jueves, 10 de noviembre de 2011

Lucas 17,20-25.


Los fariseos le preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: "El Reino de Dios no viene ostensiblemente, 
y no se podrá decir: 'Está aquí' o 'Está allí'. Porque el Reino de Dios está entre ustedes".
Jesús dijo después a sus discípulos: "Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán.
Les dirán: 'Está aquí' o 'Está allí', pero no corran a buscarlo.
Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día.
Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación

Aquellos fariseos, esperaban, como todo el pueblo judío, la llegada del súper Mesías, que organizara ejércitos a la luz o a las tinieblas, para echar de una vez a los invasores de su tierra. Tal vez esta respuesta que les da Jesús, los haya echo pensar que se organizaban pequeños grupos en cada casa y que ellos no lo verían  ostensiblemente… tendrían una nueva desilusión a esa esperanza ¿quizás por eso lo mataron?.

Pero Jesús, les habló desde siempre de ese otro Reino, que no hace ruido, pero que aparece en el corazón de cada uno que decide abrir su corazón a esta buena Nueva, al amor, a la confianza en Dios, al perdón, a la caridad.
Mucho más ruido hacen los que construyen su reino aquí en la tierra: ejércitos, locuras de invasiones y guerras para justificar lo que gastan en armas, piratería para robar lo ajeno…
a la par,  está ese ejercito silencioso, luchador que se congrega por el Espíritu Santo, y que todos los días reza por el bien de la humanidad, que participa de Eucaristía donde la oración se hace unión con otras que sostienen la vida espiritual de aquellos que están en “el frente de batalla”, llámese misiones o  evangelización cara a cara . Está ese ejército silencioso formado por cada alma que decide dejar entrar a Jesús en su vida y que se convierte en un soldado del amor y de la fe. Si alguno me ama, guardará mi palabra, y vendremos a él, y haremos en él nuestra morada” nos dice Jesús en Jn 14,23. 

Así como un soldado se forma en la superviviencia, ejercitando su cuerpo a las condiciones extremas, formándose permanentemente, la presencia de Jesús en nuestra vida, nos debe formar, nos debe ayudar a mirar la vida con otros ojos, a ser portadores de esperanza, a ser dadores de sonrisa en un mundo triste, a vivir conformes a ese amor que vive en cada uno.

El bosque que crece no hace ruido. Lamentablemente cuando alguien de este ejército, llámese sacerdote, obispo o laico, se deja llevar por sus debilidades,  hace ruido. La frase completa es: hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece. Pero ese bosque crece y crece.

Ojalá que todos los que leen estas palabras, estemos en ese ejército silencioso que lucha desde dentro de una sociedad injusta para hacerla mejor. Ojalá que hayamos abierto de par en par las puertas a Cristo. Que no tengamos miedo de hacerlo como nos decía Juan Pablo II, que esa luz que llegará a nuestro corazón nos ayudará a ver las vida de otra manera, a encontrar la verdad que buscamos por cada rincón, por ser felices. En ese momento podremos decir: el reino de Jesús está aquí, en lo más profundo de mi vida, en mi corazón.
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