lunes, 23 de abril de 2012

23 de abril Juan 6,22-29.

Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos. 
Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias.
Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste?".
Jesús les respondió: "Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.
Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello".
Ellos le preguntaron: "¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?".
Jesús les respondió: "La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado".


Un “palito” para todos nosotros también que habitamos este siglo y este lugar.
Aquella gente hizo un gran  movimiento, un gran raid para encontrar a Jesús. Indagaron donde estaba, en qué se fue, quien lo llevó, analizaron el desplazamiento por barca, por tierra, perdieron su tiempo en eso, porque deseaban encontrarlo… ¡al fin lo encontraron!.

Pero grande fue su sorpresa después de semejante  desplazamiento, cuando al encontrarse con Jesús, éste, dándose cuenta de la situación, les dice: me buscan por el pan blanco que les regalé, (como el hijo menor de la parábola que pensó en el pan blanco que comen los jornaleros en la casa del padre) , porque les alimenté el estómago, porque gratuitamente les di de comer, porque lo hice desde mi compasión al ver que habían venido de tal lejos a escuchar mi Palabra y no tenían que comer… pero no vieron en eso,  el signo :quería mostrarles algo  definitivo y que llena la vida, no solo el estómago.

¿Cuántas veces nos acercamos interesadamente a Dios? a veces buscando el milagro, buscando la solución mágica, ya, todo ya, nos hacemos devotos instantáneamente, recurrimos a la Virgen, a todos los santos (sobre todo los más “milagrosos”)… pero muchas veces buscando con interés, y no por amor, no por buscar cambiar la vida, no por ser buenos hijos, no por sentirnos tocados y amados por Jesús y eso nos basta… muchas veces por interés. Y cuando se produce el milagro, nos cuesta ver en eso, el signo, lo que ello representa, el amor sincero y fiel del Señor que me invita a amarle  sin pedirle nada…
 
Y todavía más, porque le dice a aquellos  hombres: esto lo han recibido gratis, pero ustedes trabajen por el alimento que permanece hasta la vida eterna… trabajen, sacrifíquense, luchen,  que todo trabajo, tiene su remuneración, y éste, el trabajar buscando el alimento eterno, tiene como sueldo, la eternidad ni más ni menos, eternidad que comienza en el ahora y que se traduce en felicidad pura, pues viene desde dentro del corazón.

Trabajar es  tarea nuestra. Aquello fue un regalo. Por eso nuestra vida de cristianos es una lucha permanente.
¿Nos sentimos aptos para la lucha?  Como aquellos luchadores en la Palestra, deberemos ungir nuestro cuerpo con la oración, con el sacrificio, e ir tranquilos sabiendo que Dios está con nosotros.
¿Nos ponemos en fila para el trabajo? Se necesita hombres y mujeres firmes, dispuestos a tomar el “pico y la pala”, trabajando desde que sale al sol, hasta el ocaso, dichosos y felices de pertenecer a esta “empresa”, con la mirada puesta en los “objetivos institucionales”, y poniéndose siempre “la camiseta”.

La cuestión que hay que trabajar por conseguir el pan eterno, aunque ello signifique dejar de lado tantas otras actividades que parecen más llamativas y más “lucrativas”. Trabajar, todos los días, porque todos los días en  necesario convertir el corazón al tatita bueno que nos espera.

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