viernes, 23 de septiembre de 2011

Lucas 9,18-22.

Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado". "Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de Dios". Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie. "El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día".
¿Qué habrá pensado mientras oraba, que les hizo esa pregunta?... su alma sentía que le quedaba ya poco tiempo entre los suyos, no se sentía seguro en galilea y se había alejado un poco. Algunos de sus paisanos, sobre todo los que tenían más influencia en las decisiones de la gente común, seguían esperando un Mesías fabuloso, con fuerza inusitada, tipo súper hombre, que los librara de la dominación y los hiciera un pueblo libre… no podían entender a un carpintero humilde, que venía con un mensaje de paz. Les hace la pregunta, se queda tranquilo con la primera respuesta. Pero quería saber que pensaban ellos de Él ¿Quién dicen ustedes que soy?, no solamente esperando una respuesta personal, sino también, como lo anunciaban ellos entre la gente que los escuchaba… Y llega la respuesta de Pedro que toma la palabra de todos. Seguramente en algún momentito cuando estuvieron solos, habrán hecho una rueda de la verdad, expresando lo que cada uno sentía y así uniformar el mensaje hacia los demás. Tú eres el Mesías de Dios. Pavada de respuesta. Significaba: el que esperábamos, (antes nos mintieron diciéndonos que el Mesías era otro tipo de persona), el que nos salva ( que tiene mucho más que ver con la propia vida que con la situación nacional), el que nos ama ( no el que nos utiliza, o el que se sirve de nosotros), el que da seguridad a nuestras vidas ( seguridad que paradójicamente no tiene nada que ver con armas, ni con defensa personal, ni con agresiones físicas o sicológicas), el que nos conoce ( no somos un número, somos Juan Pedro, Sergio, cada uno tiene un nombre delante de ti), por eso y mucho más eres el Mesías… ¡Pucha que coincidencias con nuestras vidas! Quizás estemos volviendo de algún camino de búsqueda, y comparando, nos encontramos con la Verdad, pero antes con la Vida de Cristo, con su persona. Quizás lo hemos encontrado al comienzo de nuestra vida cristiana , antes que nada ni nadie nos mienta sobre donde estaba la felicidad, quizás estamos aún en caminos equivocados, buscando y buscando.
Hoy Jesús nos pide también a nosotros una respuesta desde el corazón: ¿Quién decís vos que soy yo? No me importa quien sos… No me interesa lo que sos, que querés de mi ni nada por el estilo.. Déjame hacer mi vida sin tu presencia, no te necesito… Sos mi amigo… Sos mi ídolo… Sos mi vida… Sos mi salvador, el Salvador de mis cosas de mi vida, de mi pasado, de mi presente, el salvador de mi futuro que estaba condenado al fracaso .. Sos el que esperaba, que me devolvió la sonrisa, que me hizo feliz… Sos el que me ama, y eso es muy importante para mi auto estima… Cada uno tiene una respuesta. Aprovechando la ocasión que nos da el evangelio, bueno sería decirle hoy lo que es para nosotros. Se pondrá contento y sonreirá.
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