viernes, 25 de noviembre de 2011

Lucas 21,29-33

Y Jesús les hizo esta comparación: "Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol.
Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.
Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.
Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.


Hace unos días, en un comentario a estas notas un chico escribió:  ”es impresionante leer algo que fue escrito hace 2000 años y que sea tan actual...: “ (gracias Gonzalo). Es que la Palabra de Dios, es así. Pasarán los tiempos, pasaremos nosotros, pasarán generaciones y generaciones, y al leer el evangelio, tendremos siempre la sensación de que fue escrita ayer después que sucedieron acontecimientos que sacuden nuestros días y nuestra vida.




En una catequesis preciosa del Papa Benedicto, en mayo de este año, decía: …”Transformar al mundo según el proyecto de Dios, con la fuerza renovadora del Evangelio, "para que Dios sea todo en todos"  es tarea del entero Pueblo de Dios.
…Es necesario lanzar las redes del Evangelio en el mar de la historia para conducir a los hombres hacia la tierra de Dios.…”La misión de anunciar la Palabra de Dios es tarea de todos los discípulos de Cristo, como consecuencia de su bautismo". Pero para que se de un decidido compromiso en la evangelización se hace necesario que cada cristiano, así como las comunidades, crean verdaderamente que "la Palabra de Dios es la verdad salvífica de la que cada hombre en cada tiempo tiene necesidad". Si ésta convicción de fe no está profundamente arraigada en nuestra vida no podremos experimentar la pasión y la belleza de anunciarla”. (Gracias Catholic.net).

Ojalá que esta Palabra de Dios se haga carne en nosotros, y podamos anunciarla, difundirla sin miedo, porque no es obsoleta, es actual,  no es letra muerta, está viva y vive en el corazón de cada uno.
Mons. Van Thuan , les decía a los europeos: “ustedes son el único evangelio que mucha gente podrá leer”. Y ojalá que así sea con nosotros también. Que esa Palabra, hecha carne en nosotros surja como manantial, y se refleje en nuestra vida para, como dice el Papa, transformar al mundo según el proyecto de Dios, con la fuerza renovadora del Evangelio.

Es la simple idea de estas líneas habituales de los días de semana. Ojalá que nos sintamos  todos con esa necesidad de llevar , de difundir, de multiplicar la Palabra de Dios, con la seguridad que estaremos llevando letra que tiene vida, Palabra que es vida, para ayudar en la vida de tantos hermanos que esperan a diario un mensaje de esperanza de un Dios amigo que los ama, los sana y salva.
Pasarán los tiempos, pero su Palabra jamás.
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