jueves, 25 de agosto de 2011

Mateo 24,42-51.

Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.
¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno?
Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo.
Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.
Pero si es un mal servidor, que piensa: 'Mi señor tardará',
y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos,
su señor llegará el día y la hora menos pensada,
y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.



¡Estén atentos y vigilantes! Estén despiertos, dirá en otra traducción de la Biblia. Y después dice estén preparados.
Creo que un viaje de esos que se hacen con la familia, vacacionando o por otro motivo, nos ayuda a entender nuestro viaje a la eternidad. Si yo tengo mi vista puesta sólo en la meta, si sé que debo hacer tantos kilómetros por hora, o por día, si me desespera llegar para poder disfrutar, posiblemente, me pierda la alegría del viaje, el gozar cada momento, el disfrutar de la naturaleza que ya es un descanso, el hablar con los que van a mi lado, el escuchar música, el pensar, en proyectar.
Pero también podemos caer en lo otro, de disfrutar tanto y detenernos tanto en cada lugar, que al final no lleguemos a la meta pensada, o lleguemos a cualquier otro lugar.
Lo mejor será salir tranquilos, sabiendo que llegaremos, pero disfrutando de todos los momentos, cuidando cada detalle, viendo nuestro tablero para ver si el vehículo está bien.
También algunas de nuestras rutas, me ayudan a entender el camino al cielo. Hay caminos llanos donde parece verse el destino, las luces nos anuncian el lugar donde vamos, y estas , están más cerca o más lejos. Puedo pasarme viendo las luces y desesperarme por llegar, y no darme cuenta de tantos baches que hay en la ruta, que al final me rompen tren delantero, las cubiertas se destruyen, el auto se sacude permanentemente porque no tuve la precaución de observar los defectos del camino.
También puede suceder que mire tantos los baches, las alternativas del camino, los defectos de la cinta asfáltica o del camino de tierra, que me olvide de la meta, y sufra tanto por aquellos, que mi auto quede deteriorado sin poder llegar. Lo mejor será mirar con un ojo la meta y con el otro, el camino, así será más fácil. ( y tratar de ver menos el espejo retrovisor)


Tenemos dos alternativas: esperar sentados, llenos de temor, que llegue la muerte, o esperar de pie. La primera alternativa, nos hará sufrir mucho porque nadie sabe ni el día ni la hora.
La segunda forma es la que Jesús alaba en esta cita.
¿Como estamos nosotros? Ojalá que al final del camino, ese día en que seremos juzgamos en y por el amor que dimos a los demás, el Señor, nos encuentre trabajando, con las manos llenas de buenas obras, con nuestros talentos multiplicados en nuestro bien y en el de los demás, con nuestro tiempo consumido en dar, cuidando nuestras familias del ataque exterior que la quieren destrozar, cuidando nuestro vida espiritual.

Ojalá que al final de los días pueda decirnos:


Feliz de ti que te has convertido en pobre de espíritu,
Feliz de ti, ven te consuelo en tus penas y sufrimientos porque has luchado,
Feliz de ti porque creciste en paciencia, porque fuiste paciente con los que no pensaban como vos,
Feliz de ti porque luchaste por un mundo más justo, tu mundo ese pequeño que te di,
Feliz porque fuiste compasivo,
Feliz porque creciste en la pureza de corazón y miraste a los demás del mismo o distinto sexo, con otros ojos, los míos,
Feliz porque trabajaste por la paz en tu mundo, pequeño o grande.
Feliz porque por todo esto, por ser bueno, por estar de mi lado, te insultaron se burlaron, te dejaron a la vera de muchos caminos.

Si, quizás la mejor forma de esperar, nuestra mejor gimnasia, sea repasar todos los días de nuestra existencia, las bienaventuranzas del Señor, y actuar en consecuencia.
Ese es un camino espiritual, que seguro, aunque haya muchos baches, caídas, recaídas, conduce al cielo sin ningún desvío.
¿nos animamos? Que el final nos encuentre trabajando…
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