lunes, 30 de noviembre de 2009

¿qué tiene tu mirada?


Cada vez que leo en el evangelio algunas citas, me produce un escalofrío porque pienso en tu mirada.
Juan, cuando se estaba preparando con el bautista, comenzó a seguirte sin que tu mirada se cruzara con la de él, pero bastó que te dieras vuelta para preguntarles algo y ya no había vuelta atrás… se quedó tan prendado que cuando años más tarde escribió tu evangelio, lo afirmó :eran las cuatro de la tarde…
Zaqueo, ese desgraciado a la vista de los hombres, petiso, camorrero, traidor a su pueblo, rebajó su altanería y se animó a subir a un árbol, no importándole lo que pudieran decir de él, pero solamente era un curioso que fue a ver pasar a aquel que tenía un aura especial, un tipo al que todos nombraban, bien o mal, pero todos nombraban… y qué se iba a imaginar que aquel tipazo levantara los ojos, lo mirara , y le dijera que baje que quería comer con él… solo bastó tu mirada para que aquel tipo, cambiara su vida amándote a Ti y amando a sus hermanos…
Pienso en cómo habrás mirado a Pedro, a Judas la noche aquella, a Juan, y pienso como habrás mirado a las mujeres, pues si uno como varón se siente fuerte y seguro ante tus ojos, las mujeres, se habrán sentido escondidas en tu presencia, fuertes, protegidas, seguras, mimadas, y a lo mejor, alguna se confundió pero al final reconoció que tu mirada tiene mucho más que eso que es capaz de enamorar a un hombre y una mujer.
Pienso también en aquellos que estuvieron cerca de ti pero que no cruzaron sus ojos con los tuyos… pienso en los miles a los que diste de comer, que te querían hacer rey de la tierra, pienso en los que sanaste y que al hacerlo sólo veían sus heridas como queriendo fortalecer la cura que estabas haciendo.
Pienso en los niños, los que no podrían dar ningún testimonio, pues ellos siempre miran a los ojos, o sea que siempre te habrán mirado a los ojos, y también por eso habrás dicho : hay que hacerse como niños… porque te era más fácil encontrar tu mirada con la de ellos.
Pienso en el joven rico, que después de encontrase con tus ojos, se fue entristecido porque le pedías dar un paso más profundo en su vida, porque reconociste al mirarlo, la sencillez, humildad, y pureza que tenía.
Y pienso también en nosotros, los que vinimos después. A cuantos de nosotros habrás mirado, cuántos debemos reconocer tu mirada, y más cuando sonriendo decías nuestro nombre.
Pienso en Pablo que no te conoció, pienso en Agustín, en Juan Bosco, en Francisco, en madre teresa, en Juan pablo II… es que todos ellos se han dejado conmover por tu mirada serena mansa profunda.
Pienso en mí, que puedo decir como san Juan el día y la hora en que me miraste… PERDON, … en que miré a tus ojos, porque vos me estuviste mirando siempre aunque yo no tenía los ojos enfocados hacia vos. Y sé que no fue mérito mío. Solo fue un pequeño esfuerzo del corazón y ya estaba ahí, tu mirada, a ella me refiero.
No puedo decir que color son tus ojos. Tampoco la forma.
Busco y busco entre las razas, entre las gentes, alguna mirada que me haga acordar a la tuya y juro que no la encuentro. Quizá porque la tuya tenga ese no se que, que la hace tan impactante, tan profunda .
La siento como una espada que llega hasta la medula, hasta mi mente y corazón, porque cuando le hablo a Dios, le hablo a esos ojos que me miran y que me conocen como nadie porque sabe lo que hay de transparente y de oculto en mi alma.
Mirada de Dios. Mirada de amigo. Mirada de compinche. Mirada compasiva, mirada apasionada y tierna.
Mirada que a diferencia del amor humano, no me hace para nada ser exclusivo de ese amor, por el contrario, me hace desear fervientemente que haya muchos pero muchos que puedan cruzar su mirada con la tuya.
Quizás definirla sea lo más difícil. Quizá sea más fácil cruzar la mirada con la tuya, y sólo eso basta para rezar, para estar en paz, para reencontrarme conmigo mismo, para soñar un mundo mejor, para vivir feliz, para desear el bien para todos.
Hay otra mirada que me conmueve en el evangelio. Aquel día que comenzaste a mostrar tu realeza de Dios. Ese día que habías sido invitado junto a tu mamá a unas bodas. Ese día ella te pidió algo, vos le respondiste unas cosas… pero de ahí, se nos borró el diálogo que tuviste con ella. El siguiente renglón nos dice que ella le pidió a los servidores que hagan lo que vos les digas… yo soy un convencido, conociéndote a vos y tu mamá, que no hubo más palabras…¿Qué te dijo con la mirada?.. Que le dijiste con tu mirada, esa misma mirada que me miró a mi?, cuanta complicidad en ustedes dos, cuantos guiños amorosos entre madre e hijo! … y también soy un convencido, que sacaste la mirada de María y que cuando me miras, miras con la mirada de mamá.
Gracias Señor por tu mirada, la que siempre estuvo y yo no me animaba a mirar. Gracias por buscar mis ojos, porque vos sabes que por los ojos se llega al corazón. Entiendo por que aquel ciego Timeo te gritaba con tanta fuerza “Señor que vea, señor que vea “… te podría haber pedido tantas otras cosas!!él, estaba acostumbrado a la oscuridad. Quizá alguien le habló de tus benditos ojos y él no quería perderse ese momento único de sentir tu amor transmitido en esa mirada.
Señor, ojalá que esa mirada impacte en el corazón de los que amo y puedan ellos también como Juan preguntarte “donde vives?” y que le digas como a él: VENGAN Y VERÁN.
Ojalá Señor, que esa mirada llegue al corazón de todos los seres humanos, para que puedan sentir que hay un Dios que los ama, a pesar de todo .
Ojalá Señor, que haya jóvenes que busquen permanentemente tu mirada…solo así se darán cuenta de la persona que sos, que la religión no son normas, ni imposiciones, que es vida y gracia, que es seguir a un ser vivo que los ama, que los llama que los mira y que sonriendo dice su nombre.
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