viernes, 4 de mayo de 2012

4 de mayo Juan 14,1-6.


"No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. 
En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar.
Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes.
Ya conocen el camino del lugar adonde voy".
Tomás le dijo: "Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?".
Jesús le respondió: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.


Cuando alguien habla con tanto amor de la otra persona, parece que su cara se transforma, su mirada se vuelve cristalina, su voz se quiebra, un manto de dulzura cubre la vida, y el  espectador de esto, se siente medio a un lado, porque se nota una unión tan grande que parecen una misma alma en dos cuerpos distintos, y a veces un solo corazón en dos personas… en el evangelio de ayer, Felipe le decía: muéstranos al Padre…. Hoy Tomás le dice: no sabemos adonde vas…y Jesús responde: el que me ve a mi ve al Padre… yo soy el Camino, la verdad y la vida.

Hoy parece que la invitación es: entrá en el camino, dale, animate, y en el camino vas a encontrás lo que buscás.

Estando en el camino, solo nos bastará dejarnos conducir por las señales que llegan desde el cielo.

Pero además debemos gozar estar en camino.

Cuando decidimos salir de vacaciones o a algún lugar de descanso, o a un destino buscado y deseado, contamos minuto por minuto el tiempo que nos falta para de una vez, estar en camino, en ruta o en avión o en tren. Queremos estar YA en busca del lugar deseado.

Con las cosas del Señor nos pasa lo mismo: sabemos que el destino es el mejor, encontrarnos con Él, ser felices, que sean felices los que me rodean, triunfar humana  y , profesionalmente. Pues bien, quizá lo que debamos hacer, si aún no lo hicimos, es meternos en el camino y gozar del viaje, mirando el horizonte, y también los pozos que hay en el pavimento, mirando las señales y respetándolas, gozar del aire fresco y de una buena música, pensar  mucho, tratar de ir ligero de equipaje para que el viaje sea más equilibrado, contemplar la naturaleza hermosa que descansa mi vista.
También debo saber que si manejo, debo hacer gozar del viaje a los que van conmigo y no hacerles sufrir porque somos arriesgados e irresponsables en los caminos de cornisa.
Y si voy de acompañante, dejaré los auriculares o mi ensimismamiento, para hablar con el que maneja, para ser activo y no tanto pasivo en el viaje compartido.

El camino ya es la felicidad. Si, porque nos liberamos de la urgencia de llegar, porque no importa el tiempo. “Vísteme despacio que estoy apurado”, dicen que Napoleón le decía a su criado que por abotonarle la chaqueta en forma apresurada , lo hacía mal y debía comenzar de nuevo… hoy podríamos decir “ vamos despacio, contempla el camino, gózate en él, que estamos apurados por llegar al cielo y sus consecuencias en la tierra.

En el camino, seguro encontramos la verdad que buscamos hace tanto tiempo, y tendremos Vida.
El final del camino, será aquella mansión donde Jesús preparó para cada uno su cuarto, hermoso, radiante, con la mejor vista que me pueda imaginar, con aire puro y definitivamente feliz y dichoso.
¿Estamos en camino?
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