martes, 25 de octubre de 2011

Lucas 13,18-21.

Jesús dijo entonces: "¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció, se convirtió en un arbusto y los pájaros del cielo se cobijaron en sus ramas". Dijo también: "¿Con qué podré comparar el Reino de Dios? Se parece a un poco de levadura que una mujer mezcló con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa".
Esa semilla, la más pequeña, se transforma en un árbol grande donde se asientan las aves del cielo. Cuando el Reino de Dios hace morada en la vida de cada uno, todo lo que ocupa nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, se cobija a la sombra de la Luz de la Palabra de Dios. Ojalá que lo entendiéramos así. Que no podemos ser cristiano, y abrigar nuestra cultura, nuestra educación, incluso nuestra acción caritativa, a la sombra de otros árboles, como separando la vida, de la fe. Que somos ante todo, personas cristianas y que el Amor de Dios, viste nuestras vidas de manera diferente. Es la historia de la levadura, que casi imperceptiblemente, va modificando el volumen de la masa. La poca cantidad, no es impedimento, para que produzca una gran elevación. Es que cuando nos alcanza la luz de Dios, la capacidad de amar, va cambiando las diferentes áreas de nuestra personalidad, vemos las cosas de manera distinta. Y lo que comenzó con una pequeña luz, un chispazo en algún retiro, en alguna charla, en algún diálogo, se transforma en el tiempo en la Vida misma: ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí, decía San Pablo. Y cuando un cristiano decide vivir la vida así, alimentando su cultura, su educación, su profesión, su empleo, su diversión, en la Palabra de Dios, como la levadura, modificará la “personalidad” del grupo donde está, haciendo que empiece a ver las cosas de una manera distinta con más optimismo y fe.
Ojalá que el Reino de Dios, haya hecho morada en nuestra vida. Ojalá que la levadura haya transformado nuestra esencia humana. Quizá la forma de saber si esto está pasando, es que poco a poco, sin estridencias ni bombos y platillos, hemos ido cambiando nuestro ambiente, en algo más relacionado a los planes de Dios sobre el mundo,si en nuestro ambiente se eliminan los chismes mal intencionados, las conversaciones con doble sentido, la lucha permanente de poder o de conquista, la mentira, la deshonestidad como forma de vida, las diversas formas de destruir familias mediante infidelidades o violencia o desamor, y por el contrario, se comienza a hablar de cambios interiores, de proyectos de vida, de unión familiar de aprovechar el tiempo, de felicidad interior. La urgencia de cambiar las estructuras sociales donde vivimos es mucha. Parece que el mundo va en un auto de fórmula uno y nosotros vamos montado en tortugas, pues nos tomamos un tiempo demasiado largo para comenzar a ser levadura en donde estamos. El mundo nos pasa rapidísimo. Tenemos que actuar decididamente para evitar que más jóvenes se suiciden porque no le encuentran sentido a su vida, que más familias se destruyan pues quedan hijos desparramados por todos lados, que hayan adultos que vivan su vida en un “sin sentido”, que haya niños y jóvenes que vivan solo porque el aire es gratis sin proyectos de vida, sin futuro. Que esa levadura que cambio mi vida, sea levadura para los demás. Es la urgencia de nuestro tiempo.
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