viernes, 24 de agosto de 2012

Juan 1,45-51. San Bartolomé.



Felipe encontró a Natanael y le dijo: "Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret".
Natanael le preguntó: "¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?". "Ven y verás", le dijo Felipe.
Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: "Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez".
"¿De dónde me conoces?", le preguntó Natanael. Jesús le respondió: "Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera".
Natanael le respondió: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel".
Jesús continuó: "Porque te dije: 'Te vi debajo de la higuera', crees . Verás cosas más grandes todavía".
Y agregó: "Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".

Hoy, la Iglesia celebra a san Bartolomé, (hijo de Tolomé). Quizás, fue testigo directo del milagro en las bodas de Canaa, pues él venía de ahí.  Era, parece, un maestro de la Ley, pues, éstos enseñaban  bajo un árbol frondoso como una higuera.

Jesús, lo reconoce, pues lo conoce desde siempre. Sabe lo que piensa, lo que es, lo que siente. Sabe lo que enseña y ve su corazón. No es de esos Maestros de la ley, que dicen y no cumplen, que hablan una cosa y hacen otra. Jesús, lo quiere en su equipo.



En este tiempo donde  tantos jóvenes, niños y adultos también, siguen a ídolos  que no saben quienes son sus seguidores, que pueden decir tan sueltos de cuerpos: ¡ los amo!, desde un escenario que tiene una cortina de luz que impide ver al que está incluso en primera fila… en estos tiempos donde  nuestra auto estima está sostenida por lo exterior, por el “que bien se te ve”, por el auto que compramos, por el celular de alta gama que llevamos, por la ropa de marca que calza justo, por el perfume  conquistador, en este tiempo tenemos que , por lo menos, saber, que hay alguien que se ofrece como ídolo, que nos conoce que sabe de nuestros sentimientos, sabe de nuestras luchas, sabe de nuestros esfuerzos, que no nos pide ni siquiera que saquemos un boleto para entrar, que gastemos dinero en una entrada, que nos dice cosas al oído como por ejemplo: te amo, te necesito, sos lo máximo, por vos di mi vida, tu vida vale la pena ,para eso vine, eres un don preciado y único, no hay nadie como vos… y que aparte de decirnos ¡te amo!, nos lo demostró dejándose colgar en una cruz, pensando en cada uno de nosotros, y repitiendo una y otra vez : ustedes son mis amigos, ya no les llamo siervos, sino amigos, son mis amigos, son mis amigos, son mis amigos, perdónalos Padre, porque no saben lo que hacen… Es Jesús, nuestro ídolo.

A aquel muchacho bueno, Maestro de la Ley, le faltaba algo. Felipe le dijo: Ven y verás… eso que no se puede transmitir con las palabras, es lo que uno debe vivir con la experiencia. También hoy se nos repite a nosotros: ven y verás, necesitamos la experiencia de encontrarnos cara a cara con Jesús. y cuando hemos visto , es difícil volver atrás, porque esa mirada, la misma que convenció a Bartolomé, nos convence y nos quedamos en ella. Es la mirada profunda y tierna de Jesús.



Ven y verás… solo basta eso. San Bartolomé, nos ayuda en el encuentro. Nos ayuda a ir al encuentro, sin miedo y sin prejuicios. Tanto él, como nosotros, nos convencimos después de venir y ver. Vale la pena
Publicar un comentario