viernes, 9 de septiembre de 2011

Lucas 6,39-42.

Les hizo también esta comparación: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo? El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro. ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: 'Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo', tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano
.
Dicen que en la vida , transitamos con esas alforjas de carga , puesta en nuestro cuello y sujetada por el hombro, una parte para adelante y otra para atrás. La de adelante lleva nuestras virtudes, buenas obras, nuestras realizaciones, lo maravillosa persona que somos… la de atrás lleva nuestros defectos, que poca veces vemos, solo si hacemos un juego con espejos. Así es muy fácil que los vienen atrás vean mis defectos y hablen de ellos. Pero también en muy fácil ver los defectos de los demás y compararlo con nuestras virtudes (las que llevamos adelante y vemos) y criticar, murmurar, y a veces burlarnos de la situación y los defectos ajenos. Cuando leo esta cita y otras que nos refieren a lo mismo, recuerdo un consejo que daba San Agustín: «Cuando nos veamos precisados a reprender a otros, pensemos primero si alguna vez hemos cometido aquella falta que vamos a reprender; y si no la hemos cometido, pensemos que somos hombres y que hemos podido cometerla. O si la hemos cometido en otro tiempo, aun que ahora no la cometamos. Y entonces tengamos presente la común fragilidad para que la misericordia, y no el rencor, preceda a aquella corrección» Quizá sea esto, ver la viga en el ojo nuestro, antes que pretender sacar la paja del ojo ajeno.
¡Cuántas correcciones que hacemos, que no nos la hicimos aún nosotros! Cuando dedo índice apuntando al otro y otros tres mirando a nosotros mismos. Ojalá , esta lectura nos invite mirar por dentro nuestra vida, a despertar nuestra conciencia . Ojalá sea un tiempo de reflexión, de conversión, no con el afán de “tener autoridad para corregir a los demás”, sino con la cristalina intención de “poder ver mejor”, porque si me saco la basurita del ojo, convengamos que comienzo a ver mejor TODO: la vida, las maravillas de Dios, la naturaleza, los amigos, y a esas situaciones de los demás, las comienzo, como dice San Agustín, a ver con misericordia. Un tiempo, también para amarnos más y mejor a nosotros mismos, que nos permita amar más y mejor a los demás , antes que exigir amor y andar saltando como “picaflor” , buscando por aquí o por allá. Un tiempo, en fin, en que podamos sacarnos toda esa escama que cubre nuestros ojos, para que en definitiva, podamos guiar a los demás que nos acompañan en este peregrinar. Es una tarea que se hace caminando, en la marcha, porque somos peregrinos. Quizá entonces un primer paso sea caminar al lado, ni adelante ni atrás, así no vemos mochilas cargadas de los demás, ni comparamos. Una linda tarea nos espera. Jesús, con su cruz, nos igualó a todos: ahí estaban pecadores, justos, ricos, pobres, enfermos, sanos. Con su cruz nos enseña a mirar a todos con mucha misericordia y compasión. Él, es nuestra fuerza y nos ayuda en este camino de sacar pelusas de nuestros ojos, para poder ver la vida con mucho más optimismo y ver a los demás como hermanos frágiles como yo, que caminan buscando un ideal.
Publicar un comentario