viernes, 30 de septiembre de 2011

Lucas 10,13-16.

¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza. Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes. Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió".
¿Por qué hay corazones de piedra a la escucha de la Palabra de Dios? Hay en nuestra sociedad, un profundo silenciamiento a las cosas de Dios. La gente, cada vez es más indiferente a lo religioso. Ya no hay persecuciones físicas a los cristianos, ahora es persecución psicológica, es humillación. Hoy se desprecia al que vive bien, se desprecia al que promueve valores cristianos. Burlarse de los católicos, de los curas, de la Iglesia en sí, es algo “progre “, cuenta con el beneplácito de una masa rugiente, que quiere ver rodar cabezas de gente de Iglesia, incluso hasta de los mismos curitas que los ayudaron alguna vez, o de los laicos que defienden posturas sobre el aborto, o sobre la eutanasia, o sobre la homosexualidad. Nos decimos una sociedad pluralista, pero cuando algún cristiano dice algo, por poco no es puesto en la hoguera, y muchas veces nos castigan a nosotros, los cristianos del siglo XXI por la culpa de cristianos de otros años y de otros siglos, que asumieron el evangelio a su manera, justificando la muerte, la tortura, el exilio. Y son sociedades que silencian a Dios. Más noticias tiene un asesinato cruel, perverso, moviliza más gente, tiene más rating, que un millón de jóvenes que peregrinan a ver a su Mamita en un santuario, o quinientos mil personas que bajan de cerros, vienen de valles y quebradas, para honrar a sus patronos, o la de tantas y tantas manifestaciones de amor que a lo largo del planeta se realizan y que movilizan corazones. Si, nuestro mundo repite la historia de las ciudades que nombra Jesús. Dice ¡”ay de ti” , como sabiendo que por la misma actitud de silenciar a Dios, el hombre se vuelve contra el otro hombre, y no hay respeto, crece la violencia, crece la ley del más fuerte, hay atropellos físicos, sicológicos, económicos, sociales: ya no hay un padre que ponga límites, ya no hay sentido vertical de la vida que nos ayude a mirar a los demás como hermanos, ya solo hay una vida transversal donde importa mi relación con los demás, el “sentirme bien” o hacer plena mi vida pero sin la idea de Dios. ¡Ay mundo querido! El mensaje de Cristo que podamos llevar, es muchas veces rechazado. Es como escupir para arriba: siempre cae a nosotros. y no porque Dios castiga, sino por el peso mismo de la gravedad, que no nos deja elevar, nos impide agradecer a Dios por lo que nos da, y nos hace creer dioses que no necesitamos de Él.
Quitare de ustedes un corazón de piedra y les pondré un corazón de carne… decía Dios a través del profeta Ezequiel, hace mucho tiempo ya. Antes que hablar de Dios a los hombres, debemos hablar a Dios de los hombres. Quizá sea un buen día para pedir a Dios, que ayude a los paisanos, a los que viven en la misma ciudad, a los de mi grupo de amigos, a mi colegio o facultad, a cambiar el corazón para que el “ay” se transforme en “bendito”.
Publicar un comentario