sábado, 8 de octubre de 2011

Lucas 11,27-28.

Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: "¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!". Jesús le respondió: "Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican".
La maternidad de María fue, antes de física, espiritual, basada en la escucha de la Palabra de Dios y en el cumplimiento de lo escuchado. Ser madre en esos tiempos, tenía algunos condimentos que hoy no están, por la gracia de Dios, y por la mejora de las condiciones de vida. Era pobre, el estado avanzado de embarazo, no era impedimento para que tenga que dejar de hacer tareas impropias para su estado, montar en burro, viajar largos kilómetros para un censo, tuvo su hijo en condiciones poco higiénicas (impensadas hoy), tuvo que huir con su bebe recién nacido, y con su condición de post parto, a un país lejano de otra lengua y cultura, sola con su esposo, sin nadie más. La pobreza siempre era la circunstancia de su vida. Fue viuda desde joven… Todo eso, por su SI incondicional a Dios. Y sin embargo, Jesús no la alaba por eso. La alaba por la capacidad y la generosidad en la escucha de La Palabra de Dios. Fue ella , la que lo adentró en la Lectura de la Palabra, la que le habrá tejido historias maravillosas que luego las transformara en Parábola, la que le favoreció la capacidad observadora, que Jesús utilizó tanto en su vida pública. Los gestos que Jesús, por ejemplo, tenía por los niños, denota una persona afectivamente satisfecha en su infancia y adolescencia, lo que ha sentido de parte de su madre. La defensa que Jesús hace de las mujeres, será porque desde chico aprendió a respetarlas y considerarlas como hijas de Dios con iguales derechos y obligaciones de los varones, cosas que se alimentan desde la cuna. Y si en cualquier ser humano, el código genético se forma por la unión de los códigos de papá y mamá, en el caso de Jesús, todo lo humano de Jesús, fue aportado por el código genético de María, lo cual, pensar como era María, es decir: como era Jesús, aunque debería ser al revés, o sea ¿Cómo era Jesús? : Como era María. O sea que mejor alabanza a su madre, desde lo espiritual, difícilmente le hayan podido hacer.
También para nosotros llega esta alabanza: felices los que escuchan la Palabra de Dios, y la practican. Haciendo estas dos cosas (no basta solo escuchar la Palabra y quedarnos ahí), seremos parecidos a María y eso si que es una bienaventuranza.
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