miércoles, 28 de septiembre de 2011

Lucas 9,57-62.

Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!". Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". Y dijo a otro: "Sígueme". El respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre". Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios". Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos". Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios".
Una palabra da vueltas alrededor de estas historias. La misma caminata de ayer, tratando de llegar a Jerusalén. Se le acercan dos que prometen seguirle, y uno al que Él mismo le dice : sígueme. Tanto a los primeros como al segundo, antes de aceptarlos, antes de que formen parte de sus seguidores, les pide Libertad: con el futuro, con el presente y con el pasado.
Libertad con el pasado será dejar de mirar tanto por el espejo retrovisor en nuestra vida, perdonarnos, aceptar nuestra propia historia, perdonar los daños del pasado, lejano o reciente, y mirar hacia adelante. Jesús, gran pedagogo, sabía que si uno no se desprende del pasado, ese pasado, termina condicionando tu vida, te ata a él, no te deja volar, vuelve siempre como culpa o sed de venganza, reaviva el rencor ,golpetea nuestra cabecita con frases que alguna vez nos dijeron y que no nos dejan vivir en paz. Quien pone la mano en el arado y mira hacia a atrás… Capaz que al despedirse de los suyos, estos lo atarían a los recuerdos, y lo atraparían nuevamente. Libertad con el presente, simbolizado por aquel anciano a quien había que cuidar ( enterrar a su padre, era acompañarlo en sus últimos años, momentos días y enterrarlo) . Parece un gesto poco humano de Jesús, pero le invita a ser libre en la decisión de seguirle. El Evangelio no nos dice nada si aquel muchacho hizo lo que Jesús le decía . Seguramente habrá quedado pensando y le habrá dado alguna respuesta, positiva o negativa, pero Jesús le exigía libertad con su presente, desatarse de aquello que lo condiciona. Hoy alguien podría decir: espera que termine mis estudios, cuando sea mayor voy a volver a la vida de gracia pues hoy estoy en una etapa de competitividad que me impide vivir el cristianismo, espera que me entiendan en casa, espera que estén mejor las cosas, después si te ayudo, después si, seré caritativo. Espera que tenga todos los artefactos electrodomésticos, y el auto mejor, y la casa construida, entonces recién voy a pensar en las cosas de Dios. En definitiva, cuando ponemos tantos “peros”, no somos todo lo libre que Él nos necesita para seguirle. Libertad con el futuro, será aprender a confiar en la providencia, que si bien no nos da ni cuevas ni nidos en forma segura, nos ayuda a vivir de una manera libre, las cosas materiales, sin atarnos a ellas, con la libertad que tienen un nómade que vive sin aferrarse a la tierra, ni a las personas… Viviendo en libertad, seremos aptos para la gran tarea de seguirlo. Y la tarea de seguirlo, nos exige liberarnos frecuentemente de aquello que nos ata, pues podemos decir: cuando sea libre voy a seguirte, y de nuevo caeríamos en “enterrar nuestros muertos”. Caminante no hay camino, se hace camino al andar.
Y esto que podría parecer una recomendación para aquellos que quieren asumir la vocación religiosa, es para todos, porque si no vivimos en libertad con nuestro pasado, con nuestro presente y con nuestro futuro, siempre estaremos atados a algo que nos impedirá levantar vuelo, y todos hemos sido hechos para volar alto, para las alturas. Dios nos ayude a lograr la tan ansiada libertad.
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