sábado, 11 de agosto de 2012

Mateo 17,14-20.


Cuando se reunieron con la multitud, se le acercó un hombre y, cayendo de rodillas, 
le dijo: "Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua.
Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar".
Jesús respondió: "¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí".
Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado.
Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: "¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?".
"Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: 'Trasládate de aquí a allá', y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes".

Pasa el tiempo, pasan las generaciones, avanza la ciencia, la medicina, avanza la electrónica… un diagnóstico lo puede hacer un scanner que “barre” mi cuerpo y me presenta al milímetro el problema. Quizás todavía falten pequeños pasos para poder curar todo lo que el pronóstico nos avisa.
Usamos tecnología para comunicarnos, hasta el celular para calcular, estamos perdiendo intuición para algunas cosas, y nos cuesta calcular mentalmente hasta lo más pequeño.
Cuánto más creemos en los medios humanos, de la ciencia y la técnica, menos vamos creyendo en Dios, menos confiando en su providencia. No es que la ciencia y la religión estén enemistadas, como siempre nos quieren hacer creer: si eres religioso o espiritual, no podes ser científico y viceversa.
Simplemente que nos vamos alejando de Dios, fuente de toda razón y justicia. Fuente de salud y vida.
Entonces, puede ser que nuestra fe, empiece a perder vigor y cada vez nos cueste más decir a la montaña “trasládate de aquí a allá”, y lo posible,  es lo que la ciencia, la medicina, lo palpable, nos dice que se puede.

¿Dónde está nuestra culpa?.  

Quizás sea un día para pensar donde estoy parado con mi fe. ¿Cuánta fe tengo? ¿Será que el reproche de Jesús es también para nosotros? ¿Será que cada vez tenemos más cosas imposibles o barreras que nos ponemos y que no queremos superar?

No hay imposibles sino incapaces. Si todos tuviéramos más fe,  el mundo sería un poco mejor. Si tuviéramos más fe, seríamos canales más eficaces del amor de Dios entre nuestros hermanos, Dios mostraría su poder, su amor, su deseo de que todos sean sanos…

Un buen día para decir: ¡ Creo Señor, pero aumenta mi fe!
Publicar un comentario