domingo, 11 de septiembre de 2011

LOS SIETE DÍAS DE JOSÉ

1º de julio, horas 11.05. pongo la hora porque no se a que hora voy a terminar.Es que estoy con mucha pero mucha bronca. No puedo entender, tolerar, digerir, lo de mi viejo. Ayer pasó algo que podría decir, fue la gota que rebalsó el vaso. No puede ser lo que me hizo este hombre. No tiene nombre. Si, siento que me lo hizo a mí. Me siento dolido, muy dolido. Triste a la vez de haber tenido YO que tomar esta decisión. El tiempo me dará la razón y él se dará cuenta del error garrafal que ha tenido. Y todo culpa de mi hermano… mi hermanito… pendejo insufrible. Es una historia larga que quizá sea mejor contarla entera para que todos se den cuenta de quien es este tipo ( mi papá… o mi ex papá porque creo que nunca más volveré).Además necesito hacer catarsis porque estoy ardido de la bronca y si por casualidad alguien se cruzara por el camino creo que lo voy a reventar a trompadas. Tal es mi estado de ira que anoche, primera noche en este hotel, no pude pegar un ojo. Tengo 20 años. Mi hermano tiene 16 años. Hace un año, mamá nos dejó. Un cáncer fulminante de páncreas no dio tiempo a nada. Ye estaba viviendo a pleno mi juventud, y mi dolor fue muy grande, no sólo por la pérdida de mamá, sino porque veía el rostro acabado y deprimido de papá. Se amaban muchísimo. Eran el uno para el otro. No había secretos entre ellos. Mi mamá tenía una mirada serena y dulce propia de una mujer de campo que había velado siempre por sus dos hijos. No tanto por mi, poco me acuerdo de alguna caricia. Pero si por mi hermano ( o ex hermano?)… era el mimado. Estaba siempre en sus ojos. La daba vuelta a mi vieja. Yo vivía renegando contra eso… mucha injusticia. Toda la vida me pasé cumpliendo con mi deber de hijo: estudio, en el hogar, luego con el trabajo. Les cumplí en todo. Carlos, no. Él parece que tenía coronita. Era vago, andaba en malas juntas…pero sin embargo mi mamá lo quería mucho. Pero pasó lo que pasó. Se nos fue. Y mi papá viudo vio derrumbarse un castillo hecho por años. Dos días después de la muerte de mamá, Carlos a la hora del almuerzo le dijo: papá: me voy. Mi vida no tiene sentido sin mamá. Quiero hacer mi propia vida. No me volverás a ver… Pero hijo… dijo papá… Él siguió con un monologo inimaginado. “No me banco estudiar. Tengo el auto que me compraste. Con él , conseguiré trabajo de remisero o algo. Me daré vueltas solo. Me voy con unos amigos. Ellos tomaron la misma decisión que yo y están dejando sus familias que ya no son porque no tienen padres. Nos iremos a un lugar donde no nos encontrarán. Cambiaré el chip del celular, porque no quiero tener contacto con vos ni con nadie que me recuerde esta familia.” Yo pensaba que estaba teniendo alguna crisis emocional por lo de mamá, pero seguía derramando pálidas al pobre viejo que no salía de su asombro y me asusté cuando papá comenzó a tocarse el pecho con mucho dolor. Yo quise detener a Carlos, pero no hubo caso. Cargó algunas reservas en el auto, tomó un dinero que le había dado mamá cuando ya sabía lo de su enfermedad y se fue sin saludar a nadie así, como así. Que dolor que nos causó!!!!. Esa imagen de papá no volveré a olvidar por el resto de mis días. Había envejecido veinte años . Se fue su amada, y se fue su hijito, al que tanto había mimado En un primer momento pensé ir detrás de mi hermano. Pero algo me contuvo. Pensé: ya está. Es su vida. Que haga lo que quiera. Y volví a la imagen de papá. Lo abracé y me prometí nunca fallarle, siempre estar a su lado. Los primeros días fueron tremendo: papá tratando de averiguar a donde fue Carlos. Pero aparte con una soledad que le partía el alma. Cerraba la puerta de su cuarto con llave, y muchas muchas veces lo escuche llorar… le rezaba a mamá, hablaba con ella. ¡Pobre viejo! Bah… ahora ya no pienso lo mismo. Me acuerdo un 20 de mayo. Tocaron la puerta. Ella el gerente local de una cadena de negocios de electrodomésticos… si… en persona. Carlos fue por ahí, y se llevó cuatro artefactos distintos. Los puso a nombre suyo y mandó la cuenta a papá--- el muy cretino… se aprovechó de la honradez y lo buen tipo de mi viejo y que todos en la ciudad, saben quien es él y nunca podrían imaginar el tipo de hijo que tiene… y él … lo pagó. Yo me enteré porque manejo sus cuentas. Cuando vi lo que hizo lo increpé ( primera vez… creo que tendría que haber sido más fuerte y severo con él). Le dije que cómo se le ocurre pagar una cuenta de ese cretino… que hubiera hecho la denuncia… que no sea tan … pero él… nada.. Levantó la vista y me dijo algo que nunca llegué a entender: lo pago yo para que su nombre quede limpio… que va a quedar limpio! Pensé para mi… atorrante, lo que hizo no tiene nombre. Yo pensaba que mi viejo pagaba pero para salvar la dignidad de su apellido, dignidad que tanto le había costado conseguir. Y así fueron cuatro veces: el mayorista de comestibles, dos veces una estación de servicio y una vez un restaurante al que le pagó una comida brutal para 12 personas… que hdp… y mi viejo siempre la misma respuesta. Me molestaba mucho que a pesar del dolor, él saliera siempre a esperarlo, mientras el otro, muerto de la risa, se pasaba el apellido, su dignidad, el amor de la familia por lo más bajo. Jamás lo entendí al viejo. Yo pensé que era una especie de esquizofrenia producto de tantas pálidas. La última vez tuvo que salir a pedir plata prestada para saldar la cuenta. Una vez, hablé sobre este asunto con él. Me dijo que en parte se sentía culpable porque no retuvo a Carlos, pero que pensaba que el hecho que se había ido, era parte de la educación que le dio, una educación en la libertad y que por eso más le dolía, porque si bien le había dado la libertad, parece que no le había enseñado a usar de ella. Y tenía una mezcla de tristeza, de desilusión, de esperanza… ¡qué difícil se me hacía entender!. Me dijo que esperaba que su hijo volviera. Que confiaba en Dios de que alguien o algo lo hicieran recapacitar. Para colmo, en ese tiempo, Carlos se metió con un grupo pesado, lo que hacía pensar que su vida tendría un final trágico. Era un grupo que consumía marihuana y que se metía en cuanto festival de rock se organizaba en la ciudad. Una vez me dijeron que lo vieron tirado en una esquina, con la cara ensangrentada, sin pantalones, totalmente borracho, los pelos llenos de barro y durmiendo. Para mí, la verdad, era asunto terminado. Él , era mi hermano. Ya no. Porque yo me debía hacer problemas por un tipo así?, soy yo acaso guardián de mi hermano???. Y paso lo que pasó ayer… lo que me puso furioso, porque una cosa es la bondad y otra cosa la boludes. Apareció. Llegó con el pelo teñido de bordó, azul y verde. Flaco., con tatuajes de marylin manson en sus brazos. Su ropa impregnada de olor a marihuana. Unas zapatillas roñosas y musculosas sucias con los pantalones vaqueros cayéndoseles sujeto ( ¿sujeto?) por un cinto metálico en forma de cuadraditos… Yo estaba viendo por la ventana de arriba de casa. Estaba esperando que le pidiera a mi viejo, algo de plata para irse de nuevo. Incluso tenía miedo, porque me dijeron que chicos en su estado suelen recurrir a la violencia contra su propia familia para conseguir dinero. Traía un bolso o algo así. Y cuando estaba por bajar para agarrarlo del cuello y hacerle pagar una a una las humillaciones que nos hizo pasar este tiempo, papá le dio un abrazo cuando Carlos apenas levantó la vista. Le acariciaba la cabeza sucia. Yo estaba convencido que sacaría una punta y se la clavaría para robarle, pero Carlos se tiró de rodillas y mi viejo… lo besó!!!... noooo… ahí ya no aguanté más. El viejo lo llevó adentro. Le pidió a Marta, nuestra empleada, que le diera un plato de comida, lo acompañó al dormitorio que había reservado desde que se fue, lo ayudó a sacarse la ropa y a bañarse. En ese momento bajé y por segunda vez lo increpé: papá!!! Que te pasa? Estás loco? Sos boludo o que te pasa? Porque lo recibís? Para que te haga mierda de nuevo? Para que te robe la plata que tenés guardada y se vaya de nuevo? Para que se meta acá en casa con sus amigos faloperos y nos destruyan lo construido???’ estas loco papá??? No puedo creer lo que estás haciendo… En eso pasó Carlos e intentó saludarme con un abrazo o algo así… que asco! Me dio repulsión tanta hipocresía. Cuando se fue el “niño”, mi viejo me miró y me dijo: tu hermano ha vuelto… no te alegra? NNOOO… contesté. No me alegra. ¿Porque tenés que hacerle tanto recibimiento y fiesta?… malgastó tu plata, tu apellido tu dignidad. Tiró abajo los valores que le diste. Nos jodió la memoria de mamá. Destruyó el status que querías tener entre tus amigos cuando hablabas de tus hijos. Yo estuve siempre con vos, no has sido capaz nunca de superar el dolor de mamá y de Carlos para gozar conmigo algunas cosas, para acompañarme a pescar… siempre esperando a este hijo de puta. Cada vez que hice un asado con los amigos, estuviste poniendo cara de pena porque no podías disfrutar nada…¡Claro! Estabas esperando a este atorrante… Pero José, me dijo papá, con una mirada que me daba más bronca porque trataba de ser tierno conmigo… todo lo que hay aquí es tuyo, todo lo mío es tuyo… la casa, los bienes, el dinero del banco… todo lo mío es tuyo, ¿porque nunca gozaste vos de ese beneficio? Yo nunca pensé en vos como en un hijo… pensé en vos como parte mía que estaba sufriendo… por favor hijo o hermano… te lo ruego… No papá… estoy harto de tu locura…quedate ahí con tu hijito.. ya vas a ver cuanto tiempo va a durar su dolor… yo me voy y haré como hizo ese crápula, no me busques. Y aunque sentí la congoja del viejo, me fui… ya se le va a pasar y espero que se me pase esta bronca que me tiene con la presión alta desde ayer.
2 de julio:¿ porque me hizo esto? Todavía no puedo digerir el dolor que me ha causado esta situación. Yo le di todo a mi viejo. Le di mi niñez, mi juventud. Estuve atado siempre a sus proyectos que para mi son palabra santa. Nunca le hice faltar nada, nunca le di un dolor de cabeza. Siempre he sido el hijo ejemplar que todo padre quiere tener. Estoy harto de esto. He vivido, he sufrido. He gozado todo absolutamente todo al lado de mi padre, y ahora me caen las fichas que a él, el único que le interesa es Carlos con toda su caradurez. Ojalá yo hubiera tenido porquería en la cabeza para hacer lo mismo que él, haber si así papá y mamá me hubiesen considerado. ¡Que me viene ahora con que: todo lo tuyo es mío!... cuando me lo dijo?, cuando me lo hizo saber?...cuando me dio a entender que sus bienes son míos? Jamás… Yo lo sostuve cuando lo de mamá… yo lo sostuve cuando lo de Carlos… yo desde siempre lo miré como al ídolo. Para mi su palabra es …era… palabra santa. Hice de sus decisiones mi biblia. No había cosa más importante para mí que la palabra del viejo. Cuando cumplí 18 años opté por no ir a la universidad para meterme de lleno en los negocios de la familia… la pucha… como me arrepiento de haber hecho eso. Es que mi familia lo necesitaba. Mi mamá estaba ya enferma y mi papá necesitaba quedarse con ella casi todo el tiempo. Y yo estaba ahí al frente de todo, luchando incluso contra la pereza de Carlos. Jamás escuche de boca de papá una palabra de aliento o un gracias por lo que hacés. Me privé de salidas con amigos y amigas por no dejarlo sólo. Luche contra todos para poner la empresa en condiciones de competitividad que ni el mejor erudito en administración de empresas podría hacerlo. Todo para papá, para que sienta orgullo de su hijo mayor. Cuando se fue Carlos, traté hasta de suplantarlo en el cariño y traté que la ausencia del hijo preferido se note menos… cuantas noches en la que preferí hacer compañía al viejo viendo alguna película, que yéndome a festejar algo con mis amigos… la pucha… y que merecido que hubiese sido mis salidas. Si señor… es muy injusta la vida. Yo, trabajando con afán todo el tiempo, y los aplausos se los lleva aquel que no solo no hizo nada sino que se empecinó en destruir lo hecho por los otros. La verdad estoy destrozado. No le puedo encontrar un mínimo de comprensión a lo que pasó. Porque me hizo esto? Seguro que si yo le mando la cuenta del hotel él me la va a pagar! ¡que vá!... estoy seguro que estará festejando a su hijito: estaba muerto y ha vuelto a la vida, me dijo!!! Pero es la muerte que él se buscó!!!! Que ¿acaso no somos libres para elegir nuestro propio destino? Que acaso no somos responsables por elegir ese destino?... No… no puede ser. Creo estar metido dentro de una pesadilla. Recuerdo hoy con mucha alegría, pero con mucho dolor a Rosana, aquella chica que me gustaba mucho , mi amor platónico de chico, aquella que me miraba con esos ojitos que me querían decir algo, a aquella que rechace por ser fiel a la promesa hecha de vivir al lado de papá para protegerlo, ayudarlo… ¿Dónde estará ella? Seguramente ya habrá respondido a alguien que fuera más “carlos” que yo Bah… mejor me voy a dormir. Aca tengo todo lo que quiero: una buena cama. Todos los canales de películas. Baño con jacuzzi, frigobar para mi solo… que más puedo pedir?... desde mañana comenzaré a buscar algo para hacer. Tengo las cualidades suficientes para manejar todo tipo de empresas sin pedir ayuda a nadie. Tengo plata para quedarme en este hotel un mes entero y más……
3 de julio: ¡ qué caradura!... le he mandado más o menos veinte email en el tiempo que no estuvo. JAMAS se dignó contestarme alguno. Al principio le ordenaba que volviera… después casi le supliqué y nada de nada… ¿ y ahora? : me escribe él un email al que por supuesto ni pienso en contestar. Mucho daño le hizo a la familia… mucho daño me hizo para ahora hacerme creer que vuelve para quedarse… y si se queda: que lástima la verdad… porque yo estaba muy cómodo sin él. Tenía una preocupación menos… “hola hermano: te escribo no para pedirte que vuelvas como has hecho vos desperdiciando su tiempo con un tipo que como yo estaba en medio de la oscuridad. Cuando murió la vieja, sentí un profundo vacío en mi vida. Me sentí solo porque papá estaba muy dolorido y apenado y no podía siquiera mirarme a los ojos. Y de pronto me di cuenta que aquel muchacho mimado, era un enorme estorbo para el resto de mi familia y sobre todo para vos, que siempre estuviste ahí firme lidiando hasta conmigo y no me parecía justo. Asi que algo me impulsó a decirle lo que le dije a papá ese día: me voy. Yo jamás hubiera pensado que tendría el valor de hacerlo, pero estaba seguro de mis fuerzas… uf… seguro de mis fuerzas: era lo que yo creía. Y me fui con mis amigos. No quise mirar para atrás. Tenía miedo de encontrarme con la mirada de papá y arrepentirme de la decisión tomada. Tenía miedo de mirarte a vos y pensar todo lo que habías hecho por mi… y arrepentirme. Me fui. El auto me duró tres meses. No conseguí absolutamente nada. Lo vendí y con la plata hice lo mismo que con mi libertad. La esfumé. Los amigos se fueron. Conseguí unos trabajos transitorios pero que no pagaban casi nada. Aparecieron los amigos que siempre aparecen en la calle. Aquellos que involuntariamente viven la falta de dignidad, la pobreza, los que nunca tuvieron la suerte que tuve yo de tenerlos a uds., de tener un hogar. Muchos de ellos eran huérfanos de padres vivos. Nos íbamos a cuanto festival pesado había. Probé cocaína, marihuana, me crakee, sentía la libertad a flor de piel, aunque esa libertad me llevó a una esclavitud muy grande, la de la dependencia, contra la cual estoy luchando. Los últimos dos meses fueron lo peor. ¿ te acordás cuando los poceros de la finca nos decían que desde el fondo del pozo se ven mejor las estrellas?... jamás hubiera querido llegar hasta el fondo… Como no tenía plata, me tiré al paco que era lo más barato que podía conseguir. Es que aunque robaba carteras a las mujeres y jubilados, la plata se me iba de la nada. Me obligaban a compartir lo que robaba porque vivía amenazado… y yo me busqué todo esto. Hace siete noches en una juntada, después del paco, me tiraron una bolsa con poxi, y fue tal mi desesperación que me embarre con el poxi todo el cabello y mi cara estaba como sujeta con algo. Esa noche los chicos cuando yo ya estaba mal, me hicieron probar una bebida empastillada y tuve un coma alcohólico. Me abandonaron en esa esquina y se fueron, llevándose la remera que yo tenía y que era como la ropa que llevaba, la única propiedad mía ( cuando lo tuve todo en casa). Alguien llamó al 911 y me llevaron al hospital. Recuerdo sólo que el frío me helaba los huesos y que no podía dejar de tiritar. Me tiraron como una bolsa de escombros sobre una camilla y me taparon con una frazada muy finita. Tiritaba muchísimo. Tenía frente a mi, una pared de azulejo y escuchaba voces, solo voces sin sentido y me parecía que la gente corría o que daba vueltas alrededor mío. Ahí pasó algo que te quiero contar: apareció una monjita o algo asi. Tenía un vestido blanco y uno de esos pañuelos celestes que no se como se llaman que le cubría toda la cabeza. Me miró y me dijo: en tu casa hay un colchón suave, hay calor de hogar y te esperan: te juro que era mamá, José, era mamá… cuando me quise dar vuelta para hablar, para tomarla de la mano, para suplicarle por mi, ya no la tenía, no estaba se fue… pero era mamá… te lo juro… Pensé tanto en esos días en la frase de aquella señora: en mi colchón, en mis frazadas, n el plato caliente de comida, en la estufa a leña, en el calor de mi hogar, en el trabajo que vos siempre me ofrecías, pensé en mi ropa… ¿Qué habrían hecho con todo eso? no tenía derecho a pedir nada. Antes de entrar al hospital, en un día de lucidez lo vi pasar a Marito, ese empleado tuyo. Iba en moto nueva. Una buena campera. Acompañado de una mujer que creo es su esposa. Ese día cuando salí del hospital me dije : pero Carlos, hasta los empleados de la casa están mejor que vos, y vos aquí con frío, hambre, solo, completamente solo, que te aseguro hermano, es peor que cualquiera de las otras carencias. La soledad no te da seguridades. La soledad, de saber que no tenés a nadie con quien contar, te mata de a poco. Te sentís que a nadie le importás, que sos una basura para la sociedad, te hace incapaz de establecer una relación importante con nadie, porque pensas que esa persona se une a vos por lástima… A los dos días me dejaron ir. Era la tercera vez que entraba al hospital y algunos parece que se compadecían de mí, porque me despedían con una sonrisa. El guardia me dijo: hasta pronto… seguro que saben que cuando uno esta en esto, siempre vuelve a caer. No dudé un solo segundo. Venía para la casa pensando decirle algo al viejo como que me haga un peón cualquiera, que me trate como el peor de los empleados. Venía a decirte a vos que fui una mierda que no merecía nada, y a suplicarte por un trabajo de lo que sea. Traspiraba. Estaba muy nervioso, porque pensé que papá me iba a agarrar a garrotazos (bien merecido los tenía). Que no me iba a hablar. Me temblaban las piernas. Estuve muchas veces con la firme decisión de no volver. Me paré en tres esquinas. Me arrepentí varias veces. Lo que me alentaba era el recuerdo de aquella mujer hermosa del hospital. Demoré media hora en hacer las últimas dos cuadras. Todos los vecinos me miraban. Algunos me saludaban como que no hubieran sabido nada lo que me pasó. Otros estaban muy extrañados. Es por el color de mi pelo, por mi aspecto harapiento, porque todavía en el pelo tenía resto de poxi y un olor que ni yo me aguantaba. Al fin llegué. Cuando estaba por tocar el timbre, salió papá. Parece como si me estuviera estado esperando. Cuando le iba a decir que me deje trabajar de lo que sea, me empezó a fallar la voz y no podía hablar. Me tiré de rodilla y papá me abrazó hermano, me abrazó y me besó. No sabía como zafar de él porque me consideraba tan sucio, tan miseria, y sin embargo me abrazó y me besó el pelo sucio, inmundo y oloroso y me decía al oído: te quiero mucho… Fue muy fuerte para mi. En ese momento me sentí una mierda aún más grande. Volví por un plato de comida, por una cama suave, por un trabajo digno y ni siquiera pensé en papá, en su amor, en lo que había dañado en él. No sabés cuanto te estuvimos esperando, me decía. Le dije pero si mamá murió. Él me dijo José y yo Que tipo maravilloso, josé. Que amor más grande el del viejo. Que paciencia la suya. Me llevó hasta mi cuarto. Lo tenía limpio. Tenía mis fotos en la mesita de luz. No había tocado nada. Me estaba esperando. Y yo pensando en mi estómago. ¿Por qué nunca pensé en el dolor que le producía?, porque fui tan malvado con él? Creo estar a tiempo, hermano. Vi las estrellas desde el fondo del pozo y de aquí nunca más nadie me sacará. Ahora me siento seguro para poder hacer el tratamiento. No me dijo nada papá cuando le contó de mis adicciones. Me miró, parece que me amó más todavía, me volvió a abrazar: ahora lucharemos todos juntos, me dijo. Cuantas cosas pensé desde aquel momento: creía que el mundo, se alejaba de mi… yo me alejé de mi hogar. Creía que nadie me quería: papá me ama como nunca nadie lo había hecho por mi. Aguantar lo que aguantó: el ultraje que hice de su nombre, la aprovechada que me di de su cuenta bancaria, el haberle robado la ilusión que tenía conmigo… y sin embargo: ME ESTABA ESPERANDO… Hermano, (hoy te digo Hermano querido). Te pido perdón. No pude decirte nada el otro día. Perdón. Infinito perdón. No soy digno que me devuelvas este email. No soy digno de tu confianza y mucho menos de tu amistad. Perdón de nuevo. Perdón por el dolor producido. No te pido que vuelvas. Vos sabrás. Es tu libertad. yo la use mal, muy mal. Me siento totalmente arrepentido y espero que algún día puedas perdonarme, y aunque no me lo digas, no importa, espero que algún día te acuerdes de mí sin rencor. Yo trataré de hacerme digno de vos y de todo lo que hiciste por papá, por mamá y también por mí. Te quiero hermano. Te quiero…
4 de julio: ayer estuve a punto de eliminar un montón de veces ese email. Esperaba el momento de que leyendo encuentre alguna frase de “consejo” y juro que en ese momento apretaba el botoncito de eliminar. No encontré esa frase. Después de leerlo también. Porque sentía mucha bronca: ¿Qué no sabía él a que se exponía?, ¿ no había sido educado en la astucia se saber que hay personas que se provechan de uno y lo quieren solo en las buenas? … y un montón de preguntas similares. Debo confesar que lo que decía de mamá, me contuvo de eliminar aquel email. No sé. Como que había algún punto en común con él que era la devoción que teníamos por mamá. Yo a mi manera, él a la suya. Salí a caminar desde temprano hoy a la mañana y ví muchos chicos jóvenes en actitudes que podrían haber sido de mi hermano. Me conmoví con un chiquito de unos siete u ocho años, de mañana muy temprano desperezándose y quitándose unos cartones, a la vuelta del almacén de don Julio… había pasado la noche ahí. Estaba acompañado por un perrito que movía la cola tan feliz que levantaba a aquel chiquito con una sonrisa. Me conmoví con un chico y una chica a las nueve menos cuarto de la mañana, con dos botellas vacías de cerveza en el piso y una en la mano de cada uno a medio tomar. Me dio mucha pena la chica, porque parecía una chica de condición social media alta. Sin embargo estaba allí con aquel muchacho, sin reconocer la dignidad de mujer, menos la dignidad de persona. Me conmoví con una señora jovencita de unos treinta años o menos con tres chiquitos sucios, pidiendo en un semáforo… La verdad que vi en cada rostro de ellos y en los de todos los que vi, el rostro de Carlitos. Y pensé tantas veces en el porque había hecho lo que hizo… no lo podía entender… si tenía todo en casa.. Creo que viendo aquellos rostros, aquellas imágenes, empecé a pensar en mi hermano con un poco de compasión. Si. Fue compasión. Por una vez en la vida, no pensé el daño que “me” había hecho, sino en la tristeza en la que debe haber estado metida su vida, los días que estuvo fuera de casa. Entiendo que lo que hizo estuvo mal, muy mal. Pero yo, que había pensado que en esa vida de libertad, él estuvo bien, estuvo feliz, estuvo “libre”, me doy cuenta que en ese estuche de felicidad, había una profunda tristeza, soledad, desesperación, esclavitud. Porque no solamente estuvo cautivo de la falta de medios económicos, sino cautivo de la indignidad, del alcohol, de sus drogas. En definitiva quien soy para juzgarlo. Más daño le hizo al viejo, y él lo perdonó, lo aceptó, lo curó, lo recibió con los brazos abiertos. Él eligió ese camino de libertad. Le salió mal. ¿y?... eso es motivo para que yo no lo reciba de nuevo?. Me vienen muchas imágenes de cuando éramos más chicos. Cuando yo jugaba a ser el papá de él. Me contaba mamá lo celoso que yo me había puesto cuando él nació. Y como se me fueron pasando los celos, porque era mi compinche, era mi mascota, era mi todo. Yo era muy feliz con él. Debo reconocer que desde chico Carlitos era mucho más simpático que yo. Parece que yo asumía mucho eso de ser “hermano mayor”. No me permitía las mismas morisquetas que mi hermano. Él era pura sonrisa. Le pedían que cante, él cantaba. Le pedían que baile, él bailaba. Yo, en el fondo, ahora creo que envidiaba esa forma de ser de él. Mi mami lo quería mucho, y era con quien mi viejo, se llenaba la boca hablando con sus amigos. Siempre tenía esas intenciones de ser algo grande en la vida. Le gustaban los riesgos. Vivía al límite. En el colegio, en el barrio. Me vivía diciendo que yo era muy serio. Yo le hacía saber muchas veces, el dolor de cabeza que era para el viejo, que él sea como es. Las veces que tuvieron que ir al colegio por algún problema de conducta o mala nota. Pero siempre creí que él vivía la vida de una manera libre, sin prejuicios, a pesar de ser tan chico, era como que siempre quería desplegar alas para comenzar a volar. Cuando mamá enfermó, él interiormente negó la enfermedad., no podía ver a mamá en cama, sufriendo. Comenzó a negarla, no le importaba mucho… bah… eso creo. Alguna vez leí una especie de carta o, poesía que hizo, donde hablaba del dolor de la muerte, y odiaba la muerte porque la tenía cerca, pero como a un enemigo cierto, no quería mostrarle miedo. No podía permitir que ese enemigo le ganara la batalla con el ser que más quería en la vida. Y fue. La batalla la ganó la muerte. Y creo que él pensó que el enemigo le había ganado a él. Y decidió irse. Pobre Carlos! Creo que recién ahora comienzo a entenderlo y a compadecerme de él. No se si su cambio será muy firme…. No lo creo. Pero llegó hasta el fondo del pozo, y como él dice, pudo ver las estrellas con mayor luminosidad. Ahora está con papá. Seguro que él lo ayuda porque creo que si fuerte fue su arrepentimiento, mayor fue el amor que encontró en el viejo. Con un tipo asi de su lado, ¿quien podrá hacerle daño? Me parece que la mayor firmeza de Carlos estará que se ha abierto al amor del tata, y que su seguridad, no es ya la de un jovencito de 17 años, sino la mano generosa y el corazón grande de papá. Estoy cenando en un lugar tranquilo. Me espera la cama del hotel, la tele para mi solo… aunque también me espera un poquito de soledad … extraño a papá. 5 de julio: hoy me pasó una cosa, al menos curiosa. Esta mañana durante el desayuno, organizando mis actividades de búsqueda de empleos, casa donde mudarme, viendo oferta de ropa, pensé en lo que Carlos me contaba de aquella mujer. Me dio curiosidad así que me fui al hospital donde había sido atendido. Era antes de las nueve de la mañana. Cuando llegué, media hora después, pregunté al guardia de seguridad si había visto unas monjitas de blanco con pañuelo celeste en la cabeza, y me dijo que aún no habían llegado. Me senté a un costado de la sala de espera de la guardia. La recepcionista cada tanto levantaba la vista y me miraba como preguntándose que haría yo ahí porque no me acerqué en ningún momento hasta mesa de entrada. Esa sala, veía a dos pasillos larguísimos de unos cuarenta metros cada uno. Al final del mismo vi entrar a dos monjas de estas y como pude, distinguí una que fisonómicamente era parecida a mamá… quería ver quien era la que había en cierta manera influido en Carlos. Me levanté y fui a seguirla, pero entró en una sala y cerró la puerta. Yo ya estaba ahí. No iba a volver a tras. Me decidí entrar a la sala. La puerta tenía un papel común escrito a mano que decía :” en esta sala están los enfermos terminales de cáncer, a los que les quedan días u horas de vida. Por favor, cuando ingrese hágalo con una sonrisa y toda la buena onda de que disponga. Su presencia ayudará a mitigar un poco su dolor” La verdad que la nota me causó sorpresa, porque me pregunté quien podría haber puesto esa nota de mal gusto: ¿si los enfermos la veían?... … que mala idea… Entré. Por suerte en la sala había una sola señora en una habitación de seis camas. La cama estaba al lado de la puerta por donde yo tendría que pasar siguiendo a mi monjita. La saludé con una sonrisa y ella me dijo: Rubén?... no. Le dije. Ah… pensaba que era mi hijo… me podrías hacer un favor? Yo miré la puerta, renegué un poco pero le dije: Bueno. Te podés acercar? Me dijo. Me acequé, me senté en una silla de esas que están siempre al lado de la cama. Me tocó la cabeza y me dijo… yo creía que era mi hijo… no, ya le dije que no soy su hijo. Me podés retirar la chata? … creo que empecé a arrepentirme de haber entrado ahí. Saqué su chata, tire todo en el baño, lave su sanitario y la traje de nuevo. Era realmente una pobre mujer, enferma terminal de cáncer. Estaba totalmente calva, muy flaca, demacrada con el color propio de estos enfermos. Cuando me senté al lado de ella, me agarró fuerte la mano. Me contó algunas cosas de su vida: la vida le regaló cuatro hijos, tres mujeres y Rubén… su esposo murió hace quince años, vive sola. Sus hijas casi ni van a verla. Su hijo, la dejó en el hospital hace dos meses y no volvió a verla. Pero que ella siempre tiene la esperanza de que aparezca algún día por ahí. Su cáncer es de pulmones. Fumaba mucho. Me contó que llegaba a los dos atados por día, en un ambiente donde todos fumaban. Lamentablemente el cáncer había tomado todo su cuerpo. Estaba sentada. No podía acostarse. Necesitaba para estar más tranquilo un colchón de agua pero sus hijos ni saben de esto, así que tiene toda la espalda y piernas llagadas. Pobre! Me mostró su cuerpo lacerado, y ni siquiera que le queda el pudor, de no mostrar hasta lo más íntimo. Es que la vecindad de la muerte, parece que nos hace así. Las hijas le dieron en total seis nietos, pero que no los llevan a ver a la abuela porque tienen miedo que se asusten. Había sido feliz. Le había dado de todo a sus hijos a costa de mucho sacrificio. Vinieron con su marido escapando de la guerra civil española y aquí habían luchado a capa y espada contra la soledad la discriminación, la pobreza. Deseaban fervientemente que sus hijos nacieran en esta libertad. Ahí en esa cama, sóla, abatida, tenía una profunda tristeza, a causa del desprecio que ella sentía de sus hijos en estos días. -Se murieron los dos compañeros de pieza, en la última semana, me dijo. Rosita, ese era su nombre, apenas podía hablar, así que la conversación ( o su monologo ) se hacía eterna; tomaba aire y hablaba. Y durante todo el tiempo no me soltó de su mano. Me preguntó que hacía yo ahí, a quien había ido a visitar. Le dije cosas vagas… Me preguntó por mamá. Le dije que había muerto de cáncer de páncreas. Se puso triste y me preguntó si yo había estado a su lado al momento de la muerte. Le dije que murió apretando una mano de papá y una mía. En ese momento lloró muy amargamente y me puse nervioso pues no sabía si hacía bien contándole esto. Me preguntó por papá… me dijo con mucho humor si no querrá una chica guapa como ella… y se rió. Me dijo: cuanto orgullo que tendría mamá por mí, que tranquila que habrá muerto. Y me dijo que orgullo que debe tener papá por mí, que yo debo ser su seguridad, su fuerza, que seguramente cuando pasó lo de mi hermano, él se apoyó mucho en mí, que quizá nunca me lo dijo porque así eran educados ellos, en mostrarse invulnerable delante de sus hijos. Le conté casi sin querer lo que me pasó, que me fui de casa y me dijo: tu papá te esta esperando. Te lo digo convencida hijo. No se sabe lo que es el amor de padre hasta que uno es padre o madre. No se entiende el dolor que sufrimos los padres, cuando un hijo se va , hasta que no somos papá o mamá. Yo me fui cuando era muy jovencita. Mi mamá y papá me buscaron por todos lados y me esperaron hasta que decidí volver, una semana después, abrumada por las muestras de cariño que yo a veces no sabía ver. Me miraba, se sonreía. Me dejé llevar por ese momento, porque no tenía muchas cosas para hacer. Cada vez que me acercaba para escucharla mejor, ella me acariciaba la cabeza. Tenía una necesidad imperiosa de dar amor, y a su vez de sentir el cariño, el aprecio, la bondad de algún ser humano. Lo que diera yo por tener un hijo como vos, me lo dijo en tres ocasiones. Algo que ni toda la plata del mundo lo puede conseguir. Me ves aquí. Habiendo entregado hasta la última gota de mi vida, muriendo sola… pero no estoy sola… te tengo a vos… Quizá se estaba aferrando a todo el cariño del mundo para no morir. ¿Por qué era como que me conocía de toda la vida? ¿será esa sabiduría que la vida le da a los ancianos? Yo recién la conocía. Sin embargo a pesar de ello me contó toda su vida, y sin quererlo, más por respeto por otra cosa, yo le conté mucho de lo mío. Me contó una historia que según ella es la historia de San Pablo, uno que se aferraba a la doctrina judaica y por esa ley perseguía a todos los que no pensaban como él. En un momento sintió un fuego como de amor atravesando su vida y cambió por completo, dándole un sentido nuevo a su existencia. A partir de ese momento, fue un fanático difusor de ese amor, hasta el extremo de dar la vida… creo que en ese momento algo hizo crack en mi corazón, porque me sentía aludido. Fueron tres horas la verdad que muy lindas. No me dejaba ir. La acompañé a comer, le di algo de la comida en la boca. Una lágrima calló en su mejilla cuando me fui. Me dijo que había recuperado la sonrisa. Agradeció no se cuantas veces a Dios por haberme conocido. Pero simplemente yo estuve ahí. ¿en qué puedo haberla ayudado?... creo que solamente en escuchar. Ese camino al hotel y toda esta tarde estuve pensando mucho en esta situación. Al final me olvidé de la monjita que fui a seguir. Pensé también en el bien que le había hecho a aquella mujer… pero ¿cuánto bien me había hecho ella a mí?. Me debo haber hecho más de cien preguntas, algunas me las contestaba…otras quedaban flotando sin encontrarle la vuelta en mi turbada cabeza Que fui y soy el orgullo de papá? Que se habrá apoyado en mi? Me retumba aquello de que “todo lo mío es tuyo” Me retumbaba aquello que mi papá me estaba esperando… aun no lo creo… ahora debe estar bien con Carlos, pues recuperó al que él quería recuperar. No se. Quizá no entendí bien la dinámica del amor de padre.
6 de julio. Hs. 11.45. Acabo de volver del hospital. La verdad que esta mujer me dio una lección de vida. En el momento cercano a la muerte, me sentía como un hijo al que le da consejo. Compré en la florería de la vuelta un ramito de flores hermosas, tipo rosas chiquitas y se las llevé. La verdad que me hizo bien estar con ella. Llegué a la habitación compartida. No estaba el cartel escrito a mano del día anterior. Entré. Su cama estaba tendida y no quedaba ningún enfermo en aquella sala. Me senté un rato en la cama hasta que apareció una enfermera y le pregunté por Rosita. Me miró me hizo una pequeña sonrisa y me dijo que Rosita había muerto dos horas después que yo me fui…. Que había muerto con una sonrisa en sus labios. Le dijo a la enfermera que sacara aquel papel de la puerta, y feliz le decía que había dado resultado, que había entrado un muchacho esplendido que con una sonrisa le había alegrado el alma. Ese papel lo había escrito ella. Le pidió que lo pasara a máquina y que le hiciera un cuadrito para que todos los que fueran a visitar a esos enfermos, puedan ponerle una sonrisa al dolor y puedan alegrarle los últimos momentos de vida. Debo confesar que quedé mal. Algo me golpeó y feo. Me volví a mi habitación de hotel a la que ya no veía todo lo confortable que era. La verdad, deseaba mucho, pero no tenía la fortaleza necesaria para escribir un email a Carlitos diciendo que yo también… me encontré con mamá. 7 de julio: son las cuatro de la mañana. Desde ayer al mediodía que no puedo dejar de pensar. Hice un repaso de mi vida tratando de encontrarle la explicación a esto que soy. Quizá la vida, quizá mis padres, quizá la escuela me hicieron así. Me doy cuenta que me pasé mi corta vida cumpliendo con normas, tratando de quedar bien con papá y con todos, cuidando mi imagen. Cuidando la imagen de la familia. Mi papá cuando era chico, me decía que era un estandarte de mi familia, que él estaba orgulloso de mí. Quizá en vez de sentirlo como algo que me podía llenar de orgullo, me lo ponía al hombro como una gran mochila de responsabilidad de ser el hijo perfecto, el que nunca falla Siempre fui aplicado en el estudio. Gozaba enormemente cuando llamaban de la escuela para felicitar a papá y mamá por el hijo que tenían. Era el mejor de la clase hasta que salí de la secundaria. Mejor deportista, mejor actor, salía en todos los actos. Yo no soy de andar diciendo tanto: te quiero… yo lo demostré con mi vida el amor que tenía a mamá y papá. En esos pequeños momentos de mi vida compartiendo con Rosita , me di cuenta lo bien que se tendría que haber sentido mamá si antes de morir yo le llenaba de “te quiero” dichos desde el corazón. Me privé de darle besos, por no parecer un hijo vulnerable o blando. Por no mostrarle que yo también estaba destruido porque se nos iba, que la iba a extrañar, que la necesitaba. Ahora lo siento. Lo que daría por tenerla un segundito viva para llenarla a besos y abrazarla. Lo mismo me pasó con papá. Ahora me doy cuenta que fui la luz de sus ojos. Fui su mano derecha. Y jamás podría haber imaginado que le iba a hacer escenas de celos con mi hermano, porque entiendo aquello que me decía que todo lo de él es mío. Creo que he desgarrado el corazón del pobre viejo. Recuerdo un día que se cayó del techo y se fracturó la muñeca derecha. Después de soportar el dolor, me decía, y les decía a todos: no importa, si total José es mi mano. ¡Qué tonto que he sido! Que inmaduro mi amor! ¡Tanto me ha confiado, tanto me ha entregado…tanto le he negado ese amor! En el fondo creo que envidié no haber tenido el coraje suficiente para largarme al mundo como lo hizo Carlos. En el fondo fui estúpido al compararme con Carlos: mi comparación tendría que haber sido con el generoso y desinteresado amor de papá. Me doy cuenta también por lo que le dije al viejo, que nunca gocé de estar a su lado, en cambio que siempre sufrí por estar a su lado. No tuve nunca la capacidad de gozar de las maravillas de la casa de papá. Tengo de todo ahí. Tengo la heladera llena siempre. Tengo personal que trabaja para mi. Tengo una cama siempre limpia, y acolchada. Tengo mis bebidas en mi barcito en el rincón del living. Tengo todo… pero nunca lo gocé, por fijarme en las normas, por fijarme permanentemente que esta bien y que está mal. No gocé de las pequeñas cosas que me regaló la vida, incluso del amor que parecía exclusivo de papá, porque debo reconocer que siempre me habló como si fuera hijo único, aunque su rostro mostraba tristeza por la partida de mamá y la huida de mi hermano. Creo que aparte de hacer todas las cosas bien, tendría que haber sido su sostén espiritual, su alegría ante la tristeza, sin fijarme tanto en lo que me daba o no me daba. Tendría que haber sido el doble de alegre, para suplir un poco la ausencia de Carlitos, sin embargo fui el que siempre le “llenaba la cabeza” en contra de mi hermano. Si tengo que preguntarme si amé a mi papá, me entra una profunda duda… creo que simplemente lo respeté. Amaba mi forma de ser, amaba mi “status”, amaba la soberbia de creer que soy perfecto en todo… al menos en ser hijo, me doy cuenta que no estoy ni cerca de ser perfecto. Creo que debo liberarme y gozar de la casa que tengo, del viejo que tengo, de la familia que tengo. La verdad que no pude pegar un ojo. Esperaré hasta las ocho menos cuarto. A esa hora el viejo está tomando su café. Me acercaré a la casa y veo como está el asunto. Si veo una buena reacción me quedo, sino me vuelvo al hotel. 6.30 hs. Pensaba dejar las valijas aquí. Pero he decidido irme con todo. Me quedaré en la casa de papá. Si no me recibe, le pediré un trabajo y que me trate como a cualquiera. Trataré de hacer buena letra esperando que algún día me perdone por lo desagradecido, inútil, bobo que he sido. Si señor: no me mandé tantas macanas como Carlos, pero pequé de boludo… tener todo y no gozar. Ayer, mientras pensaba todo esto vi un cartel en la calle que decía: No seré el dueño del mundo… pero soy el hijo del dueño” Que tontera la mía. 7.30 hs. Estoy muy nervioso. Nos e si papá me recibirá. Si aceptará mi disculpa. Yo no le despilfarré su plata, pero no acepté su amor generoso. 11.45: lo que viví no tiene nombre, no lo puedo expresar con palabras. Es increíble. Hace cuatro horas que estoy de regreso en casa. Recién me dejan un momentito libre para escribir. A las ocho menos diez, estacioné el auto a la vuelta de casa para que no se escuche el ruido del motor. Deje las valijas en el baúl. Fui despacio a la casa. Me arrepentía y quería irme. Tantas cosas que pasaron por mi cabeza. Pero no se porque, las palabras de Rosita me empujaban. Cuando estaba por tocar el portero, (juro que no lo toqué) abrió la puerta de casa papá. Me miró, sus ojos se llenaron de lágrimas. Yo no tenía ningún bolso para decir volví, pero él me abrazó fuertemente y me dijo: hijo querido… hijo querido… hijo querido… gracias por volver. Yo quería hacerme el fuerte y quería poner mis condiciones, pero juro que ese abrazo, el amor que pude comprobar en papá, me taparon la boca y como nunca en mi vida lloré, desconsoladamente lloré. Y no me salía otra cosa que perdón… perdón…perdón… estuvimos como cinco minutos asi. Jamás en la vida me sentí igual. Creía estar en el cielo, porque después de un rato , me aflojé y por una vez en la vida me dediqué a sentir el amor profundo de papá que me amaba como si fuera su hijo único Le revolví todo su pelo, me hice niño… tanto tiempo tomando el papel de hombre grande, me hice un pendejo, que lloraba, que lo abrazaba y despeinaba a su papá. En eso llegó Carlos que no tuvo mejor idea que tirarse encima de los dos y los tres quedamos abrazados por un rato enorme… para mi fue el momento más feliz de mi vida. No solamente había recibido el perdón y la alegría de papá, sino el perdón y el cariño de mi hermano… él no tuvo esa gracia, recibió sólo el amor de su papá y el desprecio de su hermano mayor. Fuimos a mi pieza. Estaba pintada nueva, hermosa, fresca. Con los cuadros de mamá y de todos en la mesita de luz. Me contaba papá, que apenas me fui, esa noche, hablaron con Carlitos y él le dijo: papá quedate tranquilo, José volverá porque a poco que piense, se dará cuenta del gran amor que hay en esta casa y es difícil resistirse a ese amor. Papá , entonces decidió hacerme pintar mi cuarto, para esperarme de la mejor manera. Carlitos le dijo: yo la voy a pintar. Le debo mucho a José. Y esta es una forma de decirle cuanto lo quiero y cuanto lo necesito. Él me la pintó… Carlitos… contra el cual había despotricado, el inútil, el inservible… jajaja… el de gran corazón. En estos momentos están preparando un asado para mí. Tuve la tentación de decirle: pero es miércoles, hay que trabajar… pero no. He sido alcanzado por el amor de papá. Ahora todo es distinto, porque está condicionado por el amor que es lo que le da sentido a todos los esfuerzos, los sacrificios, las rutinas, los sufrimientos Me mostró las cuentas. Me dijo: hice lo que pude. Nadie lo hace mejor que vos. Creo que lo que dejé de hacer, no lo podía hacer nadie y también por mi culpa las cuentas se iban a ir a fondo… pero estamos a tiempo. He vuelto.de nuevo lo digo: todo tiene ahora sentido Me prometí a mi mismo gozar de cada cosa de la casa de papá. Carlitos me decía que a veces se ponía celoso, porque el viejo estaba pensando más en mí que en él que había vuelto. Que todas las mañanas agudizaba el oído escuchando algún ruido que le dijera que ya volvía. Que esta mañana no se porque razón cuando estaba desayunando, saltó de la silla y fue a abrir la puerta… Le conté a mi hermano lo de Rosita. Se largó a llorar. Él piensa lo mismo que yo: fue mamá que utilizó el alma y el corazón de dos mujeres para hacernos dar cuenta de la realidad. Hicimos juntos un cartel para la puerta de casa que dice: Si vas a entrar a este hogar, alégrate porque vas a recibir el amor de Juan, un tipo formidable y de Carlos y José que te van a hacer sentir como en casa. Si vas a entrar, prepárate para gozar del calor de hogar. He vuelto a sonreír. Por fin. Desde que era chico no reía como hoy. Gracias a la vida.
11 de julio: hoy, hace un año que se nos fue mamá. Esta mañana fuimos a una misa que se hacía para pedir por ella. Casualidad? Causalidad? El padre leyó un texto que después averigüé: lc. 15,11-32. Es de un padre con sus hijos. En ese momento, mi papá que estaba en el medio de los dos, nos abrazó a cada uno con un brazo, nos miramos entre los tres y tuvimos una sonrisa cómplice. Creo que la gente festejó ese momento porque había coincidencia en eso de un padre tenía dos hijos… pero nosotros sabemos que las coincidencias son muchas, pero muchas más. Después, pensando en esa palabra, he llegado a la conclusión de dos cosas maravillosas: Hace un año, hace un mes, hace quince días, yo no hubiera entendido el amor de Dios como padre. Sólo después de entender, saborear, gozar, recibir, el amor de papá es que puedo decir: si esto es lo que nos dan aquí, como será el amor de Dios que es infinito. Lo segundo: sea lo que sea, entienda o no entienda, hoy de nuevo, a un costado del altar, vi a mamá que me miraba…nos miraba… tenía las manos juntitas, y mirándonos….sonreía. Sergio Valdez
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