jueves, 23 de febrero de 2012

DÍA 2 Lucas 9,22-25.


"El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día". 
Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?

A veces, cuando mueren personas de mucho dinero a raíz de una enfermedad terminal, el comentario es: ¿para que le sirvió tanta plata si no pudo sortear la enfermedad y la muerte?  Ni todo el dinero del mundo puede ayudar a salvar de ciertos estadios de enfermedad que aún permanecen  indescifrables para la ciencia y la medicina.  Fortunas que se van a través de una cura milagrosa que no se consigue.
¿De que le sirve al hombre ganar todo en la vida, ser millonario, conseguir por derecha o por izquierda lo que se propone, darse todos los lujos habidos y por haber, si , al momento de la muerte, no va nada de eso con él? Dinero, lujos, bienes, diversiones, pasatiempos, conseguidos muchas veces a espaldas de Dios o a espaldas del prójimo, imagen de Dios en la tierra: conseguimos lo que queríamos, pero perdimos la amistad con Dios.

Eso, no solo arriba lo lamentaremos. Ya lo lamentamos aquí en la tierra, cuando los demás se alejan de nosotros, o se acercan solo por interés, cuando nos tienen miedo, pero no nos quieren, cuando nos convertimos en personas antipáticas, cuando establecemos relaciones egoístas donde el que importa soy solo yo,  lo que produce soledad, desasosiego, angustia, cuando la almohada, a veces la única que conoce profundamente mi conciencia, no me deja dormir tranquilo…

Hoy Jesús nos dice que el camino es otro, que va contra mano del camino que nos propone el mundo.  Nos dice que Él, siendo Dios, siendo nuestro Maestro, sufrirá, lo golpearán, lo matarán, no de un golpecito o de un disparo, lo matarán después de flagelarlo, crucificarlo, que para Él, no será fácil. Que si Él, es el Maestro, a nosotros también…




Pero ese dolor asumido por Él, es para que justamente, nosotros, sus hermanos queridos, no suframos lo mismo. Sólo nos pide que no nos quejemos de esas pequeñas cruces ( al lado de la suya), que tenemos todos los días de nuestra vida. Es más, que las asumamos con valentía, con orgullo, con alegría pues estamos en su mismo camino. Quizás a alguno le toque esas cruces más pesadas de una enfermedad larga y difícil, donde casi no hay esperanzas. Quizá a alguno le toque enfrentarse todos los días con situaciones familiares o de trabajo o económicas, que quieran hacer tambalear la vida de gracia. Si, hay cruces y cruces. Pero, así como dijo que “El Hijo del hombre, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte “, también les dijo “ resucitará al tercer día". Y ahí esta nuestra ganancia.

"El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga”

Ojalá, que aunque cueste, que aunque las cruces de cada día, se hagan pesadas y molestas, que aunque los demás nos condenen o se burlen de nuestra vida en paz interior, que aunque no sintamos ni la ayuda de nuestra familia, podamos decir con orgullo: Señor, cuenta conmigo, aquí estoy dispuesto a jugarme, y sin más vueltas decirle: si Señor, yo te sigo
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