sábado, 21 de julio de 2012

Mateo 12,14-21.


En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él.
Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos.
Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer,
para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:
Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones.
No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas.
No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia;
y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre.



En silencio.


Así nació en un portal simple y sencillo, en medio del silencio de la noche, sin estridencias, sin medios de comunicación que multiplicaran la noticia, con la ayuda de pastores la buena nueva corrió de boca en boca, de pueblo en pueblo.


Así vivió esos treinta años, al abrigo del hogar de papá y mamá, trabajando , estudiando, formándose, conociendo los secretos de la vida, viviendo como un ser humano común, sufriendo enfermedades de todos los habitantes normales, con resfríos, tos, gripe, con dolores de músculos por el esfuerzo mal hecho….en silencio. Nada decía de aquel muchacho fornido y bueno que ponía sus ojos en la madera, y la transformaba en algo útil para sus paisanos.


Así caminó las calles de su pueblo, predicando y sanando,  amando a sus hermanos,, compadeciéndose de todos, transformando desde el tú a tú a hombres y mujeres que se acercaban pidiendo un a ayuda, un consuelo.


Así los juzgaron, sin responder a ninguna humillación, ni contestar agravios, sin quejarse, sin abandonar, sin borrarse. En silencio, hasta que haga triunfar la justicia, hasta que la Palabra de Dios, llegue hasta el último rincón de la tierra, de su tierra amada.










A nosotros seguidores de Cristo,  nos queda seguir sus huellas… en silencio, sin estridencias, ni show, transformar desde dentro nuestra realidad. Que nuestra presencia en medio del mundo sea sinónimo de cambio, de esperanza, de buena onda. Que desde dentro transformemos  cada ambiente a humano y de humano a divino. Que desde dentro, seamos testimonio del “si se puede”, soñar, y vivir un  nuevo orden, una nueva vida, en Cristo. Que en silencio le digamos a todos: Cristo está vivo y a Él,  seguimos, escuchamos, y testimoniamos. No importa que sea a uno, a dos , a miles... lo importante es que podamos transformar el corazón de los que nos rodean.


Hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece en silencio…


Que seamos todos testimonios del Amor de Jesús, y que en ese silencio transformemos desde dentro, cada uno de nuestros pequeños mundos que sin dudarlo, necesitan esperanza, paz, amor. Es urgente. Muchos necesitan ese mensaje, antes que sea tarde.

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