lunes, 19 de septiembre de 2011

Lucas 8,16-18.

No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado. Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener".
¡Lo que costaba encender una lámpara en tiempo de Jesús! colocar aceite, pasar el fuego de una a otra, no dejar que se apague, conservar ese fuego inyectando más aceite, ¡era toda una ceremonia! Que despropósito encender esa lámpara para ponerla en un lugar que a nadie alumbre… Hoy nos dice a nosotros: ¿de que vale haber encendido una lámpara en tu corazón, si no te dedicas a alumbrar a nadie? ¿Porque escondés tus virtudes o valores? Será por falsa humildad, será por negligencia, será por lo que llamamos “respeto humano” porque creemos que siendo buenos, siendo serviciales, molestamos o hacemos sentir mal a alguien, porque no queremos hablar de religión, decimos, en respeto a los que piensan que Dios no existe, ( y ellos logran su propósito) o no queremos mostrar ejemplo de familia, en respeto a los que tienen su familia destrozada… Pio Xii decía que no le temía tanto al accionar de los malos, como al cansancio de los buenos. Los buenos que se deciden a esconder su lámpara, a callar verdades, que se cansan de ser serviciales, que se entreveran con la mediocridad. Los buenos que deciden ser malos, que apagan la lámpara que da luz, para ser portadores de tristeza, motivos de discordia. Buenos, en fin, que esconden su vida de Cristo por vergüenza, por miedo. Es un buen día, para pensar en aquellas virtudes que me hacen luz, e iluminar en lo pequeño o en lo grande: hacer bien mi trabajo, ser serviciales con todos sin esperar recompensa, sonreír, saludar a los que me rodean, preguntar al portero o al personal de limpieza, como van sus cosas, mostrar una buena cara ante la adversidad, ser ángeles de luz en un mundo que vive en tinieblas. Y a los que hemos sido bautizados, volver a inyectar aceite para encender nuestra lámpara, e iluminar, también en lo pequeño o en lo grande: leer la Palabra, bendecir la mesa incluso en reuniones con amigo, ser los evangelios vivientes que los que nos rodean verán, casi con exclusividad.
Confucio decía: más vale encender una vela que maldecir la oscuridad. Así que por pequeña que sea la luz, será mucha iluminación para ambientes que viven en oscuridad. A re encender nuestra lámpara y a ser luz: que buen objetivo para esta semana que comienza.
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