lunes, 7 de noviembre de 2011

Lucas 17,1-6.

Después dijo a sus discípulos: "Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!
Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.
Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: 'Me arrepiento', perdónalo".
Los Apóstoles dijeron al Señor: "Auméntanos la fe".
El respondió: "Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: 'Arráncate de raíz y plántate en el mar', ella les obedecería.

El escándalo, según el Catecismo de la Iglesia Católica, es «la actitud o el comportamiento que induce a otros a hacer el mal. El que escandaliza se convierte en tentador de su prójimo. Atenta contra la virtud y el derecho; puede ocasionar a su hermano la muerte espiritual. El escándalo constituye una falta grave, si por acción u omisión, arrastra deliberadamente a otro a una falta grave» (CEC.-2284).

Vivimos en una sociedad , entonces, llena de escándalos y escandalosos.  Quizás alguna vez nos tocó a nosotros haber sido destinatarios de ese escándalo o lo que hubiera sido peor, ser protagonistas.
Pero si el escándalo, en definitiva, aleja a los hombres del bien y por ende de Dios, o del equilibrio, o de la Energía superior, o de la luz, como quisiéramos llamarle, el remedio será el apostolado, para acercar a los hombres a Dios, o para que puedan retomar el camino del bien.
Es inevitable, como dice Jesús, que haya escándalos, por lo tanto será imperioso, urgente, prioritario, sumamente necesario, que haya apóstoles que contrapongan el bien, al mal instaurado. Y esto es tarea de todos los que nos sentimos que estamos “de este lado”, pues si seguimos durmiendo la siesta, el escándalo se apoderará hasta de las estructuras buenas.


Auméntanos la fe,  quizás sea la plegaria hecha grito ya. Y con esa fe, va el coraje, la voluntad de no bajar los brazos, la firmeza en las convicciones, la capacidad de proyectar acciones que cambien desde dentro nuestros ambientes acercándolos en lo que se pueda a Dios, y contrarrestando el escándalo permanente.
El escándalo, es más notorio,  pero la fe, es como esas palancas que se usan para mover un gran peso haciendo un esfuerzo menor. Y por más grande que sea “lo malo”, por más pesada que sea la carga de lo producido,  nuestra fe moverá montañas, porque con fe demostramos que no hay imposibles sino incapaces.
Es urgente aplicar el antídoto. Es urgente mostrar nuestra fe, que al ser compartida, moverá esos corazones a Dios.
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