miércoles, 25 de abril de 2012

25 de abril Marcos 16,15-20.


Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. 
El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.
Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas;
podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán".
Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios.
Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.





Hoy, dejamos por un momento la lectura del capítulo 6 de San Juan, para celebrar con toda la Iglesia, la fiesta de san Marcos (y de paso saludar a todos los Marcos cercanos).
El Cardenal Newman, escribió:
“Llevado por Bernabé y Pablo en su primer viaje apostólico, san Marcos les abandonó rápidamente para volver a Jerusalén (Hch. 15,38). A continuación, fue ayudante de san Pedro en Roma (1P 5,13). Es aquí dónde compuso su evangelio, principalmente después de encontrarse con este apóstol. Después, fue enviado por Pedro a Alejandría en Egipto, donde fundó una Iglesia, una de las más estrictas y de las más poderosas de estos tiempos de los principios... El que abandonó la causa del Evangelio frente a los primeros peligros, se mostró más tarde  un servidor muy resuelto y fiel a Dios, y el instrumento de este cambio parece ser que fue san Pedro, que supo restablecer admirablemente a este discípulo tímido y cobarde.
        Se nos da una lección a través de esta historia: por la gracia de Dios, el más débil, puede llegar a ser fuerte. Pues, no hay que poner la confianza en nosotros mismos, ni jamás despreciar a un hermano que da pruebas de debilidad, ni jamás desesperar de nadie, sino llevar su carga  y ayudarle a ir adelante...”

También en San Marcos, resonaron fuertes aquellas palabras de Jesús en el monte de los Olivos, a momentos de la ascensión a los cielos. También él se había sentido llamado a proclamar el evangelio, y los caminos recorridos fueron distintos al camino de los otros, el tiempo transcurrido fue distinto al tiempo de los otros, su conversión fue distinta, el Espíritu santo le llegó en momento oportuno, en el lugar exacto, en el momento justo de su vida. Acudió al llamado de Dios.

La presencia de Jesús allí en esos momentos, hizo que todos miraran al cielo y se unieran más entre ellos, porque sabían que necesitan las manos generosas de todos,  y un solo corazón envalentonado para proclamar el mensaje nuevo a los que los rodeaban.

Este mensaje también nos hace mirar al cielo, y dejar de lado disputas personales, tener un solo corazón, ser testigos de esperanza, con palabras y hechos, ser motivo de unión con palabras oportunas, con silencios que dicen más. Ser mensajeros de buena nueva entre los que nos rodean. Una buena nueva que es nueva en serio, que no solo es buena onda u optimismo que son amigos de los sentimientos, buena nueva de alegría y paz, sobre todo de conciencia, y de alma.

Nos llaman a ser propagandistas de este mensaje que es el mensaje de las bienaventuranzas: felices los de corazón limpio, felices los que trabajan por la paz, felices los que tienen hambre y sed de justicia, felices los que sufren y se esfuerzan, felices los que tienen alma de pobre…
Ojalá que nos dejemos tocar por el fuego del Espíritu Santo, y seamos luz entre los que nos rodean. Ojalá que superemos miedos, o vergüenza, que dejemos de lado la timidez o el temor al ridículo y podamos ser como san Marcos, evangelistas que lleven la Buena Nueva de la gracia de Dios (que es felicidad, esperanza, tranquilidad, sonrisas) a los que estén a nuestro lado, nuestro pequeño mundo (vayan por todo el mundo…) ese que tiene tantos metros cuadrados, como mi casa, mis amigos, mis compañeros, mis alumnos, mis jefes, mis empleados, mi Iglesia.
Fidelidad a Dios, servidor de su causa. Firmes en la fe, seguros del objetivo final.
¡ Vamos: nosotros también hemos sido llamados!
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