martes, 3 de abril de 2012

MARTES SANTO


Jn. 19, 1 
 Pilato, entonces, ordenó que azotaran a Jesús

Después de ser juzgado por la mentira, ser maltratado por aquellos a los que sanó, es azotado, flagelado.

Eran acciones hechas por soldados romanos, sin ningún tipo de piedad, usando látigos de tiras de cuero, terminadas en bolitas de plomo o cualquier metal  junto a pedazos chicos de huesos afilados.Aquellas, lastimaban mucho la piel, producían moretones, que los próximos golpes, abrían. Los huesos, actuaban como anzuelo, y el verdugo, aparte de pegar, arrastraba el látigo para desgarrar aun más.
Eran treinta y nueve latigazos, desde el cuello, hasta las piernas. Lastimaban las orejas, las nalgas,la cara, los ojos, las partes íntimas,  los muslos y pantorrillas. No venían ahí a un ser humano. La saña era moneda corriente y cuánto más golpeaba y lastimaba, más rugía la gente en gritos de aprobación y festejo, aunque más dolor producía en el flagelado y también en los amigos y familiares que estaban detrás de las vallas.

Los flagelados perdían mucha sangre.
Esto causaba cuatro efectos:
  •  El corazón se acelera para tratar de bombear sangre que no existe.
  •  Baja la presión sanguínea lo cual puede producir desmayo o colapso.
  •  Los riñones dejan de producir orina para mantener el volumen restante.
  • La persona comienza a sentirse sedienta porque el cuerpo ansía fluidos para reponer el volumen de sangre perdido.

Es una conmoción llamada hipovulémica.(corazones.org)

En cada latigazo, habrá repetido:” no hay mayor amor que dar la vida por los amigos” ¡que dolor! ¿Cuándo pasará todo esto?

A veces nos quejamos de todo, hasta de pequeñas lastimaduras, de llagas pequeñas, de cortes en la piel… ahí estaba nuestro amigo, con sus músculos hecho jirones, sangrando, perdiendo hasta la última gota, por mí, por vos, por todos.
Muchos de los flagelados, quedaban ahí. No aguantaban más.

Era una escena de dolor. Allá estaba su mamá, llorando de impotencia, sufriendo con su hijo  maltratado por los látigos y por la burla de la gente, ¡cuánto habrá querido meterse para cambiar de protagonísta y sufrir ella los dolores, los desgarrones en la piel!. Nunca se avergonzó de ser la madre del flagelado y por eso habrá recibido burlas que dañaban aún  más su corazón de mamá.

¿Dónde estamos nosotros en esta escena?
 ¿Somos los verdugos, que castigan sin piedad a alguien que no tiene posibilidad de defenderse, cobardemente, por la espalda por temor a enfrentarse a la mirada del agredido, que hablan mal de Jesús que vive al lado, que actúan en las sombras, destruyendo fama de los demás, aprovechando cada ocasión para hacer “leña del árbol caído”? ¿Somos los que actúan cobardemente por la espalda, alentados por el morbo de los demás que alientan a seguir en ese camino? ¿Somos los que no se animan a mirar a los ojos a Jesús, pero no contentos con ello, lo lastimamos en su Iglesia, en sus cristianos? ¿somos los que actuamos de verdugos de los pequeños que no tienen posibilidad de defenderse, produciendo, alentando, induciendo abortos?

¿Somos los que detrás de las vallas, alentaban al verdugo, gritaban en contra de Jesús, se burlaban y reían?,¿ los que incitamos a otros al mal, los que alentamos el pecado de los otros, quizás porque quisiéramos estar en ese lugar y hacer lo mismo?.

¿Somos los que estamos detrás de las vallas, lamentando, sufriendo por Jesús, pero no esbozamos ni un poquito de voluntad para meternos y tratar de que no le sigan pegando , los que desde afuera nos lamentamos, pero no nos comprometemos con el hermano que sufre, con el joven sin ideal, con la niñez sin futuro, que nos cuesta dar nuestro tiempo, nuestras ganas, a dejar de lado nuestra comodidad, para ir en busca del Jesús necesitado que esta sufriendo latigazos de parte de la sociedad que trata de hacerlos sangrar para tenerlos “domesticados”? ¿Somos los que nos quedamos de brazos cruzados habiendo tanto por hacer?  ¡Que ejemplo mayor el de Jesús: morir con los brazos abiertos!

¿somos como los discípulos, que estuvieron en las buenas, cuando había alabanzas, cuando había show, cuando Jesús estaba de “moda”, cuando ser cristiano  trae beneficios, pero que huyen cuando la cosa viene mal, cuando hasta negamos nuestra condición de seguidores suyos, y nos encondemos en medio de la multitud, transando con la mediocridad, siendo uno más del montón, dejando de ser diferentes, de esos que muestran con valentía su ser cristianos , aunque cueste también “flagelaciones” de olvido, incomprensión y abandono de amistades?

¡Cuánto dolor, Jesús, no queremos ser meros espectadores cómodos que ven pasar al hermano flagelado, y quedarnos de brazos cruzados!

Este segundo misterio de dolor, la flagelación del Señor, nos interpela.  Si al terminar esta lectura, rezas un Ave María estaremos haciendo un rosario de unidad que nos dará fuerzas para ayudar a Jesús a cumplir su tarea de redención en el mundo. No nos quedemos de brazos cruzados.

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