martes, 2 de agosto de 2011

Mateo 15,1-2.10-14.

Entonces, unos fariseos y escribas de Jerusalén se acercaron a Jesús y le dijeron:
"¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros antepasados y no se lavan las manos antes de comer?".
Jesús llamó a la multitud y le dijo: "Escuchen y comprendan.
Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella".
Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: "¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oírte hablar así?".
El les respondió: "Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz.
Déjenlos: son ciegos que guían a otros ciegos. Pero si un ciego guía a otro, los dos caerán en un pozo".



¿Que cosas salen del hombre y de la mujer moderna?.
A veces cuidamos todo lo que comemos. Nos alimentamos con comidas light. Cuidamos las formas. Somos lo que comemos, decimos.
Vivimos en una sociedad en que unos mueren por no tener y otros mueren empachados.
Pero con las cosas espirituales, a veces no ponemos el mismo cuidado. Dejamos entrar en nuestro corazón, cosas, lecturas, películas, charlas, imágenes, que nos tocan y en algo ensucian ese templo del Espíritu Santo que somos. Nos dejamos llevar por habladurías que destruyen la imagen de nuestros hermanos, nos gusta, aunque digamos que no, que alguien hable mal de otro.
Nos dejamos llevar por las pasiones, que poco a poco apoderan nuestros sentimientos y nos hacen rebajar.
Nos estupidizamos,si vale la palabra, viendo programas donde toda mujer es una prostituta que se ofrece y que ofrece su cuerpo a la vista y regocijo de los otros, nos banalizamos viendo programas donde todo es doble sentido y lo sexual se convierte en genital y solo animal.
Y todo esto, muchas veces hace nido y crece y crece y sale. Tan preocupados por los alimentos light, pero tan poco preocupados por los contenidos demasiado “grasos” en lo espiritual, que llegan a nuestro corazoncito.
¿Qué nos diría hoy Jesús? ¿Qué sale de nuestra boca? Ojalá que no salgan maldiciones, insultos, habladurías, blasfemias, mentiras.
Recuerdo aquella fábula de un chico que se acerca a preguntar a un sabio una duda que tenía:
Siento que tengo en mi alma dos animales, uno es un perro bueno, compañero, fiel, solidario, cariñoso y otro es un lobo feroz que destruye todo lo que tiene… ¿Cuál crees que gana dentro mío? – le preguntó el muchacho.
A lo que el sabio respondió:
-vivirá aquel a quien alimentes-
Buena jornada para todos.
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