viernes, 8 de junio de 2012

Marcos 12,35-37.


Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: "¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? 
El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.
Si el mismo David lo llama 'Señor', ¿Cómo puede ser hijo suyo?". La multitud escuchaba a Jesús con agrado.


Los escribas,  intuían, que Jesús era el mesías esperado. Y tratan de que su fama pase por ser solo hijo de David, que lo era. No mentían en eso, pero lo dejaban ahí nomás. No querían afirmar que Jesús, aparte de hijo de David, descendiente de él, era también el Señor , el esperado.

A nosotros nos puede ocurrir lo mismo. Podemos dejar relegado al título grande de profeta a Jesús, como alguien que vivió hace muchos años, pasó por la tierra, partió el tiempo en dos, y nada más, entonces pierde su Realeza  para nosotros, deja de ser Dios de vivos, pasa a ser un gran hombre que vivió en esta tierra , solo eso. 
Deja de ser el Dios que está vivo hoy y siempre, que camina nuestros días y nuestra historia junto a nosotros.
 La Palabra de Dios, pasa  a ser un compilado de buenas frases para ocasiones especiales, pero no algo que cuestiona hasta el fondo de mi corazón.

 La cruz pasa a ser un adorno, o algo de moda, un amuleto quizás, y deja de ser nuestra insignia, nuestro signo de cristiano, nuestra identificación como luchadores por la verdad, por reinstalar el Amor en el mundo, por ser mejores cada día.
Jesús pasa a ser sólo el “flaco”, el “barba”, solo el compinche, y no el amigo que  confronta mi vida con la suya y obliga a ser mejores en todo.

Ojalá que nosotros, podamos sentir  la presencia de Dios, y también de amigo.
 De Señor, pero un Señor atento a nuestras necesidades.
De Padre bueno, pero de Padre, no de abuelo que satisface los gustos de sus nietitos.
De Hermano, pero no de compinche que todo lo cubre, que todo lo justifica.
De Amor, pero no del amor con minúsculas, ese que los hombres nos encargamos de instalar en nuestro metro cuadrado, que crea división, egoísmo, odios.



Jesús es el Señor, Jesús es mi Señor, te amo Jesús… quizás sea una buena letanía para repetir hasta el cansancio en el día de hoy.
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