martes, 21 de febrero de 2012

Marcos 9,30-37.


Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, 
porque enseñaba y les decía: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará".
Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.
Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: "¿De qué hablaban en el camino?".
Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: "El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos".
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:
"El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado".

Parecen palabras fuera de toda realidad. Que ¿tenemos que hacernos servidor de todos para ser el más grande?
Recuerdo alguna vez, que un muchacho me decía que para llegar a los puestos de vanguardia en la política, debía comenzar bien desde abajo, pegando carteles de noche con la propaganda de tal o cual candidato, o repartiendo panfletos.  Era como que esa actitud de servicio, tenía su fin, su meta en llegar a ser algo en política y cando se llega a ese “algo”, ya no hace falta más servicio, a disfrutar de lo logrado, cuando en realidad tendría que ser una actitud de servicio permanente para con  aquellos que lo votaron…


Hay muchos ejemplos como éste en la vida personal.  Nos cuesta ver el servicio como una actitud ante la vida. 

Muchas veces  los que tienen el poder, ejercen ese poder con autoridad y no con servicio. Y no solamente en la política: en un cargo docente, en una organización cualquiera, en la Iglesia, en los grupos parroquiales, en casa, en grupos de trabajo, con los hermanos menores, en el trabajo cuando tengo algún puesto con gente a mi cargo…


Esta Palabra de Jesús, viene a confrontar nuestra vida, nuestra actitud ante la vida, con lo que Él hizo (no solamente lo dijo): estar al servicio, ser servidor de todos.



¿Qué hay gente que se abusa de nuestra generosidad? Allá ellos. Lo que importa es cual es nuestra actitud ante la vida. No ya como hechos aislados donde por ahí es más fácil, porque nos llaman, porque somos un grupo de servidores, porque todos nos metimos en una campaña solidaria, sino la actitud ante la vida en lo personal desde que me levanto hasta que me acuesto.



Por la noche, a la hora de la revisar el día, sería bueno preguntarnos: ¿fui servidor hoy? ¿Lo hice por el hecho de servir o por figurar? ¿Lo hice con y por amor o por obligación? ¿Fui servidor con todos o solo con algunos, los de mi familia, los de mi grupo, los de mi condición social, los amigos?  ¿Busqué servir o ser servido ? ¿serví sin que me lo pidan, estando atento a las necesidades de los demás, o serví porque me pidieron que lo haga? 


Cuanto más tengamos esa actitud de servicio, más nos asemejaremos a Jesús, aunque nadie nos nombre, aunque no nos alaben, aunque lo nuestro pase desapercibido.

Dormía y soñaba que la vida era alegría, desperté y vi que la vida era servicio, serví y vi que el servicio era alegría. (Rabindranath Tagore)
El mundo, nos invita a lo contrario, pero ¿con quien nos quedamos? 
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