lunes, 9 de enero de 2012

Marcos 1,14-20.


Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: 
"El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia".
Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores.
Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".
Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.
Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó,
y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.

“El tiempo se ha cumplido… muchachos, chicas… llegó a su fin la espera. Aquí estoy, he llegado, compartí con ustedes,el nacimiento, la niñez, la adolescencia, la juventud. Vi irse a mi papá, y llegué hasta este moemtno para decirles: la espera ha terminado, la de años, la de los profetas, el tiempo anunciado por Elias, Isaías, el  tiempo preparado por años de historia, deambulando de aquí para allá en busca de la tierra prometida”….todo eso parece decir el Señor cuando proclamaba la buena nueva.

Tanta empatía con su pueblo, tanto conocer desde dentro los problemas de la gente… a tanta gente habrá conocido en la carpintería que fue a buscar a los pescadores, rudos, sencillos, con los cuales seguramente compartía charlas en el taller cuando le encargaban algún “laburito” para sus barcas…. Los conocía, sabía de sus luchas, sabía de la pasión que ponían en cada luna que los llevaba al mar profundo desafiando muchísimas cosas, que hoy se solucionan con la tecnología: orientación, fuerza bruta para mover esas barcas,  etc.

Por eso a los primeros que buscó fue a ellos. Los buscó en el mismo trabajo donde estaban, para que se den cuenta que los conocía, que no les pedía cosas imposibles para la gente común, que El, sabía con que contaba, que no hacía falta que le engañen de conocimientos de la Ley, o de oraciones sofisticadas, o de una manera elocuente de hablar, eran ellos, los simples, los sencillos.
No buscó en el templo, no buscó entre las escuelas de discipulado existentes… buscó al lado del mar, entre gente sencilla.

¿Sabés?, Él, nos busca donde estamos. Nos conoce, sabe cuanto podemos dar, sabe de nuestra pasión por las cosas, sabe de nuestra sencillez de corazón, sabe entender la riquezas de nuestras simples cosas, y por eso, nos llama a una tarea superior.

A aquellos le dijo : les haré pescadores de hombres… ¿Qué nos dirá a nosotros?: te haré constructor del reino, te haré doctor de almas, te haré maestra de vida, te haré profesor de valores y criterios , te haré psicólogo de almas perdidas y confundidas, te haré comerciante de perlas preciosas, te haré abogado de los que claman justicia verdadera, te haré ama de casa de mi casa la Iglesia…cada uno sabrá.

La cuestión es que respondamos con la misma prontitud de aquellos que dejándolo todo, lo siguieron, y comenzaron a escucharle.
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