jueves, 29 de septiembre de 2011

Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael Juan 1,47-51.

Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: "Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez". "¿De dónde me conoces?", le preguntó Natanael. Jesús le respondió: "Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera". Natanael le respondió: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel". Jesús continuó: "Porque te dije: 'Te vi debajo de la higuera', crees . Verás cosas más grandes todavía". Y agregó: "Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".
Hoy, la Iglesia celebra la fiesta de los santos ángeles. Ellos, seres espirituales, nos acompañan en el camino desde el momento de nacer hasta que lleguemos al cielo al lado de Dios. No los vemos, pero actúan al lado nuestro, animándonos a ser buenos, pues son como un satélite entre Dios y nosotros: ellos miran el rostro de Dios y miran nuestro rostro, y nos transmiten la paz, la bondad, la belleza del señor. Nos acompañan por el camino de la vida, a cada uno en personal. Son mensajeros de Dios, que cuidan de nosotros en cada paso que damos, en cada sueño que tenemos, en cada proyecto que emprendemos. Solo Dios conoce nuestros pensamientos, pero ellos podrán acercarle a Dios nuestras inquietudes, nuestros anhelos. Para eso, sería bueno recordar todos los días de nuestra vida, como lo hacíamos de chico, a nuestro ángel de la guarda, pedirle ayuda, y él, que está cerca del tatita Dios, que lo ve, lo escucha directamente, nos puede dar una gran mano en lo que necesitamos. También, rezarle al ángel de la guarda de otra persona, pedirle que le acompañe en alguna circunstancia especial, viaje, estudio, estadía en otro lugar, o cuando sale de noche. Muchas veces, desaprovechamos esta gracia que nos da Dios, de la presencia de los ángeles en nuestra vida. La Iglesia nos recuerda en dos días ( hoy y el 2 de octubre), a nuestros custodios. Bueno sería , desempolvar la devoción a nuestro ángel de la guarda , recordando aquella oración tan bonita, tranquilizadora, y llena de confianza: ángel de la guarda dulce compañía no me desampares ni de noche ni de día… y rezarle, pedirle que no nos deje solos, que nos acompañe en cada momentito del día, que transmita nuestras cosas a Dios. Ojalá que seamos astutos en defender nuestra vida y nuestra fe, aprovechando esta gracia maravillosa que son los ángeles
Publicar un comentario