sábado, 17 de marzo de 2012

DÍA 25 Lucas 18,9-14.


Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: 
"Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano.
El fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas'.
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'.
Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".


¡¿Para que dios va a rezar a Dios? se tomó el trabajo de subir al templo, de dejar lo que estaba haciendo, de dedicar un tiempo a la oración… tanto nadar para morir en la orilla… cuando se presentó delante de Dios, sacó todo su “curriculum” para  agradecer a Dios, lo bueno que era él, lo lindo que era él, lo importante que era él para la naturaleza y el medio ambiente, lo importante que era él, para su familia, lo bueno que era él cuando se compara con los otros, lo misericordioso que era él cuando daba lo que daba, lo santo y místico que era él, por hacer ayuno… ese hombre exterior, fachada, vestimenta, envoltorio, cáscara, no dejó participar al hombre interior, ese que confronta su vida, su belleza, con la belleza , vida, amor, de Dios…



Si. Cuando nos comparamos con los otros, en algunos casos saldremos ganando… no matamos como aquellos, no violamos como algunos, no somos tan corruptos como otros, no robamos como aquellos que entran a casas o violentan coches, ¡no! Somos buenos, cuando nos comparamos con los demás.


Pero en esta parábola, está claro que el punto de comparación, no son los demás, ni sus obras, ni sus limitaciones.. Nuestro punto de referencia debería ser el Señor.

Alguna vez, en un Banco, alguien se quejaba delante de los empleados por como atendían, por el sistema pésimo o porque ese sistema siempre “ se caía”, porque no había cajeros suficientes, porque …etc etc…  entonces un empleado le dijo: ¿se quejan? Vayan a tal Banco van a ver si los atienden mejor… entonces, aquel hombre, lejos de dejarse llevar por la ira y la impotencia que la situación le acarreaba (estoy tratando de describir con  palabras finas), le dijo: y ustedes…¿Por qué se comparan con lo peor y no con lo mejor?

 Ojalá que, delante de Dios,  no nos pase lo de este empleado, que en seguida se comparó y justificó con los errores ajenos, ojalá que no nos pase lo del fariseo , que por tener una buena fachada, por vender una imagen, por creernos buenos y merecedores de toda alabanza, nos  quedemos fuera de la Gracia divina.

Que siempre nuestra actitud sea como la del publicano, que miraba  hacia su interior y comparaba su vida, con el Amor que traspasaba su existencia. Ese es nuestro mojón de referencia. Mirando  la cruz, y en ella, a Jesús  lastimado, sufriente, entregado totalmente por cada uno, no nos queda más que rendirnos , dejarnos atravesar por ese  AMOR , y tratar de aproximarnos a Él.  En ese punto nos sentiremos en gracia, nos sentiremos justificados, y Jesús nos ensalzará, y nos llamará BENDITOS.
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