miércoles, 7 de diciembre de 2011

Mateo 11,28-30


 Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. 
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana".


El yugo es un instrumento de madera al cual, formando yunta, se unen por el cuello las mulas, o por la cabeza o el cuello los bueyes. El efecto del yugo es unir estrechamente a dos seres vivos, haciéndolos compartir idéntica ruta y un mismo destino. La expresión viene del latín, "iugulus": garganta. De ahí las venas yugulares, a uno y otro lado del cuello, convirtiendo a esa región en zona de extremo riesgo para la vida.

Jesús, comparte ese yugo con nosotros. Se lo echa al cuello con nosotros y nos ayuda a caminar la vida llevando las cargas, las dificultades , los problemas, juntos.
Así es más fácil. No se pone solo como compañero de ruta y de destino, sino que ayuda a llevar la carga. No solo nos alienta desde lejos como podría ser alguien que desde una tribuna grita nuestro nombre para darnos fuerza. Se mete en el partido de nuestra vida, se mete en nuestra piel, y nos ayuda a hacer aquella mejor jugada, la soñada, la que siempre termina en gol.

Mi carga liviana. Los judíos acostumbraban  llamar carga a todos los mandamientos, las enseñanzas dadas, por los maestros. La carga de Jesús es el amor. Amor, con mayúsculas, que ayuda a remediar nuestros males. Que ayuda a demoler la injusticia, la mala distribución de riquezas, los odios, las avaricias, que ayuda a pensar en el otro dejando de lado tanta búsqueda de confort, tanto hacerse de necesidades que no lo son, tanto inventarse problemas por no conseguir lo que uno desea sin necesidad.

Hoy, estas palabras del Señor, parecen esas músicas que uno elige escuchar en momentos de tensión, de angustia y que te relajan el alma, que te serenan el espíritu. Es que nos ayuda a ser más mansos, evitar la violencia, la ira, el ansia de poder que tiene el mundo, nos ayuda ser más humildes, a dejar de lado la arrogancia de creernos dioses que tienen todo resuelto, que la sabe todo, que no necesita de nada ni de nadie y menos de Dios. Nos ayuda al equilibrio con las cosas y la naturaleza misma. Nos ayuda a dejar todo en manos de Dios, a sabernos amados por Él, a saber que Él, decididamente nos ofrece su yugo, para que juntos llevemos lo de todo lo días, con amor, perdón, con Amor. Así todo es más fácil.
Otro paso hacia Navidad: ser hoy, un poco más manso y humilde de corazón, dejarme ayudar por Jesús que me ofrece su yugo para caminar junto a Él, y decirle gracias por ayudarme a llevar la carga de todos los días  .
Publicar un comentario