viernes, 26 de agosto de 2011

Mateo 25,1-13.

Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite,
mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.
Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.
Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'.
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'.
Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'.
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos',
pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'.
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.




Las jóvenes vírgenes tenían su lugar especial en las bodas. Jesús, observador como era, no dejó pasar ese detalle para catequizar, para dejar un mensaje para los de su tiempo y para nosotros, que transitamos este tiempo y este mundo, el nuestro, el de cada día.

En las bodas, después de que el día se ha pasado en bailes y otras diversiones, tiene lugar la cena de la boda, después de la caída de la noche. Luego, la novia era conducida a la luz de antorchas, a la casa dele esposo. A cierta hora, un mensajero anunciaba la llegada del esposo, que hasta entonces ha tenido que permanecer fuera de la casa; las mujeres dejan a la novia y van con antorchas al encuentro del novio.
Las antorchas debían entonces permanecer prendidas, pues, obviamente, no había luz eléctrica que en cualquier momento se puede encender. Esas antorchas eran el único medio para alumbrar. Prenderlas también era otro problema, así que había que mantener siempre encendida. La noche se hacía larga en ocasiones, entonces, ser precavido, era llevar un poco de aceite para aumentar, evitando que se apague.
Y así pasó lo que pasó. Cinco fueron esas prudentes, y cinco las que creyeron que con lo que había estaba bien, que alcanzaría, que el novio no tardaría tanto, o simplemente por confiadas, porque no tuvieron la precaución de llevar un poco más.

¿hicieron algo malo?. Dejaron de hacer algo bueno, que era proveerse del aceite necesario. Y eso que todo transcurría en una noche o un poco más. Y que ese pequeño “trabajito” de ser una de las jóvenes que acompañaba al novio, era algo esperado por muchos, era un tesoro , una dicha , un orgullo.


Hoy Jesús, nos invita a la fidelidad, a sentirnos parte, a saber que encontrarnos con Él, es el mejor de los tesoros que podemos hallar, porque es un tesoro eterno, es la VIDA misma. Es sentirnos orgullosos de pertenecer, no como quien pone el título de cristiano en los lugares donde va, sino pertenecer a la gran familia de Cristo, donde nos sentimos como en casa, donde hay paz, donde se siente un perfume diferente, donde Mamá María nos protege cuando estamos cerca y cuando estamos lejos.

Pero , como dice el refrán,” lo difícil no es llegar sino mantenerse”. También Jesús nos pide perseverancia, y ahí comienza a apretarnos un poco más el zapato, porque aparecen las espinas, las piedras en el camino, las preocupaciones que ahogan nuestro compromiso, aparece la rutina en la vida cristiana, de hacer siempre lo mismo porque así estamos bien, no hay ganas de crecer en lo espiritual, no leemos un poco más, la Biblia pasa a ser un objeto de adorno, y lo vivido, las experiencia hermosas que nos regala Dios, pasan a ser un lindo recuerdo y nada más, o vivimos anhelando que llegue siempre uno de estos encuentros para recién ahí avivar nuestra fe.

Quizá sea algo que a todos nos cueste. Cuando se apagan las luces del escenario y todo queda en silencio, parece que también se silencia Dios en nuestra vida, y cuando solo estamos Él y yo, ya nos parece aburrido, tenso, y muchas veces no gozamos de esa presencia solitaria con Jesús, sino que nos cansamos y partimos a otro camino.

Hoy nos pide perseverancia, y no de días, horas. Nos pide perseverancia en el tiempo.


Con la fidelidad y la perseverancia, seremos luz, pero luz de faro ese que está siempre prendido y que alumbra a los que navegan y no saben donde están, , no como una luz intermitente que solo alumbran por ratos y poco ayudan, o de esas lámparas que tienen sensores de movimiento, que se prenden solo cuando pasa alguien o hay un movimiento ( los que se encienden solo cuando tienen un compromiso apostólico pero se apagan cuando se acaba) .

Y como esto, por todo lo que nos agobia, muchas veces se hace muuuuy difícil, quizás deberíamos hacerla más fácil: pidamos a Dios, al buen Jesús, que nos ayude, que nos de la gracia de la perseverancia, porque aunque parezca que es algo que depende de nosotros, de nuestras ganas, de nuestra pasión, de nuestro esfuerzo, sin su gracia será difícil, porque nuestras fuerzas humanas se verán desbordadas por la oferta del mundo.
Podemos repetir todo el día, como nos dice Daniel Poli en su bellísima canción:

Señor, aquí tienes mi lámpara encendida
Enséñame a llevar tu luz por toda la vida

Para que cuando vengas
a mi puerta a golpear
yo pueda... tu rostro contemplar

Con la fidelidad y la perseverancia, seremos luz. Y siendo luz, la tendremos para nosotros mismos poder contemplar al final de nuestros días , el rostro de Jesús.
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