martes, 1 de noviembre de 2011

Yo practiqué cinco mil abortos" Por el Dr. Bernard N. Nathanson

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Éramos un grupo cuyo único propósito era conseguir una ley que permitiera el aborto en EE.UU.. Ejercíamos presión sobre los miembros del Congreso y las cámaras legislativas de los Estados para lograr que se derogasen las leyes que prohibían el aborto. Fui uno de los fundadores de la organización más importante que "vendía" el aborto al pueblo estadounidense.

En 1968, cuando organizamos el movimiento, se calcula que menos del 1% de la población era partidario en EE.UU.. del aborto a petición. Nuestro presupuesto era de $7,500 anuales, pero para 1982 se aproximaba ya al millón de dólares.

Voy a explicarles cómo planteamos el tema para convencer al resto de la población estadounidense para que aceptasen el aborto. Las tácticas que voy a explicar son ciertas y además son las mismas que se han empleado y se están empleando en otros países. Nos sirvieron de base dos grandes mentiras: la falsificación de estadísticas y encuestas que decíamos haber hecho, y la elección de una víctima, para achacarle el mal de que en EE.UU.. no se aprobara el aborto. Esa víctima fue la Iglesia Católica, o mejor dicho, su jerarquía de obispos y cardenales.

La falsificación de estadísticas
Se trata de una táctica importante. Nosotros decíamos en 1968 que en EE.UU.. se practicaban un millón de abortos clandestinos, cuando sabíamos que eran alrededor de los cien mil, pero esta cifra no nos servía y la multiplicamos por diez para llamar la atención. También repetíamos constantemente que las muertes maternas por aborto clandestino se aproximaban a las diez mil cuando sabíamos que no eran más de 200, pero esta cifra resultaba demasiado pequeña para la propaganda. Esta táctica del engaño si se repite mucho, acaba por ser aceptada como si fuera verdad. Nos lanzamos a la conquista de los medios de comunicación social, de los grupos universitarios, sobre todo de las feministas. Ellos escuchaban todo lo que decíamos, incluidas las mentiras, y luego las divulgaban por los medios de comunicación social, base de la propaganda.
Es importantísimo que ustedes se preocupen por los medios de comunicación social. Si en España estos medios no están dispuestos a decir la verdad, se encontrarán con la misma situación que nosotros creamos en EE.UU..
También inventábamos nuestras propias encuestas. Decíamos, por ejemplo, que habíamos hecho una encuesta y que el 25% de la población era partidaria del aborto y tres meses más tarde decíamos que el 50%, y así sucesivamente. Los estadounidenses se lo creían y como deseaban estar a la moda, formar parte de la mayoría y que no les llamaran "atrasados", se unían a los "avanzados".
Más tarde hicimos verdaderas encuestas y pudimos comprobar que poco a poco los resultados se iban aproximando a lo que habíamos inventado. Por eso sean muy cautelosos ante las encuestas que se hagan sobre el aborto; porque suelen ser inventadas, pero tienen la virtud incluso de convencer a magistrados y legisladores, pues ellos, como cualquier otra persona, leen la prensa, escuchan la radio, y siempre se les queda algo.


La jerarquía católica elegida como víctima
Una de las tácticas más eficaces que utilizamos en aquella época fue la que llamamos "etiqueta católica". Esto es importante para ustedes, porque su país es mayoritariamente católico.
En 1966 la guerra de Vietnam no era popular. Pero la Iglesia Católica la apoyaba en EE.UU.. Entonces escogimos como víctima a la Iglesia Católica y tratamos de relacionarla con otros movimientos "reaccionarios", incluyendo el movimiento antiabortista. Con esto pusimos a todos los jóvenes y a las iglesias protestantes, que siempre habían mirado con recelo a la Iglesia Católica, en contra de ésta. Conseguimos inculcarles a la gente la idea de que la Iglesia Católica era la culpable de que no se aprobara la ley del aborto.
Como era importante no crear antagonismos entre los propios estadounidenses de distintas creencias, aislamos a la jerarquía - obispos y cardenales - como a los "malos". A los católicos que rechazaban el aborto se les acusaba de estar "embrujados" por la jerarquía, y a los que lo aceptaban se les consideraba "modernos", "progresistas", "liberales" y más "iluminados". Puedo asegurarles que el problema del aborto no es un problema de tipo confesional. La Iglesia Católica no es la única religión o institución que está en contra del aborto. Yo no pertenezco a ninguna religión y en cambio les estoy hablando contra el aborto. Pero esta táctica fue tan eficaz que todavía hoy se emplea en otros países.
Otra táctica que empleamos con la Iglesia Católica fue acusar a sus sacerdotes, cuando tomaban parte en debates públicos contra el aborto, de "meterse en política" y de que ello era "anticonstitucional". El público se lo creyó fácilmente aunque la falacia del argumento está clara.


Dirigí a partir de 1971 la clínica más grande del mundo
Se trataba del Centro de Salud Sexual (CRANCH), situado al este de Nueva York. Tenía 10 quirófanos y 35 médicos a mis órdenes. Cuando me hice cargo de la clínica todo estaba sucio y en las peores condiciones sanitarias. Los médicos no se lavaban las manos de un aborto a otro. Algunos abortos, inclusive, era practicados por las enfermeras o por simples auxiliares. Conseguí modificar todo aquello y transformar la clínica en un "modelo" de su género.
Practicábamos 120 abortos diarios, inclusive los domingos, y sólo el día de Navidad no trabajábamos. Como Jefe de Departamento, tengo que confesar que se practicaron 60,000 abortos bajo mis órdenes y unos 5,000 fueron hechos personalmente por mí.

Recuerdo que en una fiesta que organizamos, algunas esposas de los médicos me contaron que sus maridos sufrían por las noches de pesadillas, y gritando hablaban de sangre y cuerpos destrozados de niños. Otros bebían demasiado y algunos usaban drogas. Algunos de ellos tuvieron que someterse a tratamiento psiquiátrico. Muchas enfermeras se volvieron alcohólicas y otras abandonaron la clínica llorando. Fue para mí una experiencia sin precedentes.
En septiembre de 1972 presenté mi dimisión porque ya había conseguido mi objetivo, que era poner en marcha la clínica. En aquella época, lo digo sinceramente, no dejé la clínica porque estuviera contra el aborto; la dejé porque tenía otros compromisos que cumplir. Fui nombrado Director del Servicio de Obstetricia del Hospital de San Lucas de Nueva York y empecé a establecer el servicio de Fetología. Estudiando el feto en el interior del útero materno, pude comprobar que es un ser humano con todas sus características y que deben reconocérsele todos los privilegios y ventajas de que disfruta cualquier ciudadano en la sociedad.



Del estudio del feto vivo en el interior del útero saqué esta conclusión
Quizás alguno piense que antes de mis estudios debía saber, como médico y además como ginecólogo, que el concebido es un ser humano. Efectivamente sí lo sabía, pero no lo había comprobado yo mismo científicamente. Los nuevos sistemas de exploración nos ayudan a conocer con mayor exactitud su naturaleza humana y a no considerarlo como un simple trozo de carne. Hoy, con técnicas modernas, se pueden tratar en el interior del útero muchas enfermedades, incluso hasta se practican 50 clases distintas de intervenciones quirúrgicas. Son estos argumentos científicos los que han cambiado mi modo de pensar. Fíjense: si el concebido es un paciente al que se le puede tratar, entonces es una persona, y si es una persona, tiene derecho a la vida y a que nosotros procuremos conservarla.

Los casos de violación, subnormalidad y el estado de salud de la madre
La violación es una situación muy dolorosa. Afortunadamente son pocas las violaciones de las cuales surge un embarazo. Pero aun en ese caso, la violación, que es un acto de violencia terrible, no puede ir seguida de otro no menos terrible como lo es la destrucción de un ser vivo. Por lo tanto, tratar de borrar una horrible violencia con otra también horrible no parece lógico; es sencillamente absurdo, y en realidad lo que hace es aumentar el trauma de la mujer al destruir una vida inocente, porque esa vida tiene un valor en sí misma aunque haya sido creada en circunstancias espantosas, circunstancias que nunca podrán justificar su destrucción. Muchos de los que estamos aquí fuimos concebidos en circunstancias que no fueron las ideales, tal vez sin amor, sin calor humano, pero eso no nos cambia en absoluto ni nos estigmatiza. Por lo tanto, recurrir al aborto en caso de violación es algo ilógico e inhumano.

El caso de que la vida de la madre peligre de continuar su embarazo, hoy, con los avances de la medicina, prácticamente no existe. Por lo tanto, el argumento es engañoso, porque sencillamente no es cierto.

Finalmente voy a considerar el aborto cuando el feto nacerá con defectos. Es éste un tema muy delicado porque significa que aspiramos a que la sociedad esté formada por personas físicamente perfectas, y sin temor a equivocarme puedo asegurar que en esta sala no hay una sola persona que sea físicamente perfecta. Es peligrosísimo aceptar este principio porque desembocaría en un holocausto.

Voy a contarles una anécdota. Cuando estuve con mi esposa en Nueva Zelandia almorzamos un día con Sir William Liley, que es el fetólogo más importante del mundo, y nos contó que habían tenido cuatro hijos que ya eran mayores, y al quedar solo el matrimonio adoptaron un niño mongólico. Me dijo que este hijo adoptivo les había proporcionado más satisfacciones que cualquiera de los otros cuatro hijos.

Puedo asegurarles que si esta clase de ley se aprueba se abusará de ella y se utilizará para justificar el aborto en todos los casos. Esto es lo que ha ocurrido en el Canadá. Los médicos, sencillamente ponen un sello en las solicitudes de aborto y todo el mundo se ríe de ellas y de la ley. Pienso que cuando se permite el aborto, se permite un acto de violencia mortal, un acto deliberado de destrucción y por lo tanto un crimen. Puedo asegurarles que si se sigue el camino sangriento del aborto, los tres Jinetes del Apocalipsis que son la delincuencia, la droga y la eutanasia no tardarán en seguirle, como está sucediendo en EE.UU..


Quisiera terminar con estas palabras: Como científico, no es que crea; es que sé que la vida empieza en el momento de la concepción y debe ser inviolable. Y si no salimos victoriosos y olvidamos nuestra completa dedicación a esta causa tan importante, la historia nunca nos lo perdonará.
Nota: El presente texto es un fragmento de una conferencia del Dr. Bernard N. Nathanson ante el Colegio Médico de Madrid, el 5 de noviembre de 1982, publicada por la revista "Fuerza Nueva". El Dr. Nathanson fue uno de los más importantes promotores del aborto en su país (EE.UU..) y miembro fundador de la Asociación Nacional para la Derogación de las Leyes que prohíben el Aborto o NARAL (National Association for the Repeal of Abortion Laws). El Dr. Nathanson fue bautizado en la Iglesia Católica durante la Vigilia Pascual de 1996. Su dramática conversión de proabortista a pro vida, de ateo en creyente y de creyente a católico, la narra él mismo en su autobiografía, recientemente publicada en inglés y titulada "The Hand of God" ("La mano de Dios"). Este fascinante libro no sólo narra la maravillosa obra de Dios en la vida de este hombre, sino también nos descubre, en boca del propio autor, las insidiosas tácticas del movimiento proabortista en forma más detallada y completa que en este folleto. Todo defensor de la vida debe tener esta valiosa información.
FUENTE: "Yo practiqué cinco mil abortos", conferencia pronunciada por el Dr. Bernard Nathanson en el Colegio Médico de Madrid el 5 de noviembre de 1982, publicada por la revista Fuerza Nueva. El Dr. Nathanson fue uno de los más importantes propugnadores del aborto en los Estados Unidos y miembro fundador de la Asociación Nacional para la Derogación de las Leyes que Prohiben el Aborto o NARAL (National Association for the Repeal of Abortion Laws). Hoy en día el Dr. Nathanson es un conferencista pro vida convertido al catolicismo.


Testimonios de ex empleadas de clínicas de aborto en EE.UU.
>Judith Fetrow: "Los voluntarios de la PPFA, los escoltas [de las mujeres que entran a la clínica de aborto] y los empleados han recibido instrucciones de no hablar con los cristianos pro vida. Les han dicho esto porque demasiados empleados y voluntarios han oído la verdad y se han arrepentido."

>Marian Johnston-Loehner: "Un día alguien me dió un libro escrito por la Dra. Jean Garton, "Who Broke the Baby?" Ese libro tomó todos los eufemismos que yo había estado usando durante años, cuando abogaba por la 'opción', y los destruyó uno por uno. Yo leía un poco cada noche y lloraba y lloraba, y creo que la última noche que lo leí la represa entera se derrumbó, y vinieron las lágrimas, y me arrepentí. De veras que me dolía todo lo que había hecho, de veras estaba arrepentida de haberle quitado la vida a un niño inocente, porque hasta entonces, aún después que nació mi hijo, y aún después que nació mi hija, todavía yo no estaba dispuesta a admitir que un niño es un ser humano desde el momento de la concepción. Yo cedía siempre ante las mentiras."

>Dina Madsen: "Estaba juntando los pedazos de los bebés y ayudándo al médico. Habían disminuído los chistes y el sarcasmo que oí todo el tiempo que estuve allí [en la clínica de aborto]. Estaba cambiando hasta el punto de que odiaba estar allí, odiaba ir a trabajar, tener que estar en el mismo salón con ese abortista y con esas mujeres. Quería correr y gritar, odiaba hacerlo."

>Joy Davis: "Cuando yo estaba en la industria del aborto empecé a tener pesadillas y a sentir sentimientos de culpas porque lo que estaba haciendo estaba mal. Entonces fuí donde un amigo que era abortero. El no trabajaba conmigo, pero trabajaba en una clínica cercana. Yo fuí y le conté acerca de todas las cosas que sentía, sobre las pesadillas y el sentimiento de culpabilidad. El me dijo que entendía bien, porque él también tenía pesadillas y también sentía una tremenda cantidad de culpa."
"Hace catorce años me ofrecieron empleo en una clínica de abortos en Birmingham, Estado de Alabama. Consideré la oferta, pensé que era muy buena y que estaría ayudando a las mujeres luchando por una causa muy buena, así que acepté ese puesto. Después de poco tiempo de estar trabajando allí me di cuenta de que no estábamos allí para ayudar a las mujeres. Teníamos un negocio, una organización para ganar dinero.
"Las condiciones de la clínica donde yo trabajé eran muy, pero muy pobres. No teníamos equipo para mantener la vida. Nuestra gente no estaba bien entrenada. La mayoría no tenía antecedentes médicos. Los médicos rotaban y nunca teníamos el mismo doctor.
"Conocí a un doctor en la clínica, de nombre Tommy Tucker, quien me dijo un día que él quería abrir su propia clínica. Me dijo que quería hacer bien las cosas. Quería tener empleados en la clínica que estuvieran bien entrenados y calificados. Quería usar anestesia general y traer anestesistas, para que las mujeres no sufrieran, porque en la clínica en donde trabajábamos sufrían mucho.
"Yo pensé que sería una idea maravillosa y acepté su oferta. Así que llegué a ser directora regional de seis clínicas de aborto en los Estados de Mississippi y Alabama. Teníamos el mejor equipo. Teníamos gente bien entrenada y eficiente. Les mentíamos a las mujeres, pero eso era algo que teníamos que hacer para ganar dinero. Pero veíamos sólo pocas mujeres cada día, porque no queríamos apurarlas como al ganado. Queríamos tomarnos el tiempo y darles la clase de atención médica que ellas necesitaban.
"Después de pocos meses, su avaricia se impuso. A él le parecía que no ganaba suficiente dinero, de modo que despidió a los anestesistas, porque ganaban mucho dinero. Después de pocos meses de observar cómo anestesiaban a las pacientes, empezamos nosotras mismas a anestesiarlas sin tener idea de lo que estábamos haciendo. Sólo sabíamos lo que habíamos visto hacer, de modo que empezamos a hacerlo nosotras.
"Entonces nuestras enfermeras que trabajaban en el cuarto de recuperación fueron despedidas; después nuestro técnico de laboratorio, y así sucesivamente.
"Comencé a entrevistar gente que no tenía conocimientos médicos en absoluto, trayéndolos para hacer el trabajo de anestesistas, de técnicos en laboratorio, de enfermeras y hasta de médicos. De manera que traje gente de la calle, sin conocimientos médicos y los entrené.
"Veíamos aproximadamente 10 mujeres por día en las clínicas, pero eso no era suficiente. Empezamos a ver tantas como podíamos admitir en cada clínica. Pero para él no había aerolínea lo suficientemente rápida o eficiente que lo pudiera llevar a todas estas clínicas. De modo que me entrenó para ser médico. Yo nunca había estado, ni un solo día, en una escuela de medicina. Sólo había recibido entrenamiento como técnico de ultrasonido. Tenía antecedentes comerciales, pero no sabía nada de medicina, excepto lo que durante años había visto hacer a los médicos.
"Entonces comencé a hacer abortos. Empecé a hacer cirugía, Norplants, criocirugía, Papanicolau, exámenes pélvicos. Hacía todo lo que él hacía. Y estaba orgullosa porque creía que lo hacía mejor que él. Todos los empleados decían: 'Necesita ver a la Dra. Davis hoy', porque pensaban que era mejor médico que él. Yo nunca tuve problemas con las pacientes. No hice hospitalizar a ninguna mujer, y él las hacía hospitalizar casi todos los meses en condiciones críticas: histerectomías, tejidos retenidos. Todo lo que podía salir mal con sus pacientes sucedía.
"Yo creía que todo andaba bien, porque no tenía esos problemas. Me tomé mi tiempo y les di mucho amor a las pacientes. Yo estaba arriesgándoles la vida a ellas con mucha negligencia. De las miles y miles de pacientes que vimos no pude recordar ni un solo nombre ni una sola cara, porque para mí eran sólo un número. Yo me refería a ellas según cuanto habían pagado. 'Oh, ese es un caso de cuatrocientos dólares, ese es un caso de cinco mil dólares'. No las veía como personas, sólo como un número.
"Entonces un día una jovencita vino a nosotros para un aborto tardío en el segundo trimestre. Nosotros terminábamos los embarazos aún casi llegando al final de la gestación. Él [el Dr. Tucker] vino y le practicó el aborto y dejó el salón apenas terminó. Ella estaba bajo anestesia general que le dió una persona no calificada.
"Yo la llevé al salón de recuperación. Estuve con ella e hice todo lo posible para que estuviera estable, pero comenzó a sangrar bastante y yo no podía impedirlo. De modo que corrí donde el médico y le pedí ayuda: 'está sangrando y yo no sé que hacer'. Él dijo: 'llévela al salón de examen, examínela, averigüe por qué está sangrando y detenga la hemorragia. Así de simple, yo estoy ocupado'.
"Yo hice lo que sabía hacer, pero ella seguía sangrando. Llamé una ambulancia para ir al hospital y cuando él lo supo se enfadó mucho y canceló la ambulancia. Me dijo: 'Yo soy el médico aquí y yo tomo las decisiones. No puedo enviar a la paciente al hospital en esas condiciones, me colgarían. Ahora, trate de estabilizarla'.
"Pero ya había sangre por todas partes. Salía como de un grifo de agua y no podía detenerla. Le pedí al doctor el favor de ayudarme: 'Si no me ayuda, va a morirse'. Él respondió: 'Bueno, llame a la ambulancia. Tengo que tomar un avión'. Y se fue. Entonces llamé a la ambulancia, que llegó a los veinte minutos, y durante ese tiempo me di cuenta de que yo no era médico, y me asusté tanto de que me pusieran en esa posición y de que yo me hubiera dejado poner en ella, de tratar de salvar una vida, sin saber como hacerlo.
"La otra cosa que me vino a la mente fue que ese médico era mi héroe. Él había logrado que yo llegara a ganar aproximadamente cien mil dólares al año. Pero en ese momento vi lo que él era. Era un cobarde, se había ido cuando la paciente lo necesitaba. A ella la llevaron al hospital y yo me alegré de que se hubiera ido, porque estaría con médicos que podrían encargarse de sus problemas y porque me habían librado de esa responsabilidad, hasta que me llamaron del hospital y me dijeron que había muerto.
"Entonces empecé a tener pesadillas y cada vez que cerraba los ojos podía verle la cara. Me sentí tan culpable por ella, tenía rabia de que el hombre que yo había admirado fuera tan negligente, y eso casi me destruyó.
"Después el consejo médico pidió sus informes. Él dió un paso más y los cambió para dar la apariencia de que él no era tan negligente como lo era. Me dió los informes originales de su historia médica y me dijo que fuera al sótano a quemarlos, me dijo que no podíamos ir al juzgado así, porque nos colgarían. teníamos que ocultar lo que pasó. Me dijo que quemara los informes inmediatamente, pero yo no pude hacerlo. Tomé los informes y los puse en mi papelera, porque sabía que yo no podría mentir para favorecerlo en este caso. No podía ocultar más lo que él hizo.
"De modo que fui al consejo médico, al abogado del distrito. Allá entregué toda la información acerca de la negligencia que habíamos hecho. Yo confesé haber practicado medicina sin licencia y suministré la evidencia de ello. Me dijeron que ellos querían que yo continuara siendo empleada de él, pues querían seguir recopilando información para ellos. Me dijeron que tenían ante ellos un caso claro de homicidio por negligencia, pero querían más. Todo esto continuó pero no hacían nada al respecto.
"Un día el Dr. Tucker regresó al Estado de Alabama, donde yo estaba; había estado trabajando en el Estado de Mississippi. Me dijo que había tenido dificultades en Mississippi y que yo tendría que ir allá, porque había problemas y yo tendría que calmar a los empleados. Y ¿qué paso? Me dijo: 'Bueno, una joven vino para un aborto. Yo creía que ella tenía 18 semanas de embarazo; pero resultó estar más cerca del final del embarazo. Inserté la laminaria. Ella dió a luz y tuvo un bebé vivo y saludable'. 'Entonces que hizo usted?' Él respondió: '¿Qué podía hacer yo? Maté al bebé'. Y dijo que todos los empleados estaban muy exaltados, de modo que yo debía ir a ocuparme de eso.
"Yo tomé un avión y fui a Mississippi, pero antes de tomar el avión, llamé al abogado del distrito y le conté lo que había sucedido. Antes de que yo pudiera llegar a la clínica, él había estado interrogando a los empleados. El caso fue al gran jurado, pero no pudieron probar que había matado a ese bebé, porque no tenían al bebé. El bebé desapareció, y no pudieron probar nada. De modo que el caso no siguió aunque los empleados testificaron que sí sucedió. Aún así no pudieron probar el caso.
"Volví al consejo médico de Alabama y pregunté: '¿Por qué no hacen ustedes nada? ¿Por qué no han hecho algo acerca de la muerte de esa niña?' Me dijeron que el aborto era un tema político caliente y no querían tocarlo en realidad. Los medios de comunicación consiguieron esta información y forzaron a los consejos médicos a actuar contra el médico. Él ya no tenía negocios en Misissipi y Alabama. Le habían suspendido la licencia. El Departamento de Salud le cerró todas sus clínicas, y ya no podía hacer daño a nadie más.
"Vea usted, el aborto se ha puesto tan malo, y la avaricia por el aborto se ha puesto tan mala, que ya no les importan las mujeres. Ciertamente no les importa el bebé, pero ahora las mujeres se están muriendo."

>Joan Appleton: "...en las clínicas independientes no hay personal médico aparte del médico que hace el aborto...Los médicos que empleamos eran más que todo principiantes que estaban empezando su práctica privada y hacían abortos para ganar lo suficiente con el fin de hacer prosperar su propia práctica, o eran médicos que no ganaban mucho y trabajaban en abortuarios para pagar su seguro de mala práctica, que era muy alto para ginecólogos y obstetras."
"Me gustaba aconsejarle a una mujer diciéndole: 'Bueno, no queremos que usted tenga que pasar por este procedimiento otra vez; queremos que empiece a tomar píldoras anticonceptivas. Le vamos a dar su primer paquete gratis, porque las compañías farmacéuticas nos las dieron gratis'. Es un buen negocio que podamos distribuir un paquete gratis, escribir una receta con píldoras para 5 meses...todos sacan provecho.
"En cambio, las organizaciones como la PPFA y las industrias del aborto no eran estúpidas. Ellas sabían que cuanto más pequeñas fuesen las dosis de estrógenos en esas píldoras, más probabilidades tenían de fallar. Pero no había que preocuparse, porque podríamos traerla [a la clienta] para otro aborto. De modo que usaban píldoras que tenían porcentajes de fracaso como del 30%...Y no olvidábamos decirles que si tenían una gripe o un resfriado, íbamos a darle antibióticos, entonces la reacción química entre la píldora anticonceptiva y el antibiótico hace inefectiva la acción anticonceptiva, de modo que teníamos otro 20% que tendría que regresar.
"Luego íbamos a las escuelas a enseñar cómo tener relaciones sexuales 'sin riesgos', porque [decíamos]: 'Nos preocupamos por ustedes, nos preocupamos por las mujeres'. De modo que lo que hacen hoy en día [los que están en la industria del aborto] es ir a las escuelas a decirles: 'Niños, sabemos que ustedes van a tener relaciones sexuales; queremos que entiendan que nosotros lo entendemos y que eso está bien. También eso quiere decir que dos, tres o cuatro de ustedes van a morir, pero si usan nuestros preservativos, y si usan nuestros métodos anticonceptivos, y si tienen relaciones sexuales sin riesgo, sólo tres o cinco de ustedes se morirán. El resto de ustedes vivirán. Oh, claro que un 30% contraerán una enfermedad, pero nosotros nos encargaremos de eso, amigos'.
"Una de las cosas que continuaba molestándome aún durante el tiempo en que fui la principal enfermera de la clínica, era una mujer que tenía un gran trauma emocional y para quien la decisión [de practicarse el aborto] era muy difícil...'Pero, si era una cosa tan natural, si era lo correcto, ¿por qué era tan difícil?' Yo tenía que preguntarme eso todo el tiempo. También me preguntaba: 'Si yo aconsejé tan bien a estas mujeres y ellas estaban tan seguras de su decisión, ¿por qué seguían volviendo a mí ahora, meses y años después, convertidas en una ruina desde el punto de vista psicológico?'
"Nosotras, las que estábamos en el movimiento 'pro opción' y en la industria del aborto, negábamos la existencia del síndrome postaborto. Sin embargo, es real y cuando las mujeres regresaban no podíamos negar su existencia. Además, su número sigue en aumento.
"Yo también había visto un aborto por medio del sonograma. Fue en el primer trimestre, la última parte del primer trimestre o probablemente el segundo trimestre. No me acuerdo cuál era el problema específicamente, pero queríamos hacer el aborto bajo control sonográfico para asegurarnos de que habíamos sacado todo el bebé, o según la terminología, queríamos asegurarnos de que teníamos 'el embarazo completo'. Yo manejaba el ultrasonido mientras el médico hacía el procedimiento y yo lo dirigía mientras observaba la pantalla. Ví que el bebé se retiraba, abría la boca. Yo había visto 'El grito silencioso' ('The Silent Sream') [video que muestra un aborto] varias veces, pero no me afectó. Para mí era solamente una propaganda pro vida más. Pero yo no podía negar lo que ví en la pantalla. Después de ese procedimiento yo estaba temblando, pero me las arreglé para continuar durante el día."
"Mi jefe en la oficina me dijo que hay un crematorio en ese cuarto, y el crematorio es grande, como los de las funerarias, y yo no pude pasar por alto esa máquina más tiempo. Olía mucho cuando encendían ese horno de gas. Y la cosa más horrible era que olíamos a esos bebés quemándose, porque yo estaba al otro lado de la esquina."
"Cada vez que ella venía a que le practicaran un aborto o una dilatación y extracción [un método de aborto], lo anotábamos en su historia clínica. Algunas de estas historias estaban llenas por ambos lados por múltiples abortos. Y algún médico las miraba y bromeaba: 'Si se apura, puede venir otra vez antes de Navidad'. ¿Un tipo como éste realmente se preocupa por las mujeres? No lo creo."
>Dina Madsen: "No se requería de ningún conocimiento médico para el puesto, sólo se necesitaba estar de acuerdo con el aborto.
"Yo estaba viendo a los bebés como algo que se podía desechar. Yo no los consideraba importantes. Yo no apreciaba mi propia vida, por consiguiente, ¿cómo podría valorar la vida de ningún otro? Y si estas mujeres eran tan estúpidas de quedar embarazadas, entonces era culpa suya. Así pensaba yo, y así pensaba la mayoría del personal.
"Algunas de las directoras con quienes trabajé habían tenido ocho o nueve abortos, y [sin embargo] éramos las mismas personas que las despreciábamos a ellas porque venían a que les volvieran a practicar abortos.
"De todas las mujeres con las cuales trabajé, yo diría que la mitad de ellas se habían practicado abortos y repetidas veces, y nunca dejaban que ninguno de esos sujetos [los médicos de la clínica] las tocaran por ningún motivo. Y sin embargo todos los días les decían a otras mujeres que ellos eran unos médicos maravillosos, que no les iban a hacer ningún daño, que eran los mejores en su campo, que él era muy simpático, etc. Y a veces las mujeres preguntaban: '¿Se han practicado ustedes algún aborto?' Y ellas respondían: 'Sí, pero no me lo hizo él'.
"Debo admitir, sin embargo, que no les tenía mucha lástima [a las mujeres que venían a practicarse el aborto]. Mi manera de pensar era: 'Bueno, usted se metió en este problema, de modo que aguante'.
"Cuando llamaba una mujer yo la hacía sentir como si eso era lo que ella había escogido, y que la íbamos a apoyar en su decisión, porque las mujeres buscan a alguien que apoye su decisión.

>Luhra Tivis: "Una mujer llamó y dijo: 'Estoy llamando por mi hija; quiero saber cómo se hace el procedimiento'. Y añadió: '¿Ha tenido usted un bebé vivo?' Esta pregunta me sacudió, porque yo no había ni siquiera pensado en eso. De modo que le pregunté a mi supervisora Elana: '¿De qué está hablando?' Y Elana me dijo: 'Respóndele que no hemos tenido ningún nacimiento vivo en esta clínica'. Desde entonces he averiguado que era mentira.
FUENTE: Tomado del video "Abortion, The Inside Story" de la organización pro vida "The Pro-Life Action League" ("La Liga de Acción por la Vida"), 1995. Traducido, doblado y distribuido por Vida Humana Internacional.
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