremangó y siguió trabajando por su gente. Y no lo hizo como parte de un show. Lo hizo porque amaba y ama a todos, y nos pide que hagamos lo mismo. Algunos sacerdotes dicen al final de la Misa: vamos en paz, ahora comienza una misa de toda una semana… es la bajada del monte para cada uno, es imitar al Señor en cada rincón donde vivimos.



Le había llevado a su hijo a los discípulos mientras Jesús estaba en el monte con Pedro, Santiago y Juan, y estos no pudieron hacer nada con la enfermedad. Sin embargo , el padre del chico, no bajó los brazos y debe haber sentido un gozo grande cuando vio a Jesús. Sabía que los discípulos eran representantes de Jesús, pero no eran Jesús. Sabía del poder de Jesús transferido a sus muchachos, pero el poder era de Jesús.


Hay muchos que se van de la Iglesia, de las cosas de Dios, porque algún “discípulo” les falló. Hay muchos que ponen tantas esperanzas en hombres y mujeres, que fallan, que dejan de dar testimonio, y por eso abandonan.
La mirada debe estar puesta en Jesús.
Él, nunca falla, los demás , fallamos. Si ponemos TODA  nuestra confianza en hombres, sean quienes sean, desde el sacerdote de la parroquia, pasando por los animadores de grupos, de movimientos, pasando por personas de bien, por esa buena gente que nos rodea, y llegando hasta aquel por el cual luchamos y entregamos nuestra vida, y nos falla. La mirada debe estar puesta en Jesús. Así no habrá desaliento, no habrá desilusión, amaremos con ese amor de ágape, que ama a todos sin importar lo que el otro me devuelva.


Eso aumenta nuestra fe. Aumenta nuestra pasión por las cosas del Señor. Si tenemos fe, todas las dificultades  pueden resolverse y cumplir hasta lo más difícil. La fe en Dios es el instrumento que nos permite eliminar las colinas de dificultades que bloquean el camino. No andaremos corriendo montañas de aquí para allá, pero hay hasta montañas que podremos atravesar “correr”, para llegar a destino, para ayudar, para sanar. A veces, nos gana el desaliento. Es bueno tener la voluntad al menos de decir: CREO SEÑOR, PERO AUMENTA MI FE.

Buena  jornada para todos.

viernes, 10 de agosto de 2018

Juan 12,24-26. DAR LA VIDA PARA GANARLA





Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.

Palabra del Señor



Por medio de la muerte, viene la vida. Es difícil entenderlo, más para nosotros que siempre estamos aferrados a la vida. Pero si vemos el grano de trigo, seguro y feliz, en un estante, o en una mesa de esas que se adornan con grano, decimos: no es aquí donde debe estar. Debe estar en la tierra , y ahí es cuando comienza el proceso de dar frutos.

Hoy celebramos a san Lorenzo Mártir. Fue su muerte, y la de todos los mártires, lo que hizo que la Iglesia creciera: la sangre de los mártires, es la semilla de la Iglesia.

San Lorenzo fue uno de los siete  diáconos  que en, Roma, se encargaba de ayudar a los pobres y necesitados. 
Cuando  estalló una persecución , el Papa San Sixto fue condenado a muerte. Mientras era llevado a la ejecución, Lorenzo lo siguió llorando, "Padre, ¿a dónde vas sin tu diácono?" él dijo. "No te voy a dejar, hijo mío", respondió el Papa. ." 
 Lorenzo, entonces,  les dio a los pobres el resto del dinero que tenía a mano e incluso vendió buques costosos para tener más que regalar.


El prefecto de Roma, un pagano codicioso, pensó que la Iglesia tenía una gran fortuna escondida. Así que ordenó a Lorenzo traerle el tesoro de la Iglesia. El Santo dijo que lo haría, en tres días. Luego recorrió la ciudad y reunió a todas las personas pobres y enfermas apoyadas por la Iglesia. Cuando se los mostró al prefecto, dijo: "¡Este es el tesoro de la Iglesia!"


Con gran enojo, el prefecto condenó a Lorenzo a una muerte lenta y cruel. 
El Santo estaba atado a una parrilla de hierro sobre un fuego lento que asaba su carne poco a poco. Lorenzo sentía un profundo amor por Dios, a pesar de aquello que estaba pasando. Incluso bromeaba  y le decía al juez:"Dame la vuelta",  "¡He terminado de este lado!" Y justo antes de morir, dijo: "Ya está cocido".

 Luego oró para que la ciudad de  Roma  se convirtiera a  Jesús  y para que la fe católica  se extendiera por todo el mundo. Era un 10 de agosto como hoy.




En esa fuerza , en ese amor, en esa entrega, la Iglesia se sostiene. No lo hace en dinero, en propiedades, en oro o en plata. No lo hace en personas falibles que muchas veces se equivocan…lo hace en tantos mártires que entregaron y entregan su vida, que vivieron en carne propia esto del grano de trigo.



Pero al común de nosotros, no nos pasará lo de san Lorenzo. Si, debemos pensar que, como en toda empresa que realicemos,  estas viven, por la vida que uno deje en ella.

A veces, es solo cuando sepultamos nuestros intereses y ambiciones personales,  que comenzamos a serle útil a Dios para algo.
 Por la muerte a la ambición personal, se llega a estar disponible para Dios.

Muchas veces nos pasa, como ayer cuando leíamos lo que hizo Pedro de querer ponernos delante de Jesús e indicarle a él el camino: ve detrás Pedro, aquí el que va adelante soy yo, parece decirle el Señor, y decirnos a nosotros.
 Creemos que Jesús debe jugar el partido con nuestras reglas, con nuestro reglamento, y no pensamos que en esto, las reglas las pone otro, que sabe lo que hace y quiere y que quiere para nosotros un bien mucho más grande que el que nosotros mismos queremos…

tiempo de jugar el partido con las reglas de Jesús, para eso hay que escucharlo, pensar en cada momento: ¿Cómo harías esto tu Señor?...¿qué haría Cristo en mi lugar?

También nos dice el evangelio que la única manera de no perder la vida es darla…amamos en demasía nuestra vida , por dos motivos principales:
El egoísmo y el deseo de seguridad.


Un mensaje especial para aquellos que buscan seguridades, buscan “estar bien”, se convierten incluso como cristiano, en pequeños burgueses, del “así nomas”, es “suficiente lo que tenemos”  , no hace falta que venga más gente, esos hacen mucho lio, los jóvenes no vengan a molestar… :es preferible consumirse que enmohecerse, es preferible llegar al final de la vida con manos callosas y cuerpo cansado, que tener la cara tersa , pero el alma llena de telas de arañas por haber sido amarretes en dar.

«Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» dice el Papa Francisco, en Evangelii Gaudium.

Buena jornada para todos, sostenidos por la vida y entrega de san Lorenzo que entendió esto de dar la vida para ganarla.

jueves, 9 de agosto de 2018

Mateo 16,13-23. ¿QUIÉN DICEN QUE SOY?



Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".
Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".
"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".
Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá".
Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".

Palabra del Señor



Deseaba saber que pensaban de él. El tiempo de vida humana era corto ya, y estaba camino a Jerusalén a la entrega final. Quería saber si lo que había realizado hasta aquí, iba calando hondo en sus amigos, si realmente le entendían y si entendían el mensaje, si cuando él se fuera, había alguien que podía seguir con esto sin cambiar ni una coma, desde el fundamento de lo verdadero.


Comenzó preguntando que decía la gente. Y la gente lo ponía en un lugar superior, decir que era Juan bautista, una figura extraordinaria, o que era Elías que estaba llamado a ser el precursor del Mesías, al igual que Jeremías que presagiaba la venida del Mesías, era decir que Jesús era muy importante para la gente.


Pero después preguntó:
"¿Y ustedes, quién dicen que soy?".

Pedro , inspirado por el Espíritu, respondió. Hizo la gran confesión. Jesús supo que alguien, al menos uno, entendía.



Este pasaje del evangelio, siempre nos enseña que el descubrimiento de Jesús, tiene que ser un descubrimiento personal. Cuando Pilatos le preguntó si era él el rey de los judíos, Jesús le repreguntó: dices esto por ti mismo o te lo han dicho otros de mi?

Nuestro descubrimiento no debe ser de segunda mano. El cristianismo no consiste en saber acerca de Jesús, sino en conocer a Jesús. Jesús nos demanda una respuesta personal: ¿Quién soy yo para vos? Parece decirnos.



Cuando la respuesta es desde el Espíritu, Pedro y nosotros  no nos equivocamos. Cuando la respuesta viene de nuestras viseras, de nuestro sentimiento impulsivo, a veces no son tan convenientes.


Cuando Jesús comenzó a hablar de su muerte, de lo que le pasaría, de lo que debería enfrentar, Pedro lo llevó a un costado, le dijo que deje de hablar de eso, que jamás le pasaría , que Dios no lo permita, y otras cosas más. Jesús se enojó, como aquella vez en el desierto cuando se enfrentó al mal que le proponía darle facilidades a la gente, para que la gente le creyese…dales pan, dales show, como un pan y circo moderno, para que la gente le siga.


Le dice ve detrás de mi Satanás…Satanás es el adversario, el opuesto. Como que Pedro quería ponerse delante de Jesús (casi sin intención)  y Jesús le decía que lo siga él, así debía ser.

Así nos pasa cuando queremos ponernos delante de Jesús, que él haga nuestra voluntad, que él cumpla nuestros deseos, que él sea el servidor fiel a nuestros gustos y caprichos, que él siga mis palabras y consejos… lo que Jesús nos dice es : ve detrás de mí, yo soy el que marca el camino, si estás conmigo, seguime, no te vas a equivocar, pero yo voy adelante y vos me sigues.


Así en la vida nuestra de cada día, cuando alguien se acerca y nos dice que dejemos de seguir sueños, proyectos de vida, que quieren quitarnos la esperanza, cuando nos impiden ser felices, cuando quieren a toda costa que seamos protagonistas del guion escrito por ellos, molesta. Así a Jesús. Pedro quería que Jesús haga lo que él decía, y Jesús seguía adelante con su proyecto de vida, Pedro, un adversario a ese proyecto. Ve detrás, Pedro, que el que conduce la barca soy yo. Ve detrás joven, niño, adulto, deja que yo maneje la bicicleta de a dos, tu pedalea conmigo pero el que te lleva a destino soy yo.

Que nuestra respuesta surja desde del Espíritu. Él, quiere una respuesta personal, si es que queremos darla. Si estás leyendo esto es porque posiblemente tienes una respuesta personal para su pregunta: ¿quién soy yo para ti?.


Buena jornada para todos. A luchar en serio por las dos vidas. La lucha sigue, a cada punto de llegada le sigue un punto de partida. Ahora hay que demostrar que las dos vidas valen.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Mateo 15,21-28. LA MUJER CANANEA




Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio".
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos".
Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel".
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!".
Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros".
Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!".
Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada.
Palabra del señor

Esta quizás fue la única vez que salió del territorio judío. Por lo menos que leemos en el Evangelio. Buscaba un poco de paz, de tranquilidad. En Palestina no había sitio donde, o la gente, o las autoridades, lo acosaran, ya sea por necesidad o sea por una persecución política-religiosa.


Ahí estaba cuando esta mujer madre, comenzó a pedir por su hija. Los discípulos le pidieron a Jesús que haga algo pues los perseguía con sus gritos.  No era una reacción de compasión, sino deseaban librarse de ella lo más rápido posible. A veces nos sucede, de querer conceder algo a alguien para evitar la molestia actual o futura. No es el camino de compasión y misericordia que nos enseña Jesús siempre.

El diálogo es propio del tiempo y del lugar. Los cachorros eran los animales de las casas,  que tienen un trato especial distinto de los callejeros que deambulan por ahí. Jesús estaba hablando con la mujer en la manera que la mujer entendía, y ella entendía y hacía un contrapunto con Jesús, y el Maestro encontró en ella una fe muy grande.

Hay una fe que obtuvo bendición y eso es algo que debemos aprender e imitar.


Hay amor, un amor fuerte, amor de madre. Amor que no depende  de la religión o la educación. Hacía suyo el problema de su hija. Hay un hilo común en el mundo: es el amor, el amor une. El amor hace que salga al encuentro del extranjero, que grite, que implore, que acepte el silencio, el amor  que aceptó el reto de la conversación, el amor que vio la compasión del maestro. El amor de madre, que es siempre el reflejo del amor de Dios hacia los hijos. Quizás el más fuerte reflejo, quizás la forma más sencilla de explicar el amor de Dios a los hombres. Amor testarudo, jugado, apasionado, amor de espera, de dolor cuando hay dolor en los hijos, de alegría cuando un hijo sonríe.



Hay fe, fe que creció en el contacto con Jesús…primero a los gritos los perseguía. Al último se postro delante de él. Leemos el diálogo, suponemos la situación. No sabemos del cruce de miradas, aquella mujer seguramente se encontró con la mirada de Jesús. Ahí entendió todo, ahí confirmó su fe. Comenzó con eso de “hijo de David”, terminó diciéndole: Señor. Su fe creció en ese encuentro que ya era personal aunque estuviese rodeada de muchos. ¡si le diéramos la oportunidad a Jesús de encontrarnos!. Si tan solo nos acercáramos a Él, Él HACE EL RESTO… ejemplo podemos dar varios que hemos sido conmovidos por la mirada maravillosa de Jesús que mira, cuida, llama, pide compasión y misericordia, en tantos cristos de la calle, o de las casas, cristos que nos rodean todos los días y que imploran misericordia. Ver en ellos a Jesús es aumentar nuestra fe en Él.


Una fe perseverante, a pesar de lo que estaba pasando, de su dolor, de su hija enferma, era una fe que no se dejó vencer por el desaliento. No fue buscando en esa oración que hizo, una posibilidad ,más, como a veces hacen algunos que tienen amuletos, ritos, cábalas, van a curanderos, consultan cartas, se guían por el horóscopo y también…rezan…por las dudas . Ella fue a Jesús derramando el apasionado deseo de su alma, por su hija dolorida y enferma.

Tenemos mucho para aprender de ella. Un día de oración y reflexión en Argentina, pidamos con fe para que nuestros legisladores respeten las dos vidas, y que nosotros desde donde estemos nos juguemos siempre por esas dos vidas, no solo desde lo retorico, sino desde nuestras acciones, de nuestras compañía de nuestra lucha, de nuestro compromiso con los más vulnerables de la sociedad que son los por nacer.

Buena jornada para todos.

martes, 7 de agosto de 2018

Mateo 14,22-36 ¿POR QUÉ DUDASTE?





Después de la multiplicación de los panes, Jesús, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.

Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.

La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.

A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman.

Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua».

«Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.

Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame».

 En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios».

Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret.

Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos,
rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron curados.

Palabra del Señor



Cuando los discípulos se encontraron con una necesidad urgente, Jesús acudió en su ayuda, el viento les era contrario, la vida, una lucha a muerte, Jesús estaba allí para ayudarles.
Cuando parecía que la situación era irremediable, Jesús estaba ahí para ayudar, salvar, sanar. Él los vio cuando la barca, que ya estaba muy lejos de la costa, era sacudida por las olas, porque tenían viento en contra, dice el evangelio. Y fue, y acudió a ellos cuando el temor le estaba ganando a la esperanza.


En la vida tenemos que enfrentarnos a menudo a vientos en contra, a veces entre la espada y la pared, la vida es una lucha contra nosotros mismos,  con las circunstancias de cada momento, con las ocupaciones, con los pagos a realizar, con las ofensas de la gente que uno quiere. Nos tenemos que enfrentar a veces a opiniones de redes sociales, que nos producen dolor y hacen ver claramente esos vientos en contra, y nuestra pequeña barca se mueve de un lado a otro, y no avanza, y parece que la tempestad nos gana.

Nos enfrentamos con las tentaciones, con el dolor, con las decisiones de todo tipo, que debemos hacer, desde lo pequeño hasta lo grande, decisiones que muchas veces también sacuden nuestra vida. en estos casos, nadie tiene que pelear solo, Jesús nos ve, sabe de nuestra lucha y sabe que haremos todo lo posible, pero no estamos solos, debemos recordarlo siempre en lo pequeño y grande de nuestra vida.

Jesús acude a través de las tormentas de la vida para salvar y nos dice con su voz que no tengamos miedo. Este tramo del evangelio debe ser para nosotros un signo una señal, de lo que Él hace por los suyos cuando hay viento en contra y hay peligro que las tormentas de la vida nos ahoguen.

¿no son acaso esas tormentas las que sacuden nuestra barca, cuando buscan lastimar , torcer la voluntad, cuando ofenden, cuando lastiman con palabras al tratar de defender la vida desde la concepción?,¿ no son esas tormentas que pasamos cuando el dolor propio o de los más queridos, sacuden nuestra barca y hacen tambalear nuestra fe? … Jesús está ahí, y viene a nuestro encuentro, como lo hace siempre.



Y muchas veces somos como Pedro, impulsivos, decididos. Jesús nos dijo que debíamos calcular bien antes para no quedar a medias en lo que hacemos. Pedro, hizo la propuesta, el desafío:
«Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua».
 Y Jesús le dijo que fuera con él. Comenzó a caminar, y se asusto. Cuando dejó de mirarlo y  miró para abajo, vio que se hundía, sintió miedo. Y Jesús le tendió la mano, y lo ayudó

«Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».

Uh. ¡Qué pregunta! A Pedro y a nosotros. A vos y a mí. ¿Por qué dudamos? Pienso en Pedro, en medio de la oscuridad, con viento en contra, frío por el agua, mojado , sin ver casi nada, largarse a caminar en medio del agua y hundirse, como normalmente pasa, y a Jesús diciéndole: hombre de poca fe, si no hubieras dudado, hubieras caminado en el agua. Y pienso en situaciones que enfrentamos a diario, y parece que Jesús nos dice a nosotros: ¿Por qué dudamos?...

La cuestión que cuando Jesús subió a la barca, el viento amainó. Cuando Jesús está presente , la tormenta más salvaje se convierte en calma. ¡Qué bueno que es recordarlo!

Buena jornada para todos. Jesús nos mira, ve nuestro esfuerzo y siempre, siempre, siempre viene a nuestro encuentro a ayudarnos.

lunes, 6 de agosto de 2018

Marcos 9,2-10. LA TRANSFIGURACION




Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos.
Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas.
Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: "Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor.
Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: "Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo".
De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos.
Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.
Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría "resucitar de entre los muertos".

Palabra del Señor



La  vida de aquellos apóstoles, tranquila en cierta manera, en una barca yendo y viniendo por el fruto del mar de cada día, ya se había visto alterada por la presencia de Jesús.
A ellos tres son a los primeros que llamó o sea que llevaban más o menos dos años acompañándolos. Y cuando estaban de nuevo en armonía, jugándose en cada pueblo, repartiendo alegrías, sanando, llevando la buena nueva, de pronto todo de desestructura de nuevo: Jesús comienza a hablarles de la cruz, de su muerte, de su dolor.


Ya estaban camino a Jerusalén a la entrega definitiva. Iglesias de oriente y occidente coinciden que el 6 de agosto, más o menos, ocurrió esto de la transfiguración… y otra vez, aquellas cabecitas que comenzaban a sentir con más fuerza la palabra cruz, muerte, angustia, ven esto. Otra desestructura más, otro pasar del dolor al gozo, de la muerte a la vida, de la tristeza a lo bello y hermoso del momento. Querían quedarse ahí, no bajar, vivir para siempre ese momento. Vieron a Moisés, (la ley) y a  Elías, (el primero de los profetas) y con ellos , condensaban todo el antiguo testamento. Estaban plenos, felices. ¡¡Hagamos tres carpas, nos quedemos aquí!!



Sin embargo, de esa nube…era el pensamiento de la época  que la presencia de Dios se relacionaba con una de ellas. Fue en una nube donde Moisés  se encontró con Dios, y otros momentos también.  Hay nube, hay presencia de Dios!. De esa nube surgió aquella voz: este es mi hijo muy querido, escúchenlo.


La respuesta a todo es que comenzaron a bajar, había que reencontrase con la gente, volver a la realidad cotidiana, a los problemas de la gente. De nuevo a desestructurarse, ahora de aquel momento maravilloso y volver con más fuerzas, a la realidad de todos los días.


Afirmaron su fe, seguían a la persona correcta, no les vendía humo, seguían al líder de la vida, al hombre Dios, que había venido a la tierra y que ellos eran testigos. bendito momento, bendito lugar de ser ellos los privilegiados de ver, sentir escuchar todo aquello.


Quizás son nuestras experiencias también en algún momento de espiritualidad, de retiros, experiencias únicas  donde la gracia se derrama de manera especial, donde vemos transfigurado todo, donde todo nos parece gloria, y queremos quedarnos ahí, no salir, quedarnos juntos al maestro que nos regala su gracia, su pureza, su amor. Queremos nosotros también decirle: déjanos Señor, hacer tres carpas aquí… pero no, después de esa afirmación de fe, de esa locura de gracia, de ese momento fuerte donde parece estamos en la gloria, hay que bajar, seguir siendo testigos.


El testigo, primero ve, y después muestra. Nuestra fe nos hace ver, ya que no vivimos en esa época. Algunas cosas tienen que  ser creídas para ser vistas, decía un grafiti en una pared vecinal.


Y después mostrar. Es a lo que nos manda la transfiguración ocurrida en nuestra vida. Bajar y mostrar en el momento oportuno, ser testigos fieles de esto que hemos visto y oído. No se trata de vivir ese momento y nada más. Se trata de ver y mostrar.

Hay muchos que nos esperan “abajo”, la realidad de todos los días, hijos, padres, nietos, abuelos, hermanos, amigos, conocidos y en cada ser humano en que reside Jesús, que nos miran con rostro triste y que quieren que los iluminemos con la luz que traemos de nuestra transfiguración con Jesús.

Buena jornada para todos. Solo nos queda ponernos de rodillas y contemplar y entender este momento de la vida de Jesús, y al escuchar la voz de Dios, escucharle a Él, que tanta falta nos hace.

Buena jornada para todos.

sábado, 4 de agosto de 2018

Mateo 14,1-12. HERODES Y JUAN EL BAUTISTA



En aquel tiempo, la fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes,
y él dijo a sus allegados: "Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos".
Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe,
porque Juan le decía: "No te es lícito tenerla".
Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.
El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, la hija de Herodías bailó en público, y le agradó tanto a Herodes
que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.
Instigada por su madre, ella dijo: "Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista".
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran
y mandó decapitar a Juan en la cárcel.
Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y esta la presentó a su madre.
Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.

Palabra del Señor



Seguramente, por el grado de parentesco, Jesús era parecido a Juan. Cuando su fama aumentó, Herodes pensó en Juan, se asustó y tuvo un comportamiento raro debido a que la conciencia lo tenía a mal traer.

Había entregado a Juan en una noche de fiesta, de alcohol, de liviandad en su vida. Había cortado la vida de un hombre extraordinario que hizo mucho bien, a causa de sus celos, de su pasión desenfrenada, de su miedo a perder poder, de su cobardía por no querer reconocer un error y corregirlo, de su vida de traición hasta con su hermano a quien le quitó la esposa…

La conciencia es una hermana que siempre nos avisa de los errores, hay que escucharla y no dejar que se convierta en light pues entonces ya no avisa, se hace compinche de  errores y fracasos también.

Déjenme que les comparta un texto escrito hace algunos días y perdón si con esto lastimo o remuevo la conciencia de alguien. No es mi intención, sino evitar que se siga haciendo daño:

TE SUPLICO NO LO HAGAS

Puedo y debo respetar tu decisión. Somos libres para elegir nuestro camino del bien y del mal, de lo que uno crea que es el bien y de su futuro. Dios nos regalo el don más precioso que es la libertad.

Aunque no la comparto. No hay otra manera de nacer. Vos naciste de esta manera. Dios, la naturaleza o quien sea como le llames, te dio lo necesario para que puedas concebir. No hay otra manera. Los varones no podemos, estamos hechos para otra cosa. Si bien es tu cuerpo el que hace de casa, lo que está adentro es otra persona con distinta sangre , con inteligencia, con un corazón que late a un ritmo vertiginoso. No debería estar la opción aborto.

Pero aunque respete tu decisión y no la comparta, te quiero pedir una cosa. Déjame que me ponga de rodillas para suplicarte que no lo hagas. Cuando saco mi mirada de tus ojos, siento, percibo, hasta sueño con esos ojitos tristes y una voz quebrada que me dice. ¡Haz algo por mi por favor, quiero vivir!  Siento y percibo la mirada de mis hijos a los que hemos imaginado desde el primer día de su concepción cuando le dijeron  a mi esposa, lo mismo que a vos: estás embarazada. Porque éramos más, pensábamos en nosotros y también en él. Siento esa mirada suave de un niño que no entiende mucho y menos que lo saquen de ahí sin más.

Te suplico no lo hagas, porque después no estarán los que te invitan a hacerlo, para consolarte en las noches largas en que el grito silencioso vuelva una y otra vez. O cuando te encuentres con otras mamás con hijos de la misma edad que el tuyo y quieras volver el tiempo atrás. Te suplico que no lo hagas, te ayudo, te ayudamos, te apoyamos en todo, ese niño vale la pena, será tu fortaleza, tu sostén, tu alegría, una alegría que quizás algún mal hijo te hizo perder.  Te suplico no lo hagas porque en la oscuridad o en la luz, clandestino o legal,  estas lastimando tu propia vida.

Muchos hay que son capaces  o creen serlo  hoy de poner el dedo y decir: este puede vivir y este no… yo solo te pido, te suplico que no lo hagas, por vos, por tu hijo, por tu futuro, por tu paz, por tu alegría, por tus días de la madre, por tus juegos y lecturas conjuntas, por tus salidas de compra, porque esa persona será alguien que llenara tus días de vida y paz.

Te suplico en su nombre porque no puede hablarte solo mimarte por dentro. Serás feliz.(S.V.S.)


La conciencia siempre alerta, siempre llama, siempre implora.

Hoy es san Juan María Vianney, un santo sacerdote. Pidamos en él, por la santidad de nuestros sacerdotes, y por todos nuestros párrocos.

Buena jornada para todos.

viernes, 3 de agosto de 2018

Mateo 13,54-58. NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA



Al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados. "¿De dónde le viene, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros?
¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas?
¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?".
Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Entonces les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia".
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.

Palabra del Señor



Pasan de estar maravillados  a estar ciegos a causa de su ceguera. Eran ¿celos, envidia?, no conciben que uno de ellos pueda ser superior y distinto. A veces nos pasa que también nosotros hacemos vacío a aquellos que sobresalen por algo, quizás por envidia, o por celos. O nos lo hacen a nosotros cuando nos ven distintos, cuando nos decidimos a hacernos cargo de nosotros mismos, cuando decidimos asumir la vida con madurez y a veces salimos del circulo chiquito en que estábamos , para estudiar, para capacitarnos, para saber más, y eso lleva a que otros, quizás de nuestra misma familia, nos hagan vacío.


¿No es este el hijo del carpintero? Como diciendo éste que es hijo del artesano del pueblo, que no pudo darle estudios superiores, éste nos viene a hablar con tanta elocuencia? ¿Quién se cree que es? Y pensaron más en ese chiquito y joven que correteaba, que rezaba, que trabajaba la madera, que obedecía a sus papás, que en este hombre que venía a tomar aire a su pueblo, con sus espaldas cargadas de tanta gente a la que ayudó, con sus discípulos a quienes enseñó y que estaba muy deseoso de poder hacer en su pueblo, aquello que hacía en todos lados…pero no pudo.

Dice esta misma cita en el evangelio de Marcos, que Jesús se maravilló de su falta de fe, y se fue de ahí sin poder hacer nada. Jesús pasó, y no pudo hacer nada a causa de la ceguera de sus conocidos de siempre. Fue a dar lo suyo, fue a sanar, a consolar, a enseñar, a los contornos, a otros lados, Jesús pasa… y pasa también “disfrazado” de tantos hermanos nuestros alrededor

Tengo miedo de que el Señor pase y yo no lo reconozca. Decía san Agustín.

Y recordando esto, el Papa Francisco decía en su catequesis de octubre de 2016:

Reconocer su rostro en el de quien está en la necesidad es un verdadero desafío hacia la indiferencia. Nos permite estar siempre vigilantes, evitando que Cristo nos pase al lado sin que lo reconozcamos. Vuelve a la mente la frase de san Agustín:. Tengo miedo de que el Señor pase y yo no lo reconozca. Que el Señor pase delante de mí en una de estas personas pequeñas, necesitadas, y yo no me dé cuenta de que es Jesús. Tengo miedo de que el Señor pase y yo no lo reconozca.
Me he preguntado por qué san Agustín ha dicho eso de temer el paso de Jesús. La respuesta, lamentablemente, está en nuestros comportamientos: porque a menudo estamos distraídos, somos indiferentes, y cuando el Señor pasa cerca de nosotros perdemos la ocasión de encuentro con Él.

Y nos da una solución para nuestros comportamientos a veces indiferentes hacia los hermanos, donde vive Jesús:

Las obras de misericordia despiertan en nosotros la exigencia y la capacidad de hacer viva y operante la fe con la caridad. Estoy convencido de que a través de estos gestos sencillos cotidianos nosotros podemos cumplir una verdadera revolución cultural, como ha ocurrido en el pasado. Si cada uno de nosotros, cada día, hace una de estas, esto será una revolución en el mundo, pero todos, cada uno de nosotros.

En un mundo lamentablemente golpeado por el virus de la indiferencia, las obras de misericordia son el mejor antídoto. Nos educan, de hecho, a la atención hacia las exigencias más elementales de nuestros “hermanos más pequeños” en los que está presente Jesús. Siempre Jesús está presente ahí donde hay una necesidad, una persona que tiene una necesidad, sea material o espiritual, ahí está Jesús.

Buena Jornada. Que cuando Jesús pase, lo reconozcamos siempre.