martes, 30 de agosto de 2011

Mateo 13, 44-46

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.



Hoy la Iglesia por estas latitudes, celebra la memoria de Santa rosa de Lima, patrona de América Latina.
Y nos invita de nuevo, a pensar en el tesoro escondido y en la perla preciosa.
En ambos casos, alguien encuentra algo, esperado o inesperado, pero deja todo lo que tiene para comprar , ya sea el campo donde está el tesoro, o la perla fina que buscaba desde siempre.
El de la perla, tenía toda su vida puesta al servicio de la compra- venta de perlas finas, seguramente ninguna satisfacía la calidad que él quería conseguir, todas le parecían poca cosa, hasta que apareció aquella, que hizo brillar sus ojos de manera distinta, era la soñada para alguien de su profesión, y no dudó un instante: vendió todo lo que tenía, para hacerse de aquella perla fina. Cuando encontró su objetivo, se concentró en él. No se dispersó atendiendo varias cosas a la vez: fue directamente a su objetivo.

El hombre del tesoro en el campo, no buscó aquel tesoro, pero posiblemente, tenía su corazón abierto a esa búsqueda. Todos los obreros que de una u otra forma cavan la tierra, anhelan en menor o mayor medida, encontrar algo escondido, y mejor aún si es de valor que pueda modificar su calidad de vida. A aquel personaje, le apareció ese tesoro, que seguramente tenía mucho más valor que lo poco o mucho que él tenía como patrimonio, e hizo lo imposible por comprar ese campo que escondía aquel tesoro.

En ambos casos, el tesoro y la perla, los dos personajes encontraron algo valioso.

¿ya encontramos nuestro tesoro? ¿ ya nos dimos con la perla preciosa?¿ Buscamos o tenemos el corazón dispuesto a encontrarnos con el tesoro? Hay que poner la rueda en movimiento, como le gusta decir a mi esposa, porque si nos quedamos esperando solo el maná caído del cielo, sin peregrinar en busca de la tierra prometida, nos quedaremos en el desierto y nunca llegaremos a nada.


Aquel muchacho que excavando se dio con el tesoro, me recuerda aquellas veces que buscamos y buscamos por afuera, alguna verdad que nos convenza. Capaz que si cavamos en nuestro interior, sacamos piedras, algunas de gran volumen, recuerdos , heridas causadas, rencores, autocompasión, errores cometidos no perdonados, o sacamos raíces que atraviesan la excavación, aquellas cosas enraizadas en nosotros que tienen que ver con nuestra comodidad, con nuestro egoísmo, con actitudes relacionadas con el “ folclore del lugar” ( cosas que se hacen porque todos lo hacen) , más que con los valores cristianos, o que tienen que ver con nuestra forma de ser : timidez , poca comunicación, podamos, encontrar ese tesoro escondido que radica en nuestro propio interior que es la chispa divina que Dios “dejo caer” sobre cada uno, esa esencia inalterable con los años, esencia de vida divina en nosotros, y si hay vida divina, seguramente hay felicidad, paz, tranquilidad de conciencia, paz familiar.

Buscar, la Verdad, el Camino, y cuando uno está ya en el camino hacia la meta, no meternos en cada camino lateral que me lleva a quien sabe que lugar, porque capaz que en algunos de esos caminos, nos perdemos y nos cuesta volver, y esto corre tanto para la vida espiritual como para la conquista de cada uno de nuestras metas humanas.
Buscar, también es tener el corazón abierto a lo que el Espíritu me brinde día a día.
Buscar, es soñar con algo mejor.
Buscar el desear romper el molde pre establecido de familias rotas de generación en generación, y querer construir una familia de cimientos sólidos donde reine el amor,
Buscar es desear encontrar el camino para no repetir errores de antepasados.
Buscar es tratar de encontrar solución a problemas de la gente,
Buscar es desear ser feliz… seguramente si nuestro corazón busca, nuestra persona (cuerpo y alma) encontrará el tesoro.
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