jueves, 21 de julio de 2011

Mateo 13,10-17.



Los discípulos se acercaron y le dijeron: "¿Por qué les hablas por medio de parábolas?".
El les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no.
Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden.
Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán,
Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.
Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen.
Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.


Recuerdo aquella anécdota que se cuenta tantas veces. La del pintor y la puerta. Aquel maestro de pintura que llamó a sus alumnos para que hicieran la crítica de su obra: un Cristo tocando una puerta cerrada en el frente de una casa.
Hubo de los más variados comentarios y pequeñas críticas al dibujo en sí: que le agregaría más color, que le daría más sombra, que el rostro tiene tal defecto, etc. etc. Hasta que uno de los alumnos le dijo:- profesor, disculpe, pero el error que veo en esta obra es que la puerta no esta completa, pues le falta el picaporte para poder abrir.
-muy buena observación, le dijo el profesor, pero esta puerta, representa a nuestro corazón… Cristo sólo toca y espera que uno, abra desde dentro, jamás será un ladrón que no respetará la libertad de los hombres- .
Él, espera, que al tocar, le abramos el corazón. Le abramos ese recinto sagrado, donde residen nuestros sentimientos, temores, dificultades, donde reside nuestra alma, deseosa paradójicamente, de encontrarse con Él, porque por Él fue creada.
Pueden venir miles de milagros, puede venir el Papa en persona a hablarme, puede correr mucha gracia al lado mío, pero si esa puerta sigue cerrada, Jesús, no entrará.
Y ¿cuánta gente alrededor nuestro vive con sus oídos tapados, sus ojos cerrados y así no comprenden , no asimilan la palabra de Dios? Difícilmente sea curado su corazón, como nos dice el evangelio hoy.
Quizá tengamos una doble tarea hoy. Reabrir nuestro corazón para que penetre la Palabra de Dios, sane y salve nuestra alma, cure y cicatrice nuestras heridas, y la segunda, pedir al Espíritu Santo, para que el espíritu de esas personas que tienen cerrado el corazón, se animen a abrir aunque sea un centímetro la puerta…. Jesús, hará el resto
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