martes, 24 de abril de 2012

24 de abril Juan 6,30-35.


Y volvieron a preguntarle: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? 
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo".
Jesús respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo;
porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo".
Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan".
Jesús les respondió: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.


Pan, un montón de veces PAN. Que el maná era el pan que Moisés les dio a los suyos, que ese pan era  bajado del cielo,  que pan de aquí, que pan de allá… la cuestión que Jesús empieza a hablar de sus locuras de amor, de quedarse para siempre entre nosotros, porque si nos dijera una cosa como esa hoy, lo miraríamos raro como aquellos hombres cuando Él dijo: YO SOY EL PAN DE VIDA.

Y nosotros, que entendemos estas cosas después de la Resurrección del Señor, cuando el Espíritu Santo nos ayudó a comprender, no la vivimos como debiéramos.

Porque creemos en Cristo, porque tenemos crucifijos bonitos, grandes, pequeños, porque en casa tenemos imágenes del Sagrado Corazón, de cuanto Cristo con cruz podamos, pero nuestros sagrarios están solos,  pocos le van a hablar al Jesús vivo, y vivo tal cual  vivió hace dos mil años. Nuestras misas , aunque son numerosas, no reflejan la cantidad de católicos que , decimos, somos en el mundo, porque en nuestras misas, a veces el 30, otras , el 20 o el 10 por ciento de nosotros comulgamos… y eso que decimos creer en que Jesús es el Pan de Vida, y que si vamos a Él, jamás tendremos hambre, y si creemos en Él, jamás tendremos sed…

 A nosotros, los que creemos en Él, nos dice hoy: YO SOY EL PAN DE VIDA…  despierta pues, no estés distraído, deja de buscar vida pequeños “manás” que andan por ahí… ese pan no te quitará el hambre que tenés por ser grande, por trascender, por ser alguien en la vida, por ser feliz…

El pan que yo soy, es alimento para los fuertes, para continuar en la lucha, pero es energía y vitalidad para los más débiles. Por eso la Eucaristía no es un premio a mi fidelidad en la fe. Más bien es vitamina para el débil, energizante para el flojo de fe, vida para los que están casi moribundos, proteínas para todos, es VIDA que se hace mi vida y nos permite decir: No soy Yo quien vive, sino Cristo que vive en mí.

Si entendiéramos esto, comulgaríamos más, entonces estaríamos menos anémicos en la fe, seríamos  más católicos, cristianos  en serio, tendríamos menos dudas de fe, seríamos más simpáticos, nuestro rostro mostraría a Jesús, viviríamos con coherencia lo que creemos .
Ojalá que no despreciemos ese maná definitivo, ese regalo del cielo que se ofrece todos los días y que tenemos al alcance de nuestra mano. 
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