miércoles, 10 de agosto de 2011

Juan 12,24-26.

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.


El agricultor, tiene esa intuición para mirar un conjunto de semillas y poder exclamar: ¡ que buena semilla!.
Pero, a la mayoría de nosotros, nos cuesta ver , en esa semilla toda la potencia de vida, tanto fruto futuro. En esa semilla está la vida latente, esperando dar el gran salto de perderse en la tierra, recibir la humedad, morir y empezar a dar vida.
Pasos más, pasos menos, es la historia de cada semilla que se precie de tal.
¿cuántas veces nos quedamos siendo solo una buena semilla?
Nuestros padres quizás soñaron para nosotros , un proyecto de vida que mejore su historia, esforzándose para eso, y nosotros quizás nos quedamos en ser una buena semilla, no aprovechando las oportunidades, no progresando en la vida, conformándonos con poco, cuando teníamos dones para ser un gran estudiante primero y profesional después.
A cuantos la vida les regaló talentos que dejaron por ahí, por no querer dar el gran salto de morir a muchas cosas que los ataban y entorpecían su camino.
Cuántos hay, que se quedaron siendo semillas, en su noviazgo, y por no dar ese paso de morir a los egoísmos personales, a la necesidad de dominar, a la violencia personal que se trae desde el hogar paterno, se quedaron siendo solo eso, un buen proyecto, pero nada más.
Cuántos hay, repito, a los que la vida les dotó de muchas virtudes y dones, de inteligencia de voluntad, y por dejarse llevar por la vagancia, por dejarse arrastrar por “la tribu” que me lleva de aquí para allá, se quedaron siendo un buena semilla y nada más.


Cuantos habrá a los que Jesús llama a su encuentro, y no se animan a dar el gran salto de morir a lo de uno, a lo personal, a la soberbia, y se quedan en ese proyecto y nada más.
En cada uno de nosotros, está esa vida latente, porque hemos sido hechos por Dios, y en el corazón de cada uno arde una chispa divina. Hay una ley marcada a fuego en el corazón de cada hombre, que no tiene que ver con la religión con la educación, con la familia que tengamos: es una chispa que Dios, depositó en nuestra alma al momento de ser concebidos.
Pero esa chispa, ese “toque” de Dios, está ahí, latente, en esa semilla que somos. Hace falta , como la semilla, morir para vivir, morir como pequeña existencia, para vivir la grandeza de la vida, de donde puedan vivir tantos y tantos. Cuando no “muero” , me quedo en mi mismo, cuando “muero” : vivo, crezco, ayudo, soy útil, doy frutos, doy razón de mi existencia, la lucho, triunfo, avanzo, muero sirviendo, alimento, produzco otras semillas…
Hoy la Iglesia celebra a San Lorenzo, aquel que dio la vida siendo mártir, uno de tantos que decidió “morir” para dar vida. Él, es uno de esos que nos ayudan en el camino del compromiso.

También es el día para celebrar todas esas veces que decidimos morir a nosotros mismos, para alcanzar la meta deseada: las veces que decidimos madrugar estudiando dejando el madrugar derrochando la vida.
El día de decidimos dejar de lado nuestro egoísmo que busca el placer a toda costa, y encarar relaciones de noviazgos que nos ayuden a crecen y a realizar un plan de vida que valga la pena.
El día que decimos morir a nosotros mismos para abrazar la cruz del Señor y seguirlo, aunque tengamos que soportar “vientos, plagas, hormigas, insectos”, que quieren a toda costa atacar la planta naciente.
El día que decidimos mirar la vida y encaminarla hacia el Plan de Amor que Dios tiene para cada uno, y ser protagonistas de la vida, honrándola como se merece, aunque para ello tuvimos que morir a nuestros caprichos, dobleces, soberbia, lujuria.
Y hoy es el día para pensar en todas aquellas ocasiones que quedamos siendo solo, una buena semilla y dar el gran salto, de morir a nosotros mismos para vivir. Estamos a tiempo. La vida siempre da segundas oportunidades.
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