sábado, 11 de febrero de 2012

Marcos 8,1-10.


En esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: 
"Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer.
Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos".
Los discípulos le preguntaron: "¿Cómo se podría conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?".
El les dijo: "¿Cuántos panes tienen ustedes?". Ellos respondieron: "Siete".
Entonces él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo, después tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. Ellos los repartieron entre la multitud.
Tenían, además, unos cuantos pescados pequeños, y después de pronunciar la bendición sobre ellos, mandó que también los repartieran.
Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado.
Eran unas cuatro mil personas. Luego Jesús los despidió.
En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta.

Recuerdo en una de  esas crisis inflacionarias, que vivimos como Nación, en un negocio tipo almacén, un señor bastante  gordito, bien peinado, le decía a la dueña del almacén mientras  pasaban imágenes  en una tele del negocio, los saqueos en distintos puntos del país: “el pueblo tiene hambre”…  una frase que con razón o sin ella, me quedó dando vuelta, pues aquel buen hombre, lo decía  como en tercera persona, como que él no era ese pueblo, que el pueblo era más bien el populacho, los otros…

Mafalda, en una de esas tiras maravillosas, decía mirando su mapamundi: el mundo está lleno de problemólogos.... hay pocos solucionólogos…

Jesús , no analiza si esa gente está ahí porque quiere , que tendrían que haber sido más previsores, etc.etc… Jesús busca la solución a un problema que, parece, Él solo notó: la gente hacía tres días que andaba por ahí, y ya no había alimentos de reserva. Al hambre de escuchar su palabra, se había sumado el hambre del cuerpo que necesitaba comer para seguir con fuerzas…
Jesús  pensó en la solución, no tanto en el problema. Y en esa solución contó con la colaboración de sus muchachos, en la distribución del pan y pescado multiplicado, pero antes en el aporte que ellos hicieron de eso poco que llevaban consigo.

Hoy también, “el pueblo tiene hambre”… están como ovejas sin pastor, dirá en otra ocasión.
Hoy también tenemos gente alrededor nuestro,  que tienen  hambre de Dios, del que a veces no se dan cuenta y desfallecen en el camino, porque dejan pasar mucho tiempo sin alimento espiritual. Lo digo en tercera persona, pero podemos ser nosotros mismos.

¿Qué debo aportar para que Jesús lo multiplique en bien de los que me rodean?
 Será mi propia vida. A veces pensamos que es poco lo que podemos hacer para cambiar el mundo, que por lo tanto no vale la pena. Hoy tenemos la respuesta: pongamos ese poco, Jesús lo multiplica.

A veces pensamos que no vale la pena ser buenos entre tanta maldad, hoy tenemos la respuesta: aunque seamos pocos los buenos, aunque nuestra bondad quede como una gota de agua caliente en un mar de agua fría, Él, transforma y multiplica eso poco en muchísima agua caliente.

Aunque pensemos que poner un peso o dos o diez, son poca cosa, si eso que puse me costó, si era lo único que había, Jesús lo multiplica generosamente y aún sobra para hacer lo que haya que hacer…

Si a veces me viene el pensamiento negativo de pensar que hacemos, hacemos, que la gente no acompaña, que estamos solos, que nos quedamos sin fuerzas, que tenemos ganas de bajar los brazos, hoy Jesús nos pide eso que parece poco, y Él, lo multiplicará.


 Nadie agradeció a aquel que aportó el pan y los  pescados, pero si esas personas no hubieran aportado eso  poco, no se podría haber hecho aquel milagro…

Es tiempo de aportar lo poco o mucho que podamos, y es tiempo de ayudar a Jesús a repartir eso que Él mismo multiplica, siendo generosos al servir. Es tiempo de ser parte de la solución y dejar de ser parte del problema.


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