jueves, 16 de junio de 2011

semana de 13 al 17 de junio 2011

APRENDER DE TI Mateo 5,38-42.
Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra.
Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto;
y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.
Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado

El ojo por ojo, una norma que existía para ayudar a poner justicia, a no sobre pasar el castigo, al mal realizado.
Estas palabras de Jesús, todavía siguen siendo hoy revolucionaria en todo sentido.
¡Cuántas veces escuchamos hablar de un Cristo revolucionario, y por ese Cristo revolucionario que trasgredía las normas, que le decía las cosas de frente a las autoridades civiles o religiosas de la época, se hicieron muchas cosas a veces no tan buenas ni santas!
¿Por qué el mundo, porque los que hablaban del Cristo revolucionario, porque nosotros, nunca nos animamos a seguir esta revolución que propone Jesús?
No devuelvas las ofensas, o mejor aún devuelve bien por mal. Sé compasivo con el que te ataca, con el que te denigra, con el que te humilla. Da amor al que te da odio o rencor.

No dice en ningún momento que vamos por la vida siendo destinatarios de la locura o ira de los demás. Tampoco nos dice que busquemos que nos peguen o critiquen. No dice seamos motivo de que alguien “nos pegue en una mejilla”… simplemente nos dice que cuando alguien nos haga mal, devolvamos el bien. ¡Que revolución! Tan pacífica como el mismo Amor que nos entrega el Señor.
Pero claro. Vivimos en este mundo a veces pasamos ridículo siendo buenos o pacíficos. El mundo se aprovecha de nosotros, quedamos como tontos y parece que vivimos un infantilismo religioso. Pero hay una revolución de Amor que deberíamos hacer todos, cada minuto que pasa. Seguramente nuestro hogar será más pacífico, porque lo que pasa por mi (broncas, ansias de venganzas), quedará en mí y no multiplicaré el mal. Seguramente nuestro barrio, nuestro colegio o facultad, nuestro puesto de trabajo será más tranquilo, porque en nosotros habrá un pulverizador de sentimientos negativos y ya no circulará el mal.

Hace un tiempo, Emmanuelle , compuso una canción muy bonita que se las comparto. Donde dice amor, pongan Amor o Jesús.
Es lo que quizá tengamos que pedir hoy a Jesús: que nos enseñe a amar, ¡tantas cosas debemos aprender de Él!

enséñame, enséñame
a ser feliz como lo eres tu
a dar amor como me lo das tu
a perdonar como perdonas tu
sin recordar el daño nunca mas, nunca mas

enséñame, enséñame
a consolar como consuelas tu
a confiar como confías tu
a repartir sonrisas como tu
sin esperar a cambio nada mas, nada mas

tengo mucho que aprender de ti, amor
tengo mucho que aprender de ti, amor
tu dulzura y fortaleza, tu manera de entregarte
tu tesón por conquistarme cada día
tengo mucho que aprender de ti, amor
tengo mucho que aprender de ti, amor
como olvidas los enfados
como cumples las promesas
como guías nuestros pasos cada día

enséñame, enséñame
a no mentir como no mientes tu
a no envidiar como no envidias tu
a ahogar las penas como lo haces tu
a compartir la dicha como tu, como tu

tengo mucho que aprender de ti…


¡Buena semana para todos!


SOLO CON SU GRACIA Mateo 5,43-48.

Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores;
así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?
Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?
Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.



Hoy parece que los hombres debemos incluirnos en pequeñas tribus , para poder vivir tranquilos: barrios privados cerrados como fortalezas, grupos de amigos estancos donde nadie entra ni sale. Nos acostumbramos a frecuentar los mismos lugares, a las mismas personas, lugares y personas donde y con quienes nos sentimos seguros. Son los lugares y personas que amamos. Y de apoco nos vamos olvidando de los demás. Podemos caer en el error de juzgarlos por no pertenecer a nuestro “círculo de confianza”, o de despreciarlos cuando no piensan como nosotros, o no son de la misma condición social, o escuchan otra música, o tiene otra forma de vivir, o consumen a ídolos que no son los nuestros, o no creen en el mismo Dios que nosotros, o… y la lista puede seguir.
Es relativamente fácil querer a los que nos quieren, regalar a los que nos regalan, ser servicial con los que son serviciales con nosotros, pero hoy Jesús nos pregunta ¿que mérito tenemos en eso?
Para llegar a ser buenos de verdad, para aspirar a la santidad en una palabra, para ser de Cristo con todas las letras, para completar el camino emprendido, es necesario dar ese paso fundamental: amar a todos, en Jesús, porque Él los ama a pesar de que muchas veces lastimen su cuerpo, hieran a sus “pequeños” (que podemos ser nosotros), insulten su nombre, vivan sin Él, le sean indiferentes. “porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos”.
Algo más para aprender de Él. ¡Como cuesta!, pero se puso primero en la fila, dando la vida, incluso, por aquellos que lo mataron.
Es difícil, pero el perdón a los que nos lastimaron, el amar a los que nos hicieron mal, nunca podremos hacerlo si no contamos con su ayuda. Por nosotros, por nuestra paz interior, por nuestra salud mental espiritual y también corporal, sería bueno repetir insistentemente el día de hoy: Señor dame la gracia del perdón, dame la gracia de amar a todos como vos. Solo no podemos. Tu gracia nos basta


INTENCIONALIDAD DEL CORAZÓN Mateo 6,1-6.16-18.
Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha,
para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

¿ a donde miro cuando rezo? ¿ a quien ayudo cuando doy limosna? ¿Que intención tengo cuando ayuno?...
¿Cuándo hago algo positivo, recibo o busco el reconocimiento de los demás?
Lecturas como las de hoy, nos obligan a mirar la intencionalidad del corazón, que es, como dice Jesús, lo que realmente ve el padre. Buscar el aplauso, el reconocimiento, es perder, en cierto sentido, el premio.
Una vez un sacerdote amigo me decía: mira las flores del altar, ¿hacia donde miran? – hacia la gente, respondí. - ¿y hacia donde deben mirar? , preguntó.- Ciertamente a los que ellas honran o sea al Sagrario y a las imágenes de santos, respondí…
A veces nos pasa, que parecemos flores de altar: hacemos cosas, pero parece que nos ponemos de cara a la gente para que nos alaben, nos reconozcan, en vez de mirar a Jesús, que es por quien hacemos las cosas. Y peor, cuando ese reconocimiento no llega, cuando nadie alaba lo que hacemos, llega la “depre”, se nos van las ganas de hacer cosas, nos sentimos solos, decimos: nadie nos quiere… es que fallamos en la intencionalidad.
Quizá hoy, también como una consecuencia de aquello, nos dedicamos a hacer cosas solo porque lo “siento”, porque ME hace bien, porque me emociono en cada eucaristía. Puede que nos estemos dejando llevar solo por el sentimiento y no dejemos que esa oración, ese sacrificio, haga raíces en nuestra vida y nos haga más sólidos en nuestra fe.
Entra a tu cuarto y reza, entra a tu cajita de “la nada” y ahí, donde estás solo con vos mismo, y con el mismo Dios, eleva tu corazón y tu alma al encuentro maravilloso con el amigo Jesús, cuéntale tus cosas, háblale de tus hijos, de tus proyectos, de tus miedos, de tus papis. A ese cuarto, a esa caja de la nada, podemos meternos en cualquier momento del día, donde estemos. Solo depende de la intención del corazón


HACE MUY BIEN Mateo 6,7-15.
Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.
No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

Tan antigua, y tan nueva. Tan justa para cada momento de la historia.
Rezar esta oración, será repetir las mismas palabras que Jesús nos enseñó. No son palabras de un gurú, son palabras de Jesús, Dios, que hasta nos simplificó la tarea y nos enseñó a rezar.
Porque nos enseñó a decir Padre Nuestro, o sea ya no es sólo la relación Dios – súbdito, sino es la hermosa relación Dios – hijo, y en esa relación está la otra Hijos- hermanos entre sí. Que al rezar el Padre nuestro, estamos unidos como por el mismo cordón umbilical, que no vale decir Padre mío, que estamos de la mano formando una sola familia.
Que al decir Danos hoy nuestro pan de cada día, nos damos cuenta que no debe haber un solo día sin que la recemos.
Que con ella, nos sentimos hijos, confiados en la misericordia de Dios, se aleja de nosotros el orgullo y la soberbia, que nos ponemos en sus manos esperando que pueda, por nosotros, desarrollar su plan de Amor entre los hombres.
Que si la rezamos todos los días, será más fácil evitar el desorden de nuestra vida, la tentación, la debilidad esa que no nos deja ser feliz, la esclavitud pequeña de todos los días en los vicios y adicciones, porque sería muy incoherente decir : No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal, y buscar esa tentación o no tratar de evitarla.
Porque rezarla todos los días, nos ayudará a pensar en lo que hacemos para, consciente de ello, evitar algunas cosas que no hacen bien a nuestra alma: a vivir perdonando pequeñas actitudes de los demás que nos molestan , a no dejar que se incremente la rabia como una bola de nieve que comienza con un pequeño montoncito de ella, tanto en nuestras relaciones con amigos, vecinos, compañeros , conocidos, desconocidos que se cruzan en nuestra vida, como con nuestros hermanos, hijos o padres, novios/as, esposo/a.
Así que hermanos, para vos y para mí: a REZAR EL PADRE NUESTRO TODOS LOS DÍAS.
Rezarlo, hace MUY BIEN
Publicar un comentario