miércoles, 8 de julio de 2009

la bicicleta

Recuerdo cuando era chico, me impresionaban unas bicicletas que creo que eran de la India. Negras, pesadas a más no poder. Frenos a varillas. Asientos bien anatómicos. Tenían la horquilla de adelante medio inclinada hacia el frente de manera tal que la bici parecía más “acostada”. Eran sólidas.
Pero el recuerdo me viene porque había algunos que manejaban estas bicicletas que me llamaban mucho la atención: don Boschero, por ejemplo. Un profesor que tenía a su cargo la Librería del colegio . Otro muchacho de apellido Madariaga y otros que uno veía por ahí. Eran perfectos andando en bicicleta: erguidos, la espalda bien a “plomo”. Los brazos parecían más largo que lo común, porque llegaban hasta el manubrio. Las piernas tenían un movimiento exacto de manera tal que el resto del cuerpo no se movía al pedalear. Cuando yo quería hacer lo mismo debía recostar mi cuerpo hacia el manubrio porque no llegaba nunca con los brazos. Y mis piernas tiraban el pedal hacia abajo y esperaban que llegara el otro pedal. No se… era una conjunción exacta: hombre bici, bici hombre. Como que estuvieran hecho el uno para el otro. Ojo de gato amarillo adelante y rojo atrás. Porta equipaje para algún portafolio chiquito.
Y eso que eran otras calles, muchas de tierra y uno los veía andar con una parsimonia que parecían salidos de los libros de urbanismo o algo así en donde uno aprendía a sentarse, comer, ordenar su cuarto y en lo posible su vida.
Pero había algo que me llamaba más la atención: la dínamo que producía una energía tal que podía prender un foco de la lámpara que iba firmemente sujetada adelante. Es que las calles eran muy oscuras, con a veces un foco de 100 W en las esquinas, en las pantallas tipo campana que flameaban cuando había un poco de viento porque eran bastante livianas.
Era imprescindible para aquel que anduviera a horas de la tarde noche, llevar uno de estos conjuntos: dínamos- lámparas porque sino te podías golpear y feo.
Estas dinamos eran unas botellas que al friccionar la rueda, producían la energía necesaria
Para encender el foco de la lámpara. Y había que pedalear fuerte para que se prenda esa luz, porque la humedad, y otros factores hacían que cueste un poco más.
Entonces cuando más fuerte pedaleaba, más alumbraba… en las bajadas era más fácil, porque la velocidad de la rueda lo hacía todo más sencillo… el asunto era cuando había subida… te quiero ver: bicicleta pesada pedaleando fuerte porque si no te llevabas un pozo…
Y siempre pensé en ese ejemplo de la bicicleta: cuanto más fuerte pedaleo, más ilumino a los que están a mi lado. Cuando más me cuesta, debo pedalear más fuerte: orar aunque no entienda, orar aunque no tenga ganas, acercarme a los sacramentos aunque me falle o cuestione mi fe, acercarme a mis hermanos y ayudarlos aunque me cueste salir de mi mismo…pedalear mucho más fuerte para poder iluminar mas a mis hermanos que quieren salir de la noche en la que está sumida su vida.
Lamentablemente ya casi nadie usa la dinamo… ahora todo es a pilas… y por más que vos pedalees fuerte, si no te pones las pilas… no alumbras a nadie…
Que será no?
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