miércoles, 27 de junio de 2012

Mateo 7,15-20.


Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 
Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?
Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos.
Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo, producir frutos buenos.
Al árbol que no produce frutos buenos se lo corta y se lo arroja al fuego.
Por sus frutos, entonces, ustedes los reconocerán.


Uf.  ¡Cuántos profetas hay,  que nos están llevando al precipicio, y que aún más, estando ahí, nos siguen diciendo: vamos, sigue adelante, da un paso más!

Son los que producen hasta enfermedades del cuerpo y de la psiquis,  adicciones o vicios de los cuales son difíciles de volver. Son los que trazan puentes para que pasemos y una vez que lo hicimos, lo rompen para que no podamos volver.

Profetas de la muerte, que hablan de abortar un ser humano, como sacarse de encima una enfermedad, o una molestia, o un tumor.
Profetas de la desesperanza, cuando nos pintan un futuro que termina en el minuto que viene, que les dicen a nuestros jóvenes: disfruta hoy que mañana no existe.

Profetas de la figura estética, que llevan a nuestros jóvenes a la anorexia, a la bulimia, a la vigorexia .

Profetas del libertinaje sexual, que llevan a una vida sin compromiso, que raya lo animal, lo instintivo, que aleja del verdadero sentido del amor humano.

Profetas del odio,  de la venganza, de la violencia, de la ley del más fuerte.

Profetas de la discordia, poniendo división entre blancos y negros, entre ricos y pobres, entre oficialistas y oposición, donde reina la confusión y el desorden.

Profetas de la infidelidad que dicen que no se puede ser fiel en este mundo, que no se puede amar para siempre.

Profetas de la mezquindad, de la fama, del confort, que priorizan desarrollo profesional, crecimiento económico, disfrute permanente, antes que tener hijos y formar una familia. Que prefieren tener animales que hijos.

Profetas de la muerte que venden,  que regalan con tal de entrar, drogas a nuestros chicos y jóvenes, que les destruyen los sueños, propios y de sus familias.

Profetas de la vida fácil, que dicen que todo se consigue sin esfuerzo, sin dedicación.

Profetas del sin sentido de la vida, que promueven veladamente el suicidio…

Profetas del relativismo, que dicen que todo está bien, que no hay mal en el mundo, que da lo mismo “un burro que un gran profesor”, que no hay moral, que todo está permitido, que todo se puede hacer, sin límites.

Profetas que comercian con la desesperación de la gente, que prometen curas milagrosas, sanaciones, "limpieza", a cambio, por supuesto, de dinero.




Ojalá que siempre estemos atentos. Que, podamos reconocer a esos falsos profetas que generalmente se visten de ovejas, de buenas personas, de amabilidad, que, a veces actúan en momentos de vulnerabilidad en nuestra vida, que hacen tambalear nuestros criterios, nuestra fe, nuestra escala de valores.

Solo basta ver los frutos, a donde nos llevan, a donde guían a nuestros chicos.
Ojalá que,  nosotros podamos ser llamados profetas de la verdad, del amor, de la luz, de la esperanza, de la confianza en Dios, profetas de un futuro posible y mejor, de un mundo en paz.

Y si bien , es difícil vivir en una constante denuncia de estos profetas que destruyen nuestras familias, nuestras relaciones , nuestros valores, que podamos hoy, elevar una oración al buen Dios, para  que , como decimos en el Padre Nuestro, NOS LIBRE DEL MAL.


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