miércoles, 20 de julio de 2011

Mateo 12,46-50.

Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con él.
Alguien le dijo: "Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte".
Jesús le respondió: "¿Quién es mí madre y quiénes son mis hermanos?".
Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: "Estos son mi madre y mis hermanos.
Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre".


¿Desprecio o indiferencia para con la mamá?. Todo lo contrario: pura alabanza.
Para desprecio bastaba decir: no tengo madre. Para indiferencia podría decir: no me importa que me busque, díganle que se vaya o que ya voy.
Sin embargo, llamó “mamá” a todos los que cumplen la voluntad del Padre.
Hoy ¿nos podrá alabar a nosotros? ¿Podrá señalarnos delante de los demás y decir: él, es mi madre y mi hermano, porque cumple la voluntad, el designio de Dios en su vida?
¿Estaré yendo por los caminos apropiados o me habré desviado de la búsqueda tomando atajos, conociendo gente, viviendo situaciones que me alejan del camino de la felicidad y el amor?
María, entonces, es un verdadero ejemplo y nos contagia siempre su “si” dicho desde el alma, a aquel pedido del Ángel, o aquella visita a su prima, estando en sus primeros días y meses de embarazo, aquel nacimiento en medio de la nada, sin nada y sin lo soñado quizás. Aquella caminata hasta Egipto sin renegar, o el minuto a minuto, enseñando a Jesús sus primeros pasos, sus primeras letras, sus primeras parábolas. A mostrar a Jesús, cómo cumplía esa voluntad de Dios con su propia vida, a fijar en Él la idea que , si había alguien que se dejaba llevar por la voluntad de Dios de hacer un mundo nuevo, era ella, como primera figura, delante de todos los que en ese tiempo se auto proclamaban enviados o mensajeros del Dios que, según decían, llegaría para liberar a aquel pueblo de la esclavitud a la que era sometido.
Hay un Plan divino, que no es esclavitud ni azar, no es predestinación y anulación de la propia persona. Es un plan que libera, porque quiere nuestra felicidad. Es el Plan de Amor, donde nos quiere a todos y nos necesita, porque quizás estoy hecho para ser puente entre generaciones, o entre amigos, o entre hermanos, y si falto, no habrá contacto. O a lo mejor estoy hecho para que los que están conmigo, se encuentren con algo especial, mejor, y si no cumplo mi parte, nadie la hará por mí.
El descubrir esa voluntad de Dios para con mi vida, es una tarea difícil, si metemos mucho lo humano, pero más sencilla, si nos dejamos guiar por el espíritu santo, que sopla tan fuerte, que es imposible no reconocerlo.
Linda tarea. Que Jesús pueda alabarnos con el nombre de su mamá.
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