sábado, 22 de octubre de 2011

Lucas 13,1-9.

En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. El les respondió: "¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera". Les dijo también esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: 'Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?'. Pero él respondió: 'Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás'".
La violencia engendra violencia sea que venga de uno u otro bando. Aquellos galileos realizaron una manifestación violenta dentro del templo, donde derramaron sangre por el enfrentamiento con los romanos. Jesús, aprovecha la oportunidad para hablarles de la conversión, para decirles que la violencia no lleva a nada, que engendra otros odios y rencores, que se hace una espiral hacia afuera donde a veces no se puede parar, que alguien debe tener el coraje de decir “basta”, de mi no pasa esta cadena de violencia, yo rompo el eslabón de odio. Familias enteras rotas por la violencia familiar, que parte del alcohol, o de las drogas, o de heridas causadas en la infancia que no se han curado. Familias enteras donde los hijos repiten lo que ven en los adultos y aprender a despreciar, a usar la fuerza como elemento disuasivo. La violencia no lleva a nada, parece decirle el señor a aquellos que querían que se defina a favor de los Galileos y en contra de los romanos. Otra vez tratar de que pise en falso para acusarlo de algo. Y si ustedes no se convierten, acabarán de la misma manera, les dice, y nos dice. Sino, nos convertimos en esa higuera que pasó toda la vida creciendo en lo defensivo nomás, tratando de emerger de un medio hostil, pero nunca da frutos, siempre en mirar hacia adentro, siempre ver lo que me dicen para decir algo peor, siempre es buscar la venganza, nos sentimos amenazados, estamos mirando para adentro y nos cuesta salir de nosotros mismos para comenzar amar de verdad .
Será el momento de remover la tierra alrededor, ahí donde toma su energía, de donde saca su alimento, abonar con otros valores, acercarnos a gente que viva de otra manera, saber que la vida no pasa por un golpe, o por violencia, que se puede pensar en sociedades más serenas, que debo aspirar a tener una familia que crezca en el respeto y en el no uso de la fuerza o la violencia. Debo abonar la tierra, rezando, pidiendo la gracia de la paz de corazón, la gracia de la sanación interior, del olvido por parte de las células de mi cuerpo, de hechos de violencia que me hagan pensar que se resuelve todo por esa vía. Será un buen momento para aferrarnos a la oración, ella es nuestra fuerza.
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