martes, 28 de febrero de 2012

DÍA 7: Mateo 6,7-15.


Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. 
No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

Simple y sencilla.  Estas palabras que nos enseña Jesús, nos demuestra que no hace falta tanto para  comunicarse con el Padre.

Estamos en la era de la comunicación, donde vencimos barreras increíbles  de distancia. Donde el teléfono se nos hace imprescindible y ya no es posible imaginarnos sin celular . Esto es hoy. Mañana no sabremos a donde y como nos acercará la ciencia y la tecnología.
Nos  bloqueamos cuando por algún motivo nos quedamos sin comunicación. O cuando se corta internet, o cuando no tenemos corriente eléctrica, o cuando nos quedamos sin señal. Nos sentimos  olvidados del resto del mundo, nos sentimos aislados.

Sin embargo desde  siempre el hombre buscó comunicarse con ese ser superior, y pasaron los siglos y siglos, y aquel Ser Superior que era lejano, severo, castigador, no era ni más ni menos que un Padre Bueno que siempre cuida de sus hijos.
Y cuando Jesús caminó esta misma tierra que pisamos y habitamos  cada uno de nosotros, nos  enseño a llamar “papito” :  Abba , una palabra sencilla, que surge desde el corazón. Y para eso no hace falta celular, ni internet, ni corriente eléctrica. Solo hacer un pequeño esfuerzo mental de mirar hacia dentro de nuestro corazón, y hablarle  y cuanto más le hablamos, más crédito tenemos, al contrario de nuestras comunicaciones, cuando más le decimos lo que le decimos en el padre nuestro, más papá lo sentimos, y más hermanos nos sentimos entre nosotros, porque si yo digo padre nuestro, y mi hermano dice padre nuestro, y el otro y el otro, todos nos sentiremos hermanos, sin necesidad de pelearnos entre nosotros, sin necesidad de luchar por poderes, o por pisar al otro para ascender, o desear el mal a una persona.

Y con esta oración, le pedimos aquello que más conmueve nuestra vida, porque la oración no puede  estar alejada de nuestra realidad, porque Dios no lo está. Él, sabe bien lo que nos cuesta  conseguir el sustento, lo que nos cuesta estudiar, mejorar nuestra calidad de vida y la vida de los demás.  Él sabe bien lo que nos cuesta vencer las tentaciones, no solo sexuales, sino de poder, de conseguir todo sin esfuerzo, la tentación de figurar sin ser , la tentación de copiar, de ser corrupto, la tentación de dejarnos vencer por la ira el ciertas ocasiones.

Él sabe lo que nos cuesta perdonar y nos pone un parámetro para que nos esforcemos: así como vos, yo lo haré con vos. Es un correctivo, un tutor para que la luchemos todos los días, siempre con su ayuda y su gracia.

Es una comunicación que no presiona, que no impone a Dios condiciones, es una oración que pide que se haga siempre su voluntad, sabiendo que ella, es lo mejor que puede pasarnos en la vida. Y cuando se dice “hágase tu voluntad”, uno siente la tranquilidad que estamos en sus manos y que Él sabe que es lo mejor para nuestra vida. No pensemos que la voluntad de Él, es  que suframos, suframos y suframos.

Así de simple y sencilla, así de expresiva y práctica. Una pequeña dosis de “hijismo” diario, de sentir que es nuestro Papá y nos cuida, que somos hermanos, no somos hijos únicos, y que entre hermanos debemos cuidarnos y ayudarnos.

Padre nuestro, padre querido y fiel, padre bueno, queremos ser más hermanos entre nosotros. Dános la gracia para luchar, para serte fiel, para poder llamarte padre, para poder mirarte a los ojos   con el corazón limpio y la conciencia tranquila.
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