martes, 11 de octubre de 2011

Lucas 11,37-41.

Cuando terminó de hablar, un fariseo lo invitó a cenar a su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que no se lavara antes de comer. Pero el Señor le dijo: "¡Así son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia. ¡Insensatos! El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro? Den más bien como limosna lo que tienen y todo será puro.
¿vieron las flores del altar? ¿ a quien miran?... a la gente. No es difícil que caigamos en la tentación de hacer nuestra vida de cara a la gente, quizá por el “que dirán”, porque vivimos en una sociedad que prioriza la estética, que idolatra al cuerpo bien trabajado, que hace culto de lo light , ¿ lo interior? A no, eso queda relegado a la conciencia de cada uno y si es posible, metido entre las cuatro paredes de algún culto o religión, lo importante es verse bien, porque, “Como te ven te tratan. Y si te ven mal, te maltratan”…como repite un ícono de nuestra televisión. No digo dejar de lado todo esto, no digo no limpiar la copa por fuera. Digo que deberíamos tejer nuestra historia personal de cara a Dios y no tanto de cara a los hombres, pues sino caemos en el riesgo de parecer las flores del altar que están todo el día mirando a la gente, y no miran a los santos a quienes dicen honrar. Él, nos conoce. Sabemos que podemos engañar a miles de personar alrededor nuestro, pero a Él nunca, porque sabe que hay en el interior del corazón, sabe nuestras penas y angustias, sabe nuestras flaquezas y nuestras limitaciones. Si no nos ponemos de cara a Él, incluso no podremos cambiar esas pequeñas o grandes limitaciones que no nos dejan relacionarnos con los demás en forma auténtica o coherente.
También es un tirón de orejas para todos los que nos llamamos cristianos, los que de una u otra manera, invitamos al Señor a nuestra vida, como aquel fariseo. ¿Cuántas veces hicimos de nuestro cristianismo una máscara de bondad que mostramos a los demás y por dentro nos carcomen los mismos defectos que al resto? Envidias, celos, deseos inconfesables, mal carácter, mal humor, chismes malintencionados, falta de castidad mental, poco dominio de la lengua, estancamiento en el crecimiento espiritual… ¿Qué nos diría hoy a cada uno el Señor? No es cuestión, por todo esto, de no invitar al señor a la vida de cada uno. Así no me critica, así no te mete en mi vida. Total, decimos, así estoy bien. Pero nuestra conciencia, que es sabia, nos dice otra cosa. Nuestro corazón, que está marcado a fuego por Dios, desde el primer momento de nuestra creación, nos manda buscar y buscar, hasta satisfacer desde adentro lo que el mundo no puede con todas sus pompas: nuestra necesidad de trascender. Ojalá que el Señor, encuentre en cada uno, la copa limpia por fuera, pero también por dentro.
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