viernes, 10 de agosto de 2012

Juan 12,24-26.

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. 
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.



Hoy la Iglesia nos invita a celebrar a San Lorenzo, alguien que se la jugó por el Señor y lo testimonió hasta dar la vida siendo mártir.
Por eso, así como Jesús un día  dio su vida por la multitud, y nos dio el ejemplo del grano de trigo, hubieron muchos a lo largo de la historia que dejaron su vida por Cristo y regaron con su sangre la Iglesia y a nosotros mismos.

El otro día , vi una linda mesa del living de una casa. Bajo del vidrio central tenía una especie de caja  chatita de unos cinco centímetros, cerrada por abajo por supuesto, y por arriba el cierre era el mismo vidrio. Esta cajita que ocupaba gran parte de la superficie, estaba separada en varios compartimentos, y cada uno de ellos, tenía: ¡semillas! De distinto tipo, tamaño y color.

Granos que podrían haber servido para una buena comida, estaban ahí. Granos que pudieran haber producido un montón de plantas que a su vez darían otros frutos, estaban ahí… no será cuestión de criticar a las pobres semillas, tampoco al diseñador, porque, la verdad, quedaban bastante lindas y adornaban muy bien el lugar… pero si esas semillas pudieran hablar, a lo mejor pedirían ser lo que son: semillas, que destruidas por la humedad, por la tierra, darán vida y vida en abundancia.

También a nosotros nos puede pasar: ser adornos, lindos, bellos, ser un número más, o ser semilla que está dispuesta a morir para dar vida. Y entendiendo esto de morir, no necesariamente como san Lorenzo… morir todos los días a aquello que no nos deja vivir una vida de servicio, morir a la comodidad, morir al la falta de voluntad, morir al desgano, morir a la desesperanza, morir a la falta de sacrificio etc. etc.

Estos días , mirando los juegos olímpicos, veía ese punto final para el atleta, los 9.64 segundos para los cien metros, o los 19 y un poco más para los 200 metros, y después la televisión  muestra la premiación de los atletas, contentos, felices, orgullosos… pero por supuesto que no nos muestran los cuatro o más años de sacrificio, de preparación , de comer solo lo permitido y necesario sabiendo que una noche de comida de más significa perder lo obtenido, de dormir lo correcto, de no salir con amigos, de sentirse muchas veces solo, de dejar cosas que le hacen mal al físico, del entrenamiento rudo, difícil , de madrugada, de noche, escalando montañas, preparando el físico …eso por supuesto no se muestra, ese morir para triunfar, y parece que llegar al triunfo es fácil…

Por eso, y aunque ser atleta olímpico no sea nuestro caso, también es un ejemplo de lo que debemos dejar para triunfar, lo que debemos estar dispuestos, como la semilla, a morir para crecer.
 Todos somos esa semilla. Ojalá que nos decidamos a morir para dar vida a otros, para triunfar, para ser lo que debemos ser. Cada uno sabe a lo que debe morir. Cada uno sabe lo que debe dejar.




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