lunes, 14 de mayo de 2012

Juan 15,9-17.


 Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. 
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.
Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros, como yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.


Es el mandamiento positivo: Amar a los otros como Él nos ha amado… como las bienaventuranzas  que comienzan siempre con felices… no hay un: no robarás… no matarás…no darás falso testimonio… se supone que el amor, por el amor mismo, nos impide hacer ciertas cosas y no quiere decir que se anulan aquella primeras indicaciones al pueblo de Dios. A veces la humanidad ha confundido esto, y en nombre del amor a Dios, mataron, en nombre del amor a Dios, robaron a pueblos enteros, destruyeron ilusiones, se llevaron todo…

Este es el tercer escalón del amor según el Señor.

El primero fue, ama a tu prójimo como a Ti mismo… parece fácil, pero estamos en una sociedad que voltea la autoestima , una sociedad que pretende que vivamos siempre descontento con lo que somos o tenemos y eso aumenta nuestra angustia, y  baja el amor a nosotros mismos. Estamos en una sociedad que agrede psicológicamente, que a veces es peor que la violencia física, y  nos baja la auto consideración a nosotros mismos, o al revés nos eleva tanto, nos estimula tanto el aquí y ahora, que nos hace creer dioses que caminan por la tierra, egoístas, pedantes, y nos sobre valora demasiado… nos obliga a aprender a amarnos a nosotros mismos para salir a amar a los demás en buena forma.

El segundo escalón fue aquel de en el más pequeño de mis hermanos, ahí estoy yo…  que  nos refiere Mt. 25, 31…. Amar a los demás porque en ellos está el Señor, nos ayuda a no excluir a nadie, a no discriminar, a saber que en mamá, papá, hermanos, hijos, vecinos, amigos, y también en los enemigos, está Jesús que pide nuestra sonrisa, nuestro perdón nuestra comprensión, nuestra entrega.

Y e tercer escalón del amor propuesto por el Señor es este: ámense los unos a los otros como yo los he amado…  ¿Cómo nos amó?
 Cada uno podría agregar aquello que sabe y que vivió y vive  en su vida, pero podríamos  decir que su forma de amar se manifestaba en el perdón, en la comprensión de la debilidad humana, en defender a los suyos y defendernos a nosotros. En corregir, a veces en reprender, en entregar la vida , en enseñar , en formar a los suyos, en reír con ellos, en comer juntos, en caminar al lado, en sanar, en curar, en salvar, en abrazar, en tender la mano, en ofrecer hasta los flecos de su ropa para que alguien se sane, en atender sin dormir, en andar ligero de equipaje, en trabajar para que otros descansen , en no darse por aludido con las críticas y burlas de los demás, en amar a los que le hacían el mal, en no tener miedo, en rezar por todos nosotros, en  dejarse flagelar, crucificar, y clavar en cruz por nosotros… ¡Dios! ¡cuánto tenemos que aprender y vivir, para cumplir este sueño de Jesús que nos dice que nos amemos entre nosotros, como Él lo hizo!.

Lo importante será estar en camino, aunque algunas veces  salgamos a la  banquina, o nos desbarranquemos.  La cuestión es volver, y retomar la senda. Puede que el tiempo en banquina sea mucho, pero siempre Jesús, nos da otra oportunidad. Y en el camino acomodemos las cargas para poder cumplir con ese mandato. El mundo necesita que amemos como Él. 
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