jueves, 13 de octubre de 2011

Lucas 11,47-54.

¡ Ay de ustedes, que construyen los sepulcros de los profetas, a quienes sus mismos padres han matado! Así se convierten en testigos y aprueban los actos de sus padres: ellos los mataron y ustedes les construyen sepulcros. Por eso la Sabiduría de Dios ha dicho: Yo les enviaré profetas y apóstoles: matarán y perseguirán a muchos de ellos. Así se pedirá cuanta a esta generación de la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la creación del mundo: desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que fue asesinado entre el altar y el santuario. Sí, les aseguro que a esta generación se le pedirá cuenta de todo esto. ¡Ay de ustedes, doctores de la Ley, porque se han apoderado de la llave de la ciencia! No han entrado ustedes, y a los que quieren entrar, se lo impiden". Cuando Jesús salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarlo, exigiéndole respuesta sobre muchas cosas y tendiéndole trampas para sorprenderlo en alguna afirmación.
¿cuántos pasaron por el mundo anunciando buenas noticias y no han sido escuchados? Estaremos escuchando nosotros a los que nos traen un mensaje de paz, de concordia, de unidad entre los hombres? Es la historia de la humanidad, que muchas veces se encargó de eliminar a los que de una u otra manera, con sus palabras y sus obras, denunciaban falta de justicia, o algo que iba en contra de los intereses económicos. Es la historia del hombre que se encargó de silenciar a hombres y mujeres que con su vida, testimoniaban a Dios. Es la historia personal de cada uno, que en algún momento de nuestras vidas, cerramos los oídos a quienes golpeaban las puertas del corazón, trayéndonos un mensaje de parte de Jesús. Es la historia nuestra, personal, que muchas veces no supimos escuchar la voz de Dios a través de ellos, pero también a través de los signos de los tiempos, de la mirada de alguien, de la naturaleza, de un amanecer, de una puesta de sol. Es la historia nuestra , que muchas veces quisimos descubrir a Jesús, a través de los hechos históricos y nos quedamos ahí, no anteponiendo la fe que nos ayuda a humanizar y divinizar al mismo tiempo la palabra escrita en la Biblia. Jesús, expresa su compasión ante esta situación, diciendo de nuevo un “ay” . Porque ¡que difícil es vivir sin fe! la fe que nos abre la mente y nos ayuda a entender. La fe que nos ayuda a integrar la ciencia y no a oponerla a nuestra vida cristiana, la fe que hace que todo tenga sentido y real dimensión, porque la ciencia sola no nos permite entender todo lo que se nos ocurre.
La fe que nos permite abrir huellas para que otros la sigan, y no cerrar caminos para que otros tengan que volver a empezar. La fe que nos permite salir de nuestro egoísmo y abrir las fronteras de lo que sabemos y somos para que los demás puedan alimentarse de buenas noticias. Ojalá que nuestra vidas cristiana pase por el dar o más bien el darnos a nosotros mismos. Que todo lo que el Señor algún día depositó en nosotros, lo hayamos hecho crecer y multiplicar entre los que nos rodean. Que no cerremos las puertas a nadie. Y que seamos de esos profetas que pasan por la vida llevando esperanza, aunque muchas veces traten de hacernos fracasar en el intento.
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