viernes, 16 de septiembre de 2011

Lucas 8,1-3.

Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.
Me permito transcribir un comentario de mi Biblia Latinoamericana: “…con relación a la situación de las mujeres en tiempos de Jesús y en la sociedad judía, ningún maestro espiritual se hubiera atrevido a hablar con una mujer en público: las mujeres ni siquiera entraban en las sinagogas. Una oración muy común rezaba: “te doy gracias, Señor, porque no soy pagano, ni ladrón, ni mujer…” lo que indica claramente que la mujer no podía adquirir los conocimientos religiosos ni participar del culto como los hombres. Algunas mujeres habían interpretado la actitud y las palabras de Jesús como un llamado a la libertad; más todavía, el llamado venía de Jesús. Se integraron al grupo de sus discípulos íntimos sin hacer caso de comentarios malévolos. El evangelio muestra que Dios las puso en el primer lugar en los momentos de la Pasión y de la resurrección. El escándalo para la gente religiosa, no era que Jesús permitiera una vez que se le acercara una pecadora, sino que de manera habitual se acercasen a él, las mujeres que formaban parte de sus discípulos…
Jesús, abrió las puertas de la libertad para las mujeres que hasta aquí eran el descarte de la sociedad de los varones. Y la Iglesia tomó la posta a lo largo de los siglos logrando con su prédica que en muchos lugares de la tierra, se equipare a la mujer, en lo que a derechos según la ley, se trata. Y la mujer, ha logrado la igualdad en casi todo. Y aunque quedan países y culturas donde la mujer es secundaria, en la mayoría de los lugares del mundo, se han equiparado los derechos. A mi parecer, queda que la Iglesia , corrigiendo siglos de discriminación, trabaje en la plena igualdad de la mujer en la vida y en los ministerios de la Iglesia. Es algo que nos debemos como Iglesia, venciendo prejuicios quizás. ¿Porque la mujer no puede consagrar? ¿Por qué no puede ser sacerdote? Hay más vocaciones religiosas entre las mujeres que entre los varones, hay pueblos que reciben con suerte, una vez al año la visita del sacerdote y eso que son comunidades donde las hermanas religiosas atienden colegios u hospitales. ¿Que Jesús estuvo en la última cena con hombres a los que les pidió que repitan el gesto? Si es verdad, pero también es verdad que ninguno de los hombres que son sacerdotes hoy, estuvo ese día. ¿Qué es un problema que las mujeres puedan consagrar, por los comentarios, por las limitaciones de la sociedad en su manera de pensar? Si, puede ser, pero también entre los sacerdotes de hoy, hay problemas y los obispos se encuentran ante cada situación que a veces no saben como responder para evitar escándalos mayores a una feligresía que cree firmemente en su curita. Pero ¡cuántas ventajas vendrían para la Iglesia!. Dios nos hizo varón y mujer, a su imagen nos creó. O sea que Dios es varón y es mujer. Jesús, avanzó en la igualdad. ¿Qué haría si hoy transitara nuestro mundo como lo hizo allá en el tiempo en Jerusalén? . Seguramente tendría más discípulas entre las mujeres que entre los varones, pues las mujeres reciben estas cosas de la fe, con el corazón a diferencia de los varones que muchas veces lo hacemos desde la razón, pero sabemos con certeza que estas cosas entran primero por el corazón. ¿Qué haría Jesús hoy? En fin, es un debate largo, que, a mi modesta forma de ver, se debe la Iglesia. Jesús, les dio el lugar que se merecen por ser iguales ante el tatita Dios. Las contuvo, las hizo discípulas. Dos mil años pasaron. Seguiremos rezando por las vocaciones sacerdotales que son escasas. Que hayan comunidades sin sacerdotes, puede ser por nuestra falta de oración, como a veces nos endilgan, pero se solucionaría de esta otra manera también, así la gente, los que quieren recibir a Jesús eucarístico, los que ansían hablar con alguien que les ayude a sanar el alma, que bendiga sus amores, que bautice a sus hijos, no serían rehenes de “nuestra falta de oración” ni de la falta de sacerdotes… ¿Qué culpa tiene ellos?.
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