sábado, 3 de diciembre de 2011

Mateo 9,35-38.10,1.6-8.


Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. 
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha."
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.
Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.


Imagino la película: Jesús caminando, haciendo altos, curando, en medio del sol, del frío, en el día o en la noche, lidiando con la flaqueza humana, con la consecuencia del pecado que también es la enfermedad del cuerpo. La misma  sensación que me queda cuando observo sacerdotes que se pasan horas y horas confesando, sin un minuto de descanso, a veces sin comer , y verles las caras de exhaustos después de escuchar tanta debilidad humana.
Y si esto pasa en el rostro y el corazón de sacerdotes que cuentan con la ayuda de otros sacerdotes, me imagino el rostro exhausto , cansado, me imagino el gesto, la mirada perdida, la ternura que habrá visto el evangelista para decir : “Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor”.

Me imagino a los apóstoles, quizás sin observar eso mismo que miraba Jesús. Tal vez para ellos, era una multitud que venía buscando algo, molestando, sin orden, tratando de llegar como sea al maestro, y ellos tratando de que no se abalancen sobre Él. Cuando Jesús mostró ese rostro de compasión, cuando les dijo lo que les dijo, habrán mirado a la multitud de otra manera, y habrán sentido la necesidad, pero también la obligación  de ayudarlo en aquella tarea de evangelizar, de curar, de ayudar, de devolver la esperanza, de mostrarles una forma nueva de vida, de mostrarles el camino del Amor que ellos estaban conociendo.

Hoy, si Jesús caminara estos días, sentiría compasión por tantos  hermanos que están como ovejas sin pastor, que no tienen referentes en su vida, que los ídolos que escogen los llevan a la infelicidad, que no tienen quien los escuche, quien los comprenda, quien los cure del alma, quien les muestre un camino distinto. Sentiría compasión por  niños y jóvenes sin  esperanza en el futuro, por familias rotas con hijos librados a la buena de Dios, por tantos adultos que buscan en lo material, en los vicios, llenar el vacío existencial que inunda sus vidas. Y también, señalándolos, nos diría: ¡vayan!  Por favor, ustedes que entendieron el mensaje, ¡vayan!. Una multitud los espera, sean mis apóstoles, sean otros cristos que ayuden a tantos que los requieren, no le tengan miedo al compromiso, se puede hacer mucho en lo poco también, porque una multitud puede ser una sola persona a la que puedan ayudar, llévenle la buena nueva, muéstrenle el camino del amor, que se puede , que hay un mundo mejor, que por lo menos, los que los vean sientan esa curiosidad de porque viven felices a pesar de todo y de todos…

Pasitos hacia la navidad: solo por hoy,  la compasión de Jesús, me moverá a ser compasivos con los demás  (mañana repetiré lo mismo)
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