jueves, 24 de mayo de 2012

Juan 17,20-26.



No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.
Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno
-yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.
Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste.
Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos".





Unidad, cuarto escalón en ese itinerario del amor: primero fue ama a tu prójimo como a ti mismo… luego aquel de que ama a tu prójimo porque en él estoy yo… siguió con el ámense como yo  los he amado… y termina con esto, aquella última cena: que sean uno como Tu y yo padre somos Uno…  el culmen del amor.

Unidad, amor, que logrará que los demás crean en Él. Estamos en camino, pero falta bastante.

Unidad de los cristianos para que el mundo crea en el mensaje de Cristo:
"Me gusta tu Cristo... No me gustan tus Cristianos. Tus cristianos son tan diferentes a tu Cristo"  decía el Mahatma Gandhi. Es que estamos en una torre de Babel tan alta como cristianos, que parece cada vez nos alejamos más. Incluso a veces dejamos solos a unos y otros en las luchas tan  fundamentales como lo son las leyes a favor del aborto, y el mundo se aprovecha de ello creando confusión y división.





Nos falta unidad en nuestros matrimonios, para que el mundo crea que es posible vivir en él y ser feliz, nos falta testimonio de vivir felices en la unidad del matrimonio, con la mujer o el hombre elegido y amado, para que nuestros jóvenes emprendan su vida de familia, seguros de que el amor es para siempre, que lo mejor que puede pasar en sus vidas es el matrimonio, que  la unidad logra grandes cosas, que esa alianza en el dedo anular es la mayor garantía que somos dos que vamos de la mano, seguros de nosotros mismos, hacia un proyecto común.

Nos falta unidad entre sacerdotes y laicos, seríamos mucho más eficaces  haciendo cada uno lo que le corresponde pero ayudándonos entre nosotros… nos falta unidad en rezar cada uno por el otro, deseando el crecimiento de las vocaciones sacerdotales, pero también rezando por la concientización, y fortaleza de la vocación matrimonial.

Nos falta unidad en la misma Iglesia, pues muchas veces cada uno tira para su lado, cree que su carisma es el mejor, que las ideas propias son las más necesarias, que la mentalidad de mi Movimiento es la única necesaria para el estado actual de cosas…

Nos falta unidad entre nosotros, los cristianos. Seríamos mucho más que dos como dice la canción, si uniéramos nuestras fuerzas, con el que va a mi lado, si nuestra lucha, fuera una lucha ligada, si cuando voy a hablar de Cristo en algún lugar, hay otro que reza por mi y viceversa, si mostráramos al mundo ese rostro de unidad, tan necesario en un mundo tan individualista.

¿Podrá el mundo creer si no nos unimos? Dios escribe derecho en renglones torcidos, nos dicen… pero hoy Jesús  nos pide o más bien pide a su Papá que nos mantenga unidos para que el mundo crea. Ojalá que, de nuestra parte, pongamos todo lo que esté a nuestro alcance para lograr la unidad.

María, como buena madre, une , hace que uno hable y piense bien del otro, nunca siembra divisiones. Ella es nuestro Auxilio para lograr la unidad, en nuestro matrimonio, en nuestra familia, entre nosotros, los hermanos de su hijo Jesús. Que también hoy dirijamos nuestra mirada hacia esa bella señora que nos ayuda también, en la unidad.

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