jueves, 30 de agosto de 2012

Mateo 13, 44-46


En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

Hoy, en nuestros países, celebramos a San Rosa de Lima, patrona de América latina.
El Papa Inocencio IX dijo: "Probablemente no ha habido en América un misionero que con sus predicaciones haya logrado más conversiones que las que Rosa de Lima obtuvo con su oración y sus mortificaciones".
 
Mujer sencilla, dedicada a la oración y la meditación. Hizo de la penitencia, un arma de salvación para muchos, doblegando su orgullo, su amor propio, realizando permanentes mortificaciones de alimentos y bebidas, también de comodidad mínima (por ejemplo de disponer de un simple y sencillo colchón y almohada, pues dormía sobre tablas duras) para poder imitar más a Jesús. Cuando llegaba la tentación de “largar” todo, miraba al crucifijo, y el rostro y cuerpo sufriente de Jesús, le ayudaba a seguir.
Dicen que su entierro a los 31 años, en 1617, fue algo increíble. Cuadras y cuadras de gente que lograron posponer el día dispuesto pues todos querían llegarse hasta el cuerpo de aquella mujer sencilla, que con su oración, con su vida, había acercado a muchos hasta Jesús.

Probablemente ,  habrá leído y meditado una y otra vez esta cita del Evangelio. Quizás, no nos surja imitar a Santa Rosa de Lima, en lo extremo de su entrega al Señor, en lo increíble de su vida. Pero ojalá que por el impulso de santas y santos como ella, nos animemos todos los días de nuestra vida a vender lo que tenemos con tal de comprar ese campo donde esta el tesoro escondido y apreciado que es la vida de Gracia, la vida al lado de Él, del Maestro de vida, del Doctor de nuestra Alma, al Amigo Jesús.

Vale la pena. Si, vale la pena dejar de lado ciertas actitudes con tal de encontrar ese tesoro.
Vale la pena vender nuestro orgullo, nuestra soberbia, para acercarnos al tesoro que es el corazón bueno, generoso y amable de Jesús.

Vale la pena, dejar en la arena nuestra barca y buscar junto a Él, otro mar.
Vale la pena dejar en sus manos nuestra vida, no como una actitud conformista y simple de “tirarnos a chantas”, sin estudiar, ni progresar, ni trabajar, sino como quien le pide a Dios que sea el rey de su vida, como quien pone a Dios en el centro de gravedad de sus decisiones, sueños, proyectos, elecciones.

Vale la pena dejarlo conducir nuestra bicicleta de a dos , pues nos lleva por caminos insospechados llenos de aventura y emoción, porque nos conduce su Espíritu Santo que sopla hacia donde quiere y necesita.
Vale la pena jugarse por su Reino. Vendiendo a veces cosas, que son de nuestro agrado, pero sabiendo que nos encontraremos con un tesoro muchísimo mejor, con mucha más vida, con vida eterna, con diversión permanente, distinta de aquella de la que hacemos culto muchas veces y que nos dejan más angustiados que con bienestar.

Vale la pena. Será difícil vender, será difícil dejar, será difícil convertir nuestra vida, pero EL TESORO VALE LA PENA.

El ejemplo de Santa Rosa de Lima, nos ayuda a entender esto. Pero también  basta mirar la vida de muchísimos jóvenes y adultos que han encontrado ese tesoro. Sus vidas son testimonio viviente de que vale la pena, de que es posible, que no hay nada imposible, que siempre se puede intentar, que cualquiera sea el estado, cualquiera sea la situación por la que uno atraviesa, siempre el tesoro nos espera. Sabemos donde está, sabemos “cual es el campo”. Solo basta tomar la decisión y poner la “rueda en movimiento”… Jesús, María, los santos nos ayudarán a encaminarnos a la “compra” del campo donde está el bendito tesoro.
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